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La aristocracia bogotana se enteró de la existencia
de Arauca por allá a comienzos del siglo pasado, cuando
Humberto Gómez se alzó en armas contra el gobierno
central. Después la región cayó en el silencio. A
finales de los años cuarenta, el gobierno conservador
de Mariano Ospina estuvo negociándola con Venezuela a
cambio de ayuda para derrotar a las guerrillas liberales,
y los liberales de la época trataron de hacer lo mismo
a cambio de armas para Guadalupe Salcedo. Después, otra
vez al cuarto de San Alejo.
Arauca nació para la opinión pública sólo cuando
se descubrieron los yacimientos de Caño Limón. Y desde
ese día en adelante cada barril de petróleo ha costado
mucha sangre. Las guerrillas han fortalecido sus
contingentes con lo que ellas llaman impuesto de guerra,
que a las buenas o a las malas las compañías
petroleras pagan; el Gobierno, fuera de los tributos
ordinarios, cobra impuesto de paz y, además, las compañías
ayudan generosamente a sostener batallones militares que
cuidan sus campos petroleros. La proliferación de
grupos paramilitares ha ido pareja con la extracción,
la voladura del oleoducto, los combates entre el Ejército
y las guerrillas y, por supuesto, con la violación de
los Derechos Humanos.
El reciente informe de Amnistía Internacional es
dramático. Las cifras de asesinatos, desapariciones,
desplazamiento de campesinos, han aumentado drásticamente
desde el año 2002, sobre todo en las regiones donde
mayor es la presencia de la Fuerza Pública: Tame,
Saravena, y Arauquita. La Seguridad Democrática creó
en estos municipios las llamadas zonas de rehabilitación
y consolidación, que la Honorable Corte Constitucional
echó para atrás. No obstante, dice el informe de
Amnistía, los procedimientos prohibidos no han dejado
de utilizarse, contraviniendo no sólo el mandato
constitucional sino desconociendo el Derecho
Internacional Humanitario. Los vínculos entre militares
y paramilitares no se han roto, como lo confirman y
reafirman la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría y
Naciones Unidas. Los fiscales viven en los cuarteles y
suelen actuar ex post facto, legitimando los atropellos.
La Occidental Petroleum, que tanto ha influido en la
orientación y en el desarrollo del Plan Colombia, es
acusada por Amnistía de corresponsabilidad en el
bombardeo a civiles en Santo Domingo y, a través de la
financiación de batallones acusados de connivencia con
el paramilitarismo, de atizar el incendio de Arauca.
De modo que para Amnistía Internacional, la
Seguridad Democrática es una estrategia destinada a que
la gente se meta más y más en la guerra; supuestamente
al lado del Gobierno, pero en la realidad, empujándola
a los extremos. Los “soldados campesinos” y la red
de informantes ponen en la mira de la guerrilla no sólo
a sus miembros, sino a sus familias. A su vez, las
redadas generalizadas cumplen una función clave: señalar
públicamente a defensores de DDHH, periodistas,
sindicalistas, políticos y dirigentes campesinos, para
que los paracos terminen de hacer el trabajo. El
resultado es considerado por AI como una violación
flagrante del principio de distinción entre
combatientes y no combatientes, y por tanto de los
Convenios de Ginebra. Para refrendarla, cita el informe
una frase presidencial: “Nadie puede ser neutral en la
lucha del Estado contra cualquier modalidad criminal”.
Es la polarización forzada de la población civil, es
la militarización del conflicto social, es el estado de
guerra generalizado.
Si, para los araucanos del común, la Seguridad
Democrática ha traído sólo dolor y sangre, para las
compañías petroleras ha reportado grandes beneficios:
la Occidental Petroleum acaba de ser beneficiada con la
prórroga del contrato de explotación hasta 2008. Una
de las razones de la huelga que acaba de declarar la USO
es la protesta contra la prolongación de los
privilegios a la OXY, cuando justamente la reversión
podría contribuir a fortalecer a Ecopetrol, ahora que
comienza a extinguirse la autosuficiencia petrolera. ¿Cuántos
muertos colombianos costará la nueva y vergonzosa
concesión a los intereses petroleros de la OXY, de la
cual, se dice, mister Chenney, vicepresidente de EEUU,
es socio?
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