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“El presidente Álvaro Uribe tiene liderazgo y lo menos que
uno puede es reconocerle su coherencia con su programa. Lo
malo de él es que cumple lo que dice”.
Más sarcástico que de costumbre y con su estilo crítico
frente al nuevo Gobierno, el ex candidato presidencial Luis
Eduardo Garzón, líder del Polo Democrático, refirió a El
Espectador su percepción sobre lo que le espera al país en
2003, año que a su juicio girará en torno al referendo y el
acuerdo humanitario para la liberación de los
secuestrados.
Contradictor de las reformas económicas y la seguridad
democrática, Garzón le dijo a la guerrilla que el mundo no
está para insurrecciones y que el pulso ahora será entre la
profundización o no de la guerra.
Propuso la creación de un grupo especial de Naciones Unidas
para los DD.HH. en Colombia y de una comisión que estudie el
acuerdo humanitario, similar a la que revisa la viabilidad de
un proceso con las Auc.
Para Garzón, el Polo Democrático está condenado a seguir
unido, el único acuerdo humanitario hecho por Uribe fue salvar
al Partido Conservador y Horacio Serpa, al ingresar al
Gobierno, demostró que “tiene más corriente un aljibe”.
P. Usted critica a Uribe, pero él sigue aumentando su
popularidad.
R. Desafortunadamente Uribe está cumpliendo. Eso es bueno
porque le da credibilidad a la política, pero es malo porque
muchos no perciben cómo es su agenda. Todo el mundo mira un
eclipse e imagina a qué hora agarrarán al Mono Jojoy. Pero
detrás hay un esquema de 100 puntos que buscan reducir el
problema de las drogas, mayor tributación de la clase media,
congelación de salarios y un esquema de confrontación que
conduce a una guerra civil.
P. ¿Por qué no le gusta la seguridad democrática?
R. La seguridad es un tema de primer orden que busca
legitimar al Estado para confrontar a la guerrilla. El
discurso no es de negociación política sino de confrontación.
O lo rindo, o lo rindo. En ese sentido ignora factores
económicos, sociales, la oposición y los derechos humanos.
Uribe se quedó en lo autoritario.
P. Pero el Gobierno dice que ha mejorado la
seguridad...
R. No lo creo. Uribe expresa una lógica ‘alka seltzer’:
Mucha efervescencia y poca consistencia. No se han visto los
resultados. Le ha ido bien a Uribe, no al país.
P. ¿Y los resultados desde el punto de vista militar?
R. Veo más víctimas de lado y lado. Con el unanimismo que
vive el país, nadie tiene capacidad de denuncia. En el plano
militar hay dos lógicas: las Farc están derrotadas o están
replegadas. No sé cuál sea la real en estos momentos, pero en
el fondo hay una confrontación intensa. ¿Cuántos muertos hubo
desde el 7 de agosto? Estoy seguro de que son más que en la
era Pastrana.
P. Pero el ministro Londoño dice que (a los guerrilleros)
“los tenemos corriendo”.
R. Es posible. Pero hay hechos que muestran una
descomposición de la guerra. La guerrilla tiene menos desgaste
económico y pérdidas de contingentes, pero más terror.
Recuerdo que de niños todos jugábamos a la “lleva”, y el poder
lo tenía el que no se dejaba coger. No soy analista de la
guerra, pero se está jugando a crear angustia en la población.
A corto plazo pedirán más autoritarismo y fuerza, pero esa
lógica se agotará a mediano plazo.
P. ¿Y en el largo plazo qué pasará con Colombia?
R. Si le va bien, Uribe planteará su reelección. Si su
esquema no triunfa, nos encontraremos en una negociación
política. El pulso de 2003 es de desenlaces: de profundización
de la guerra o de un pare. De la negociación política no me
bajará nadie, pese a todas las locuras que hay. Escenarios
como el de hoy los vi tras los diálogos de Caracas y Tlaxcala,
con 350.000 muertos. Ojalá me equivoque y no nos tengamos que
ver en una negociación dentro de un millón de muertos.
