Bogota - la Colombie 8 décembre 2003
Lundi
 

Se disparó la desigualdad

Leonardo Rodríguez

La desigualdad entre ricos y pobres en Colombia dejó de ser preocupante. Ahora es aterradora. Detrás de los festejos porque la economía está creciendo por encima del 3,5% anual se encuentra el drama de los más de 500.000 jefes de hogar que aún llevan más de un año sin conseguir trabajo y de los 20 millones de personas que viven en la pobreza y el rebusque.

Mientras en las áreas más favorecidas de las grandes ciudades del país los habitantes han consumido un mayor número de vehículos, electrodomésticos y computadoras que hace un año, en las zonas periféricas hay millones de personas que han tenido que dejar de comer y los grandes supermercados venden menos alimentos.

En el comercio las ventas de carros aumentaron en 21% este año y las de alimentos y bebidas cayeron 6%.

El Espectador encontró en la Encuesta de Calidad de Vida que acaba de realizar el DANE que el desequilibrio en la repartición de la riqueza es abrumador. El coeficiente de Ginni (en el que 0 es la igualdad perfecta y 1 la desigualdad perfecta entre ricos y pobres) se ubicó en 0,60, un indicador que no tiene ningún país en América Latina, excepto Brasil, el país con más desequilibrio social en el mundo.

La cifras reveladas por el DANE señalan que Colombia prácticamente perdió 40 años en la lucha contra la desigualdad, pues un nivel de desigualdad social Ginni como el de hoy solamente se tuvo hacia finales de los años 50 y mediados de los 60.

Los casos más dramáticos se dan en Bogotá (en donde el coeficiente de desigualdad subió de 0,55 a 0,62) y en el Valle en donde aumentó de 0,49 a 0,55 en los últimos seis años.

No obstante que las inversiones en salud y educación han aumentado en los últimos años, han sido insuficientes para cerrar una brecha que mantiene al país en el tercer lugar de desigualdad social a nivel mundial.

De acuerdo con la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) muchos países que gastan menos que Colombia han obtenido mejores resultados.

El Informe de Desarrollo Humano 2003 divulgado por el PNUD, señala que en Colombia el gasto público y privado en salud como porcentaje del PIB fue de 9,3%, cifra muy superior a la de Venezuela, Argentina y Chile, pero la tasa de mortalidad infantil, como indicador de la eficiencia, muestra que esos tres países, con un menor gasto en salud tienen un mejor desempeño que Colombia.

De acuerdo con el Departamento Nacional de Planeación, en los últimos años la disminución del ingreso para los más pobres ha sido cercano al 20%, mientras que en los más ricos la recesión apenas significó una baja en el ingreso de 5%.

“Es que las recesiones siempre le pegan más duro a los más pobres, porque son los que más desprotegidos están frente a esas eventualidades. En cambio un rico tiene ahorros, cambia de rumbo sus inversiones y tiene mucha más capacidad de reacción”, dijo un experto del Banco Interamericano de Desarrollo.

Cada vez son más las personas que no tienen casa propia y que viven en arriendo o en subarriendo, ello sumado a las condiciones de hacinamiento en que les tocó acostumbrarse a vivir. Ya se volvió común en los estratos medios y bajos que convivan entre cuatro y cinco familias en la misma unidad habitacional y muchas de ellas en las cuales el jefe del hogar está desempleado.

Es tal la situación, que casi la mitad de los colombianos que se enfermaron en el último año (48%) no fue al médico por la sencilla razón de que no tenía con qué pagar una consulta o una cuota moderadora en el caso de quienes acuden a las EPS, de acuerdo con los resultado de la Encuesta de Calidad de Vida.

“Eso es un horror. Demuestra que el crecimiento económico que tiene el país es dudoso. Ello es el resultado de una tasa de desempleo que se ha mantenido alrededor del 16% en los últimos seis años”, dice el economista Eduardo Sarmiento Palacio.

El coeficiente de Ginni que ahora tiene Colombia está muy por encima del de Venezuela, que llega a 0,49; México, 0,53; El Salvador, 0,51 o Argentina, que en medio de la aguda crisis que experimenta alcanza 0,54. El país se encuentra cada vez más lejos de los indicadores de desigualdad que ostentan países como Dinamarca, 0,21 o Finlandia, 0,22.

La pobreza y la miseria han ocasionado que mientras en algunos sectores de la sociedad aumente el consumo de bienes suntuarios, el 8% de los colombianos haya dejado de consumir las tres comidas diarias una o más veces por semana en los últimos meses.

El estudio del DANE también revela una recomposición en los núcleos familiares a causa de la violencia y el desplazamiento. Mientras en 1997 el porcentaje de hogares en cabeza de una mujer, y sin cónyuge, era del 5,6%, ahora alcanza 27,83%, esto es más de 11 millones de familias. Del total, el 12% de las madres cabeza de familia tiene hijos menores de 18 años.

Aunque los expertos reconocen los esfuerzos hechos por los gobiernos de la última década por aumentar el gasto en salud y educación, advierten que gastar más no es la única manera de acabar la desigualdad, pues el gasto público es ineficaz y muchas veces se traduce en subsidios mal dirigidos.

Pero lo que es peor aún es que la reforma tributaria que está a punto de ser aprobada por el Congreso de la República significaría un mayor crecimiento en la brecha entre ricos y pobres.

La Asociación Bancaria opina que medidas como la de imponer un gravamen al patrimonio acabarán con la inversión y por ende generarán aún más desempleo, lo que necesariamente castigará a los más pobres.

De hecho se sabe que una multinacional que estaba dispuesta a capitalizar su compañía en Colombia con US$35 millones, ante el acuerdo de reforma tributaria entre el presidente Uribe y el Congreso decidió frenar la operación y optar por tramitar un préstamo por mucho menor cuantía al interior del país.

 

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