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Bogotá - Colombia 5 de enero de 2003
Domingo
 

“Soy como Uribe hace cuatro años”

Élber Gutiérrez Roa

“El presidente Álvaro Uribe tiene liderazgo y lo menos que uno puede es reconocerle su coherencia con su programa. Lo malo de él es que cumple lo que dice”.

Más sarcástico que de costumbre y con su estilo crítico frente al nuevo Gobierno, el ex candidato presidencial Luis Eduardo Garzón, líder del Polo Democrático, refirió a El Espectador su percepción sobre lo que le espera al país en 2003, año que a su juicio girará en torno al referendo y el acuerdo humanitario para la liberación de los secuestrados.

Contradictor de las reformas económicas y la seguridad democrática, Garzón le dijo a la guerrilla que el mundo no está para insurrecciones y que el pulso ahora será entre la profundización o no de la guerra.

Propuso la creación de un grupo especial de Naciones Unidas para los DD.HH. en Colombia y de una comisión que estudie el acuerdo humanitario, similar a la que revisa la viabilidad de un proceso con las Auc.

Para Garzón, el Polo Democrático está condenado a seguir unido, el único acuerdo humanitario hecho por Uribe fue salvar al Partido Conservador y Horacio Serpa, al ingresar al Gobierno, demostró que “tiene más corriente un aljibe”.

P. Usted critica a Uribe, pero él sigue aumentando su popularidad.

R. Desafortunadamente Uribe está cumpliendo. Eso es bueno porque le da credibilidad a la política, pero es malo porque muchos no perciben cómo es su agenda. Todo el mundo mira un eclipse e imagina a qué hora agarrarán al Mono Jojoy. Pero detrás hay un esquema de 100 puntos que buscan reducir el problema de las drogas, mayor tributación de la clase media, congelación de salarios y un esquema de confrontación que conduce a una guerra civil.

P. ¿Por qué no le gusta la seguridad democrática?

R. La seguridad es un tema de primer orden que busca legitimar al Estado para confrontar a la guerrilla. El discurso no es de negociación política sino de confrontación. O lo rindo, o lo rindo. En ese sentido ignora factores económicos, sociales, la oposición y los derechos humanos. Uribe se quedó en lo autoritario.

P. Pero el Gobierno dice que ha mejorado la seguridad...

R. No lo creo. Uribe expresa una lógica ‘alka seltzer’: Mucha efervescencia y poca consistencia. No se han visto los resultados. Le ha ido bien a Uribe, no al país.

P. ¿Y los resultados desde el punto de vista militar?

R. Veo más víctimas de lado y lado. Con el unanimismo que vive el país, nadie tiene capacidad de denuncia. En el plano militar hay dos lógicas: las Farc están derrotadas o están replegadas. No sé cuál sea la real en estos momentos, pero en el fondo hay una confrontación intensa. ¿Cuántos muertos hubo desde el 7 de agosto? Estoy seguro de que son más que en la era Pastrana.

P. Pero el ministro Londoño dice que (a los guerrilleros) “los tenemos corriendo”.

R. Es posible. Pero hay hechos que muestran una descomposición de la guerra. La guerrilla tiene menos desgaste económico y pérdidas de contingentes, pero más terror. Recuerdo que de niños todos jugábamos a la “lleva”, y el poder lo tenía el que no se dejaba coger. No soy analista de la guerra, pero se está jugando a crear angustia en la población. A corto plazo pedirán más autoritarismo y fuerza, pero esa lógica se agotará a mediano plazo.

P. ¿Y en el largo plazo qué pasará con Colombia?

R. Si le va bien, Uribe planteará su reelección. Si su esquema no triunfa, nos encontraremos en una negociación política. El pulso de 2003 es de desenlaces: de profundización de la guerra o de un pare. De la negociación política no me bajará nadie, pese a todas las locuras que hay. Escenarios como el de hoy los vi tras los diálogos de Caracas y Tlaxcala, con 350.000 muertos. Ojalá me equivoque y no nos tengamos que ver en una negociación dentro de un millón de muertos.