P. La guerrilla también está errada.
No creo que el mundo esté para escenarios de insurrección,
sino para acuerdos democráticos concertados en donde quepa
toda la sociedad. El ejemplo de Lula (en Brasil) lo demuestra.
No creo en la rendición ni en la insurrección. La historia
muestra que hay que abrir espacios. Este es un año en que la
gente debe decidir qué pasa. Ese es mi compromiso desde la
oposición. Pero incluso la oposición necesita espacios como
una negociación política, no una confrontación con cifras tan
tristes.
P. Pero las cifras dicen, por ejemplo, que bajó el
secuestro.
R. Eso es importante, pero la confrontación no gira sólo
alrededor del secuestro y tiene que ver con temas de derechos
humanos como desplazamiento, masacres, atentados, oposición y
los componentes económicos y sociales, que también son
derechos humanos. Es un error crear la idea de que el que no
está conmigo está contra mí o que el enemigo de mi enemigo es
mi amigo. No me gusta la conmoción interior.
P. ¿Por qué no le gusta?
R. Porque vamos hacia la institucionalización del estado de
sitio. Me sorprende que el Congreso faculte con anterioridad
al Presidente para prorrogar la conmoción. Se está imponiendo
la política del ministro Fernando Londoño: conmoción interior
permanente. Incluso al Defensor del Pueblo, que quiso romper
el unanimismo estatal, lo callaron y al paso que va terminará
en una ONG. A las ONG las callaron y si (José Manuel) Vivanco
viviera en Colombia ya estaría detenido. Necesitamos una
veeduría internacional para vigilar y proteger los derechos
humanos.
P. ¿Cómo sería esa veeduría?
R. Uno no puede dejar que la valoración de los derechos
humanos quede en los organismos del Estado –máxime cuando
están en incondicionalidad absoluta a las políticas del
Presidente–, porque eso lleva a salidas parecidas a las
dictatoriales. Puede pasar lo del obispo de Canterbury, que
terminó sospechoso a pesar de ser leal al rey.
P. ¿Y qué características tendría esa ayuda
internacional?
R. En medio de una confrontación se requieren los órganos
de Naciones Unidas. La ONU es clave, independientemente de que
ayude o no en solución negociada. Pero es importante que el
Gobierno no la invisibilice y que acepte que no tiene la
verdad revelada, porque eso lo puede volver injusto y
arbitrario.
P. ¿Uribe le ha pedido ayuda en algún tema?
R. No. Y no es que yo esté buscando puesto. Nos reunimos
cuando ganó las elecciones. Tocó varios temas, pero nada en
concreto. Le critiqué su sicorrigidez. Le dije que a punta de
pastillas y medicina bioenergética no puede funcionar el país
y que me llame cuando tenga necesidad de distensionarse y
quiera reflexiones con algún sentido del humor. Se quedó
serio.
P. Pero el Presidente ha tenido muchos aciertos...
Uribe tiene liderazgo y después de dos gobiernos sin
liderazgo, lo menos que uno puede es reconocer su coherencia y
consistencia con su programa. Lo malo es que cumple lo que
dice. Su cartilla económica, social, de negociación y de paz
es controvertible y va a ser dolorosa para el país.
P. ¿No está pasando usted de crítico a criticón?
R. Asumo los costos por ser crítico. Algunos amigos ya me
hablan como cuando a uno lo ven con formol incorporado. Aspiro
a que el Gobierno garantice la oposición, a que Colombia la
respete y a que no le demos la razón a la guerrilla cuando
dice que en el país no puede haber oposición democrática. Soy
enemigo de la guerra, venga de donde venga.
P. ¿No se siente con garantías para hacer oposición a
Uribe?
R. Es como el elefante (tan de moda en este país) que se
queda mirando al grillo. Uno puede cantar, volar, crear, y el
elefante no se mueve. Pero lo puede pisar a uno en cualquier
momento y a punta de pisotones quitarle la creatividad.
