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La desigualdad entre ricos y pobres en Colombia dejó de
ser preocupante. Ahora es aterradora. Detrás de los festejos
porque la economía está creciendo por encima del 3,5% anual
se encuentra el drama de los más de 500.000 jefes de hogar
que aún llevan más de un año sin conseguir trabajo y de los
20 millones de personas que viven en la pobreza y el rebusque.
Mientras en las áreas más favorecidas de las grandes
ciudades del país los habitantes han consumido un mayor número
de vehículos, electrodomésticos y computadoras que hace un año,
en las zonas periféricas hay millones de personas que han
tenido que dejar de comer y los grandes supermercados venden
menos alimentos.
En el comercio las ventas de carros aumentaron en 21% este
año y las de alimentos y bebidas cayeron 6%.
El Espectador encontró en la Encuesta de Calidad de Vida
que acaba de realizar el DANE que el desequilibrio en la
repartición de la riqueza es abrumador. El coeficiente de
Ginni (en el que 0 es la igualdad perfecta y 1 la desigualdad
perfecta entre ricos y pobres) se ubicó en 0,60, un indicador
que no tiene ningún país en América Latina, excepto Brasil,
el país con más desequilibrio social en el mundo.
La cifras reveladas por el DANE señalan que Colombia prácticamente
perdió 40 años en la lucha contra la desigualdad, pues un
nivel de desigualdad social Ginni como el de hoy solamente se
tuvo hacia finales de los años 50 y mediados de los 60.
Los casos más dramáticos se dan en Bogotá (en donde el
coeficiente de desigualdad subió de 0,55 a 0,62) y en el
Valle en donde aumentó de 0,49 a 0,55 en los últimos seis años.
No obstante que las inversiones en salud y educación han
aumentado en los últimos años, han sido insuficientes para
cerrar una brecha que mantiene al país en el tercer lugar de
desigualdad social a nivel mundial.
De acuerdo con la Asociación Nacional de Instituciones
Financieras (ANIF) muchos países que gastan menos que
Colombia han obtenido mejores resultados.
El Informe de Desarrollo Humano 2003 divulgado por el PNUD,
señala que en Colombia el gasto público y privado en salud
como porcentaje del PIB fue de 9,3%, cifra muy superior a la
de Venezuela, Argentina y Chile, pero la tasa de mortalidad
infantil, como indicador de la eficiencia, muestra que esos
tres países, con un menor gasto en salud tienen un mejor
desempeño que Colombia.
De acuerdo con el Departamento Nacional de Planeación, en
los últimos años la disminución del ingreso para los más
pobres ha sido cercano al 20%, mientras que en los más ricos
la recesión apenas significó una baja en el ingreso de 5%.
“Es que las recesiones siempre le pegan más duro a los más
pobres, porque son los que más desprotegidos están frente a
esas eventualidades. En cambio un rico tiene ahorros, cambia
de rumbo sus inversiones y tiene mucha más capacidad de
reacción”, dijo un experto del Banco Interamericano de
Desarrollo.
Cada vez son más las personas que no tienen casa propia y
que viven en arriendo o en subarriendo, ello sumado a las
condiciones de hacinamiento en que les tocó acostumbrarse a
vivir. Ya se volvió común en los estratos medios y bajos que
convivan entre cuatro y cinco familias en la misma unidad
habitacional y muchas de ellas en las cuales el jefe del hogar
está desempleado.
Es tal la situación, que casi la mitad de los colombianos
que se enfermaron en el último año (48%) no fue al médico
por la sencilla razón de que no tenía con qué pagar una
consulta o una cuota moderadora en el caso de quienes acuden a
las EPS, de acuerdo con los resultado de la Encuesta de
Calidad de Vida.
“Eso es un horror. Demuestra que el crecimiento económico
que tiene el país es dudoso. Ello es el resultado de una tasa
de desempleo que se ha mantenido alrededor del 16% en los últimos
seis años”, dice el economista Eduardo Sarmiento Palacio.
El coeficiente de Ginni que ahora tiene Colombia está muy
por encima del de Venezuela, que llega a 0,49; México, 0,53;
El Salvador, 0,51 o Argentina, que en medio de la aguda crisis
que experimenta alcanza 0,54. El país se encuentra cada vez más
lejos de los indicadores de desigualdad que ostentan países
como Dinamarca, 0,21 o Finlandia, 0,22.
La pobreza y la miseria han ocasionado que mientras en
algunos sectores de la sociedad aumente el consumo de bienes
suntuarios, el 8% de los colombianos haya dejado de consumir
las tres comidas diarias una o más veces por semana en los últimos
meses.
El estudio del DANE también revela una recomposición en
los núcleos familiares a causa de la violencia y el
desplazamiento. Mientras en 1997 el porcentaje de hogares en
cabeza de una mujer, y sin cónyuge, era del 5,6%, ahora
alcanza 27,83%, esto es más de 11 millones de familias. Del
total, el 12% de las madres cabeza de familia tiene hijos
menores de 18 años.
Aunque los expertos reconocen los esfuerzos hechos por los
gobiernos de la última década por aumentar el gasto en salud
y educación, advierten que gastar más no es la única manera
de acabar la desigualdad, pues el gasto público es ineficaz y
muchas veces se traduce en subsidios mal dirigidos.
Pero lo que es peor aún es que la reforma tributaria que
está a punto de ser aprobada por el Congreso de la República
significaría un mayor crecimiento en la brecha entre ricos y
pobres.
La Asociación Bancaria opina que medidas como la de
imponer un gravamen al patrimonio acabarán con la inversión
y por ende generarán aún más desempleo, lo que
necesariamente castigará a los más pobres.
De hecho se sabe que una multinacional que estaba dispuesta
a capitalizar su compañía en Colombia con US$35 millones,
ante el acuerdo de reforma tributaria entre el presidente
Uribe y el Congreso decidió frenar la operación y optar por
tramitar un préstamo por mucho menor cuantía al interior del
país.
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