P. La guerrilla también está errada.

No creo que el mundo esté para escenarios de insurrección, sino para acuerdos democráticos concertados en donde quepa toda la sociedad. El ejemplo de Lula (en Brasil) lo demuestra. No creo en la rendición ni en la insurrección. La historia muestra que hay que abrir espacios. Este es un año en que la gente debe decidir qué pasa. Ese es mi compromiso desde la oposición. Pero incluso la oposición necesita espacios como una negociación política, no una confrontación con cifras tan tristes.

P. Pero las cifras dicen, por ejemplo, que bajó el secuestro.

R. Eso es importante, pero la confrontación no gira sólo alrededor del secuestro y tiene que ver con temas de derechos humanos como desplazamiento, masacres, atentados, oposición y los componentes económicos y sociales, que también son derechos humanos. Es un error crear la idea de que el que no está conmigo está contra mí o que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. No me gusta la conmoción interior.

P. ¿Por qué no le gusta?

R. Porque vamos hacia la institucionalización del estado de sitio. Me sorprende que el Congreso faculte con anterioridad al Presidente para prorrogar la conmoción. Se está imponiendo la política del ministro Fernando Londoño: conmoción interior permanente. Incluso al Defensor del Pueblo, que quiso romper el unanimismo estatal, lo callaron y al paso que va terminará en una ONG. A las ONG las callaron y si (José Manuel) Vivanco viviera en Colombia ya estaría detenido. Necesitamos una veeduría internacional para vigilar y proteger los derechos humanos.

P. ¿Cómo sería esa veeduría?

R. Uno no puede dejar que la valoración de los derechos humanos quede en los organismos del Estado –máxime cuando están en incondicionalidad absoluta a las políticas del Presidente–, porque eso lleva a salidas parecidas a las dictatoriales. Puede pasar lo del obispo de Canterbury, que terminó sospechoso a pesar de ser leal al rey.

P. ¿Y qué características tendría esa ayuda internacional?

R. En medio de una confrontación se requieren los órganos de Naciones Unidas. La ONU es clave, independientemente de que ayude o no en solución negociada. Pero es importante que el Gobierno no la invisibilice y que acepte que no tiene la verdad revelada, porque eso lo puede volver injusto y arbitrario.

P. ¿Uribe le ha pedido ayuda en algún tema?

R. No. Y no es que yo esté buscando puesto. Nos reunimos cuando ganó las elecciones. Tocó varios temas, pero nada en concreto. Le critiqué su sicorrigidez. Le dije que a punta de pastillas y medicina bioenergética no puede funcionar el país y que me llame cuando tenga necesidad de distensionarse y quiera reflexiones con algún sentido del humor. Se quedó serio.

P. Pero el Presidente ha tenido muchos aciertos...

Uribe tiene liderazgo y después de dos gobiernos sin liderazgo, lo menos que uno puede es reconocer su coherencia y consistencia con su programa. Lo malo es que cumple lo que dice. Su cartilla económica, social, de negociación y de paz es controvertible y va a ser dolorosa para el país.

P. ¿No está pasando usted de crítico a criticón?

R. Asumo los costos por ser crítico. Algunos amigos ya me hablan como cuando a uno lo ven con formol incorporado. Aspiro a que el Gobierno garantice la oposición, a que Colombia la respete y a que no le demos la razón a la guerrilla cuando dice que en el país no puede haber oposición democrática. Soy enemigo de la guerra, venga de donde venga.

P. ¿No se siente con garantías para hacer oposición a Uribe?

R. Es como el elefante (tan de moda en este país) que se queda mirando al grillo. Uno puede cantar, volar, crear, y el elefante no se mueve. Pero lo puede pisar a uno en cualquier momento y a punta de pisotones quitarle la creatividad.