P. ¿Por qué no quiere la ayuda de la ONU para el proceso
con las Farc, como dice el Gobierno?
R. Yo creo en la ONU trabajando en las dos velocidades.
¿Cómo se explica que Uribe nombre una comisión exploratoria
con los paramilitares como institución y no cree una para el
acuerdo humanitario? ¿Por qué delega ese tema en la ONU o en
particulares? Está bien que no sea para una negociación
política, pero puede hacerlo para el acuerdo humanitario.
P. El Gobierno dice que no admite presiones de la
guerrilla.
R. El Gobierno dice que no mostrará faceta de debilidad,
pero los secuestrados son colombianos y debe haber una
política estatal para discutir el tema. El problema es cómo lo
hace. Si la guerrilla lo presiona, el Estado tiene derecho a
decir sí o no. Pero tiene que haber un espacio de discusión.
Comparto lo que dice el Defensor del Pueblo: no lo definan en
comisiones exploratorias, sino de tú a tú entre el Estado y la
guerrilla.
P. ¿Y qué se puede esperar con el Eln?
R. El Eln dejó una agenda con Pastrana que se puede
retomar: Convención Nacional, zona para hacerla y financiación
de la tregua. El tema de la guerra y la paz no es privado y
aquí no vale la excusa de la confidencialidad. Aspiro a que el
gobierno hable de esos temas de cara al país.
P. Pero, ¿cuáles son los escenarios posibles con ese
grupo?
R. El Eln tiene dos opciones: O negocia, o lo absorben las
Farc. Si negocia, se pueden pensar muchas cosas, como en el
caso de los ‘paras’. ¿Por qué están el ex gerente de la Caja
Agraria y el señor de los cafeteros en la comisión con los
‘paras’? ¿Es que les van a repartir tierras?
P. ¿Qué le preocupa de los contactos con las
autodefensas?
R. Me preocupa con quién se va a negociar, porque aún hay
críticas por narcotráfico, terrorismo y delitos de lesa
humanidad. Dos, para qué se va a negociar, ¿para incorporar
otro contingente a una mayor confrontación o para un escenario
de paz? Tres, qué se va a negociar. Habían dicho que eran
contrainsurgentes y existirían mientras existiera guerrilla.
Cuatro, cuál será su fuente de financiación.
P. ¿El Gobierno debería financiar a las Auc?
R. Financiarlas es una especie de tregua, y más que tregua
lo que intuyo es que el Gobierno las incorporará a la lógica
de guerra de manera institucional y estatal. Las Auc en el
gobierno de Uribe buscarán legitimarse para acabar a la
guerrilla y hacer parte de la institucionalidad en el millón
de amigos, las cooperativas de seguridad o asumiendo el papel
del Estado.
P. ¿Cómo garantizar que esos desmovilizados no
reincidan?
R. Los incorporarán a una lucha contrainsurgente y la
guerra dará empleo en esta etapa. Si bajan los índices de
empleo no será tanto por generación de plazas, sino por la
gente que incorporarán a la guerra. En el millón cabrán unos
12 ó 15 mil paramilitares.
P. ¿A qué juegan las Auc?
R. A negociar los delitos de los que los acusa EU, evitar
el Tribunal de Roma e incorporarse a la vida política en un
proyecto de extrema derecha de mediano plazo, luego de que les
perdonen sus delitos.
P. Ese diálogo será en tres mesas, ¿qué tan fácil será
conciliar las posiciones de las Auc?
R. Quisiera esperar a que haya resultados, pero es lógico
que si hay tres mesas es porque hay tres culturas y tres
lógicas de los paramilitares. Las respuestas están en qué van
a negociar, con quién y para qué.
P. ¿Por qué el Polo Democrático sigue mostrando
fisuras?
R. El Polo es una coalición, no un partido. Es nuevo y está
condenado a andar junto porque en este país o se es uribista,
o se está con la guerrilla o se hace un proyecto alternativo y
democrático, que es lo que buscamos. Con qué criterios, hasta
dónde y cómo, depende de una reunión que haremos en febrero.