P. ¿Por qué no quiere la ayuda de la ONU para el proceso con las Farc, como dice el Gobierno?

R. Yo creo en la ONU trabajando en las dos velocidades. ¿Cómo se explica que Uribe nombre una comisión exploratoria con los paramilitares como institución y no cree una para el acuerdo humanitario? ¿Por qué delega ese tema en la ONU o en particulares? Está bien que no sea para una negociación política, pero puede hacerlo para el acuerdo humanitario.

P. El Gobierno dice que no admite presiones de la guerrilla.

R. El Gobierno dice que no mostrará faceta de debilidad, pero los secuestrados son colombianos y debe haber una política estatal para discutir el tema. El problema es cómo lo hace. Si la guerrilla lo presiona, el Estado tiene derecho a decir sí o no. Pero tiene que haber un espacio de discusión. Comparto lo que dice el Defensor del Pueblo: no lo definan en comisiones exploratorias, sino de tú a tú entre el Estado y la guerrilla.

P. ¿Y qué se puede esperar con el Eln?

R. El Eln dejó una agenda con Pastrana que se puede retomar: Convención Nacional, zona para hacerla y financiación de la tregua. El tema de la guerra y la paz no es privado y aquí no vale la excusa de la confidencialidad. Aspiro a que el gobierno hable de esos temas de cara al país.

P. Pero, ¿cuáles son los escenarios posibles con ese grupo?

R. El Eln tiene dos opciones: O negocia, o lo absorben las Farc. Si negocia, se pueden pensar muchas cosas, como en el caso de los ‘paras’. ¿Por qué están el ex gerente de la Caja Agraria y el señor de los cafeteros en la comisión con los ‘paras’? ¿Es que les van a repartir tierras?

P. ¿Qué le preocupa de los contactos con las autodefensas?

R. Me preocupa con quién se va a negociar, porque aún hay críticas por narcotráfico, terrorismo y delitos de lesa humanidad. Dos, para qué se va a negociar, ¿para incorporar otro contingente a una mayor confrontación o para un escenario de paz? Tres, qué se va a negociar. Habían dicho que eran contrainsurgentes y existirían mientras existiera guerrilla. Cuatro, cuál será su fuente de financiación.

P. ¿El Gobierno debería financiar a las Auc?

R. Financiarlas es una especie de tregua, y más que tregua lo que intuyo es que el Gobierno las incorporará a la lógica de guerra de manera institucional y estatal. Las Auc en el gobierno de Uribe buscarán legitimarse para acabar a la guerrilla y hacer parte de la institucionalidad en el millón de amigos, las cooperativas de seguridad o asumiendo el papel del Estado.

P. ¿Cómo garantizar que esos desmovilizados no reincidan?

R. Los incorporarán a una lucha contrainsurgente y la guerra dará empleo en esta etapa. Si bajan los índices de empleo no será tanto por generación de plazas, sino por la gente que incorporarán a la guerra. En el millón cabrán unos 12 ó 15 mil paramilitares.

P. ¿A qué juegan las Auc?

R. A negociar los delitos de los que los acusa EU, evitar el Tribunal de Roma e incorporarse a la vida política en un proyecto de extrema derecha de mediano plazo, luego de que les perdonen sus delitos.

P. Ese diálogo será en tres mesas, ¿qué tan fácil será conciliar las posiciones de las Auc?

R. Quisiera esperar a que haya resultados, pero es lógico que si hay tres mesas es porque hay tres culturas y tres lógicas de los paramilitares. Las respuestas están en qué van a negociar, con quién y para qué.

P. ¿Por qué el Polo Democrático sigue mostrando fisuras?

R. El Polo es una coalición, no un partido. Es nuevo y está condenado a andar junto porque en este país o se es uribista, o se está con la guerrilla o se hace un proyecto alternativo y democrático, que es lo que buscamos. Con qué criterios, hasta dónde y cómo, depende de una reunión que haremos en febrero. Mucha gente se sumará, pero otros se quedarán. Lo importante es definir una política social, una sobre reforma política y una contra la guerra, diferenciadas de las de la guerrilla y Uribe.

P. ¿Qué tipo de oposición harán?

R. Oposición sin adjetivos. Promuevo un proyecto alternativo de gobierno, no una oposición per se. Quiero dejar de ser chiquitico y contestatario. Si dicen que se está con Uribe o contra él, déjenme mi derecho constitucional a ser antiuribista.

P. ¿Qué impresión le deja el ingreso de Serpa al Gobierno?

R. Serpa demostró que tiene más corriente un aljibe. Dijo que no recibiría puestos y terminó en uno. Le dijo al presidente actual que era el representante de los ‘paras’, del neoliberalismo y que era un disidente, y terminó subido a ese bus. Horacio fue coherente con sus apellidos: Serpa Uribe. Y el Partido Liberal quedó como “Falsa-Faz”, el enemigo de Batman, quien siempre tiene una cara distinta para acomodarse a las circunstancias. Allá Horacio. Aún no sé si se fue como exiliado o como servidor público. Es lamentable cómo termina su carrera política.

P. ¿Por qué aceptó Serpa la embajada en la OEA?

R. Él tenía dos posibilidades: incorporarse al Partido Liberal buscando un acuerdo con Uribe, o abrirse del Partido para hacer su propio proyecto. Y no fue capaz. Él es rehén de su propia historia y de la burocracia que le ha dado todos los puestos del mundo. Sólo le faltaba la OEA.

P. ¿Cree que renunció a sus principios?

R. Los principios de Horacio se confunden muchas veces con sus finales.

P. ¿Y qué pasará con la bancada conservadora?

R. El único acuerdo humanitario que hizo Uribe fue salvar al Partido Conservador, que tiene en el ministro Fernando Londoño a su máximo exponente y en Uribe a un Gobierno que nunca se imaginó tener. Al conservatismo lo salva el ancla que le puso Uribe. Es un partido con incertidumbres, con dos candidatos quemados en campaña, con un presidente del Congreso que no sabe si es uribista, conservador o independiente, y con una convención a la que no le hacen caso.

P. ¿En qué va a parar el referendo?

R. Habrá un forcejeo enorme. O sacan los seis millones de votos o no. Eso dependerá mucho de la posición de la Corte Constitucional, que a su turno está chantajeada: o se da la pela por la dignidad o se porta bien y evita la reforma a la justicia (reducir tutela y reducir Corte). Hay temas claves, como la prórroga de mandato para alcaldes y gobernadores y el del consumo mínimo, que pondrán a la Corte en un pulso en relación con sus fallos anteriores. Ese referendo no lo voy a legitimar, porque no tiene nada que ver con una reforma política sino con un acuerdo fiscalista y políticas demagógicas.

P. ¿Hay vicios de inconstitucionalidad en el referendo?

R. Claro. Primero, la prórroga para alcaldes. Cómo voy a prorrogar el mandato al alcalde de Titiribí, si ni siquiera lo conozco. Segundo, el tema del consumo mínimo: 500 mil personas dependen de la morfina y de la marihuana como consecuencia del dolor. ¿Qué va a pasar con ellos? Tercero, las personerías son claves para garantizar a la gente sus derechos. ¿Cómo las van a eliminar? Cuarto, el voto en bloque ni siquiera le da chance a la gente de elegir como en el bingo “B1” sí, pero “B2” no.

P. ¿Va a proponer que la gente no vote en los comicios para referendo?

R. Yo no voy a votar el referendo. No voy a ir a la urna porque en Colombia el voto no es obligatorio y el derecho a no votar me lo voy a pelear en esta campaña. No estoy de acuerdo con ese referendo y no lo voto.