Mucha gente se sumará, pero otros se quedarán. Lo importante
es definir una política social, una sobre reforma política y
una contra la guerra, diferenciadas de las de la guerrilla y
Uribe.
P. ¿Qué tipo de oposición harán?
R. Oposición sin adjetivos. Promuevo un proyecto
alternativo de gobierno, no una oposición per se. Quiero dejar
de ser chiquitico y contestatario. Si dicen que se está con
Uribe o contra él, déjenme mi derecho constitucional a ser
antiuribista.
P. ¿Qué impresión le deja el ingreso de Serpa al
Gobierno?
R. Serpa demostró que tiene más corriente un aljibe. Dijo
que no recibiría puestos y terminó en uno. Le dijo al
presidente actual que era el representante de los ‘paras’, del
neoliberalismo y que era un disidente, y terminó subido a ese
bus. Horacio fue coherente con sus apellidos: Serpa Uribe. Y
el Partido Liberal quedó como “Falsa-Faz”, el enemigo de
Batman, quien siempre tiene una cara distinta para acomodarse
a las circunstancias. Allá Horacio. Aún no sé si se fue como
exiliado o como servidor público. Es lamentable cómo termina
su carrera política.
P. ¿Por qué aceptó Serpa la embajada en la OEA?
R. Él tenía dos posibilidades: incorporarse al Partido
Liberal buscando un acuerdo con Uribe, o abrirse del Partido
para hacer su propio proyecto. Y no fue capaz. Él es rehén de
su propia historia y de la burocracia que le ha dado todos los
puestos del mundo. Sólo le faltaba la OEA.
P. ¿Cree que renunció a sus principios?
R. Los principios de Horacio se confunden muchas veces con
sus finales.
P. ¿Y qué pasará con la bancada conservadora?
R. El único acuerdo humanitario que hizo Uribe fue salvar
al Partido Conservador, que tiene en el ministro Fernando
Londoño a su máximo exponente y en Uribe a un Gobierno que
nunca se imaginó tener. Al conservatismo lo salva el ancla que
le puso Uribe. Es un partido con incertidumbres, con dos
candidatos quemados en campaña, con un presidente del Congreso
que no sabe si es uribista, conservador o independiente, y con
una convención a la que no le hacen caso.
P. ¿En qué va a parar el referendo?
R. Habrá un forcejeo enorme. O sacan los seis millones de
votos o no. Eso dependerá mucho de la posición de la Corte
Constitucional, que a su turno está chantajeada: o se da la
pela por la dignidad o se porta bien y evita la reforma a la
justicia (reducir tutela y reducir Corte). Hay temas claves,
como la prórroga de mandato para alcaldes y gobernadores y el
del consumo mínimo, que pondrán a la Corte en un pulso en
relación con sus fallos anteriores. Ese referendo no lo voy a
legitimar, porque no tiene nada que ver con una reforma
política sino con un acuerdo fiscalista y políticas
demagógicas.
P. ¿Hay vicios de inconstitucionalidad en el referendo?
R. Claro. Primero, la prórroga para alcaldes. Cómo voy a
prorrogar el mandato al alcalde de Titiribí, si ni siquiera lo
conozco. Segundo, el tema del consumo mínimo: 500 mil personas
dependen de la morfina y de la marihuana como consecuencia del
dolor. ¿Qué va a pasar con ellos? Tercero, las personerías son
claves para garantizar a la gente sus derechos. ¿Cómo las van
a eliminar? Cuarto, el voto en bloque ni siquiera le da chance
a la gente de elegir como en el bingo “B1” sí, pero “B2”
no.
P. ¿Va a proponer que la gente no vote en los comicios para
referendo?
R. Yo no voy a votar el referendo. No voy a ir a la urna
porque en Colombia el voto no es obligatorio y el derecho a no
votar me lo voy a pelear en esta campaña. No estoy de acuerdo
con ese referendo y no lo voto.
P. ¿Y qué dicen de eso otros voceros del Polo como Antonio
Navarro?