P. ¿Y qué dicen de eso otros voceros del Polo como Antonio Navarro?

R. Hasta donde yo sé, estamos en sintonía. Pero hay que preguntarles. Yo respondo por mí.

P. Ese será un tema duro para discutir en febrero.

R. Sí, pero no hay que ponerlo como un tema de ruptura, a no ser que alguien salga a apoyar el referendo, lo que sería un distanciamiento en el tema. También respeto a los que lo votarán pero por el no.

P. ¿Qué tan sólido está uribismo?

R. Depende de cómo les vaya a los congresistas. Hasta ahora están con Uribe, pero si las elecciones para Congreso son dentro de año y medio, el uribismo se parecerá a la promiscuidad: cambiarán de cama sin problemas. En eso la política de largo plazo es de una hora.

P. ¿Cuál es el mejor ministro de este Gobierno?

R. Siento profundo respeto por la pelea que dio Carlos Gustavo Cano en el tema de la agricultura, pero terminó con la autoridad de un alcalde de una ciudad de hierro. No le pararon bolas.

P. El mejor funcionario

R. María Ángela Holguín ha hecho un trabajo prudente en la embajada en Venezuela.

P. ¿Y el peor?

R. Por lo que sé, están encartados con la ministra de Medio Ambiente.

P. ¿El máximo logro de Uribe en seis meses de mandato?

R. Generar confianza y seguridad en su política, incluso en gente que no votó por él. Por eso mi reflexión es como arar en el desierto. Estoy haciendo lo que él hizo hace cuatro años. Oponiéndose a todo, puso el capote en la mitad y esperó que el toro embistiera a favor de él. Ahora soy yo el que tiene el capote, esperando que el toro embista, no por el lado de la guerra, sino de la paz.

P. ¿Qué le ha faltado a Uribe?

R. Ha movido mucho las manos, pero pocos los pies. Todo está enunciado, pero nada concretado. En seguridad democrática el resultado es la intensificación de la guerra. En política económica y social la cartilla es la misma, con mayor profundización incluso que Pastrana y Samper en relación con el Fondo Monetario Internacional.

P. ¿Su percepción sobre las relaciones con EU?

R. Nunca había visto tanta intromisión. Colombia no tiene ni un matiz con Washington. Colin Powell mostró que la intención es que haya mucho mandatario alrededor de Uribe en América Latina. Por eso le dan plata y condicionan la guerra a que se haga como dice el Departamento de Estado. América Latina se moverá entre lo que haga Lula y lo que diga Uribe.

P. ¿Qué ganaron y qué perdieron los trabajadores con la reforma laboral?

R. Una política de segunda generación. Más trabajo con menos plata. Los que se incorporen al nuevo trabajo lo harán con el eslogan de que cualquier cosa es cariño: “reciban un poquito menos, pero reciban”. Y enfrentamos dificultades para generar empleo decente y en condiciones de competitividad.

P. ¿Y con la tributaria?

R. Hacer una reforma tributaria en estas condiciones es como sacarle sangre a un anémico. En la medida en que usted congela salarios, aumenta salarios indirectos, todo el mundo paga el mismo impuesto sin recibir lo mismo y la economía está enredada –es la novena reforma tributaria en 10 años–, genera mayor recesión.

P. Hay gran expectativa por la política de vivienda.

R. Depende. Si es para legalizar la tugurización, no tiene sentido. Pero viene una buena etapa para la política de vivienda. Ojalá lo entienda el sector financiero.

P. ¿Lo mejor y lo peor de la reforma laboral?

R. Es funesta porque baja la etapa crítica para la consecución de empleo (que antes era de 33 años para los hombres y de 27 para las mujeres), a una unisex a partir de los 24. Y si no hay reestructuración a fondo de la deuda vendrán más reformas. Me asusta la aprobación casi clandestina del endeudamiento por U$16.000 millones.

P. ¿Ha pensado en irse del país?

R. La decisión es quedarme, con las consecuencias que ello acarree.

 

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