R. Hasta donde yo sé, estamos en sintonía. Pero hay que
preguntarles. Yo respondo por mí.
P. Ese será un tema duro para discutir en febrero.
R. Sí, pero no hay que ponerlo como un tema de ruptura, a
no ser que alguien salga a apoyar el referendo, lo que sería
un distanciamiento en el tema. También respeto a los que lo
votarán pero por el no.
P. ¿Qué tan sólido está uribismo?
R. Depende de cómo les vaya a los congresistas. Hasta ahora
están con Uribe, pero si las elecciones para Congreso son
dentro de año y medio, el uribismo se parecerá a la
promiscuidad: cambiarán de cama sin problemas. En eso la
política de largo plazo es de una hora.
P. ¿Cuál es el mejor ministro de este Gobierno?
R. Siento profundo respeto por la pelea que dio Carlos
Gustavo Cano en el tema de la agricultura, pero terminó con la
autoridad de un alcalde de una ciudad de hierro. No le pararon
bolas.
P. El mejor funcionario
R. María Ángela Holguín ha hecho un trabajo prudente en la
embajada en Venezuela.
P. ¿Y el peor?
R. Por lo que sé, están encartados con la ministra de Medio
Ambiente.
P. ¿El máximo logro de Uribe en seis meses de mandato?
R. Generar confianza y seguridad en su política, incluso en
gente que no votó por él. Por eso mi reflexión es como arar en
el desierto. Estoy haciendo lo que él hizo hace cuatro años.
Oponiéndose a todo, puso el capote en la mitad y esperó que el
toro embistiera a favor de él. Ahora soy yo el que tiene el
capote, esperando que el toro embista, no por el lado de la
guerra, sino de la paz.
P. ¿Qué le ha faltado a Uribe?
R. Ha movido mucho las manos, pero pocos los pies. Todo
está enunciado, pero nada concretado. En seguridad democrática
el resultado es la intensificación de la guerra. En política
económica y social la cartilla es la misma, con mayor
profundización incluso que Pastrana y Samper en relación con
el Fondo Monetario Internacional.
P. ¿Su percepción sobre las relaciones con EU?
R. Nunca había visto tanta intromisión. Colombia no tiene
ni un matiz con Washington. Colin Powell mostró que la
intención es que haya mucho mandatario alrededor de Uribe en
América Latina. Por eso le dan plata y condicionan la guerra a
que se haga como dice el Departamento de Estado. América
Latina se moverá entre lo que haga Lula y lo que diga
Uribe.
P. ¿Qué ganaron y qué perdieron los trabajadores con la
reforma laboral?
R. Una política de segunda generación. Más trabajo con
menos plata. Los que se incorporen al nuevo trabajo lo harán
con el eslogan de que cualquier cosa es cariño: “reciban un
poquito menos, pero reciban”. Y enfrentamos dificultades para
generar empleo decente y en condiciones de competitividad.
P. ¿Y con la tributaria?
R. Hacer una reforma tributaria en estas condiciones es
como sacarle sangre a un anémico. En la medida en que usted
congela salarios, aumenta salarios indirectos, todo el mundo
paga el mismo impuesto sin recibir lo mismo y la economía está
enredada –es la novena reforma tributaria en 10 años–, genera
mayor recesión.
P. Hay gran expectativa por la política de vivienda.
R. Depende. Si es para legalizar la tugurización, no tiene
sentido. Pero viene una buena etapa para la política de
vivienda. Ojalá lo entienda el sector financiero.
P. ¿Lo mejor y lo peor de la reforma laboral?
R. Es funesta porque baja la etapa crítica para la
consecución de empleo (que antes era de 33 años para los
hombres y de 27 para las mujeres), a una unisex a partir de
los 24. Y si no hay reestructuración a fondo de la deuda
vendrán más reformas. Me asusta la aprobación casi clandestina
del endeudamiento por U$16.000 millones.
P. ¿Ha pensado en irse del país?
R. La decisión es quedarme, con las consecuencias que ello
acarree.
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