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El país recuerda el escenario del Caguán como la sombra de
un temible fantasma. Ante el desafío terrorista que plantean
hoy las Farc, cabe preguntarse de qué sirvieron tres años y
medio de negociación. Desde Madrid (España), Camilo Gómez
Alzate, el ‘escudero’ del ex presidente Pastrana, habló con El
Espectador.
P.¿El terrorismo de hoy es una herencia del proceso de paz
o de su rompimiento?
R.No creo que se pueda llamar una herencia del proceso de
paz, porque el proceso se rompe en razón de un acto
terrorista. Sólo las Farc podían tomar la decisión de optar
por la salida política o por la vía del terrorismo y del
narcotráfico. Optaron por la segunda opción. Lo que buscaba el
proceso era que estos hechos no sucedieran más.
P.Hay quienes creen que las Farc se fortalecieron mientras
estuvieron en la zona de distensión y en el proceso de
paz.
R.Es una apreciación errada. Antes del iniciarse el
proceso, las Farc estaban militarmente a la ofensiva y se
comportaban como un ejército regular, una estrategia militar
que fue derrotada. El proceso que se hizo fue genuino pero no
ingenuo. Por eso, a la vez que hablábamos con la guerrilla,
también fortalecíamos nuestro Ejército.
P.¿Es equivocada la imagen que tiene el país de que el
gobierno Pastrana fue blando?
R.Es equivocada. Mucha gente confundió la mano tendida con
debilidad. El Estado estaba en la obligación de buscar la
salida política con la guerrilla y de preparase militarmente,
y eso se hizo. Durante todo el Gobierno, a los militares se
les exigieron resultados y efectividad en el combate. Pasamos
de tener un Ejército defensivo a uno ofensivo. La “mano firme”
no consiste en regañar a los militares en público o pedir que
EU nos invada, sino en una estrategia coherente y
realista.
P.¿Se refiere a la estrategia del presidente Álvaro
Uribe?
R.Me refiero a la estrategia que adelantamos, en la que se
hacía más y se hablaba menos.
P.¿Quiere decir que el actual Gobierno no está actuando con
coherencia y realismo?
R.El Gobierno se ha equivocado al tratar de generar una
expectativa centrada sólo en el campo militar, y no hay
mayores resultados. Si bien Uribe no le ha cerrado las puertas
a una salida política, tampoco ha mostrado lo que va a hacer
con la guerrilla. La firmeza en lo militar no se opone a la
decisión de avanzar en lo político.
P.¿Cómo entender un nuevo intento de solución política con
las Farc dedicadas al terrorismo?
R.Frente a las acciones terroristas de las Farc, el Estado
debe utilizar todos los recursos militares y policiales que
tenga. A la vez, la solidaridad de los ciudadanos y la unión
en torno a las instituciones y al Presidente son
indispensables. Las Farc se equivocan si creen que los
colombianos somos cobardes frente al terrorismo.
P.¿Usted todavía cree que a la guerrilla le interesa la
paz?
R.Yo creo que lo realmente importante es cuál es la
capacidad que tenemos para llegar a construir esa voluntad de
paz.
P.¿Y por qué no se buscó eso en el proceso que usted
dirigió?
R.Eso se hizo: se buscó construir esa voluntad y se avanzó
mucho más de lo que se reconoce. Pero también debo aceptar
que, de una parte, entre la guerrilla triunfó la tendencia de
quienes le apostaron al terrorismo; de otra parte, algunos
sectores de la sociedad no lograron entender que había que
persistir en recorrer ese espinoso camino de la negociación.
Al país le quedó claro que un proceso de paz no es fácil y que
la violencia no desaparece como por arte de magia. Es una
verdad innegable que el camino realista para llegar a la paz
es la salida política. Y no estoy diciendo con eso que haya
que entregarle el país a la guerrilla.
P.¿Cómo sería el panorama si las Farc estuvieran sentadas
en la mesa de negociación?
R.Es difícil plantear esa hipótesis, pero no descartaría
que hubiéramos logrado el cese de fuego y hostilidades. Con la
presión que significaba para ellos estar sentados en la mesa
con presencia internacional, con una sociedad exigente y con
la posición firme del Gobierno, es posible que hubiéramos
llevado a las Farc a esto. La realidad es que las Farc
cerraron los espacios políticos a la negociación. Pero el
objetivo del proceso era evitar que pasara lo que hoy está
pasando.
P.¿El proceso de paz de Pastrana fue serio?
R.Serio, honesto y audaz. Lo que se hizo había que hacerlo,
el país tenia que vivir esa etapa, a pesar del costo
político.
P.¿Usted es consciente de que en la opinión publica hay un
rechazo generalizado a lo que se hizo en el tema de paz en el
Gobierno Pastrana?
R.El país está siendo injusto con todo lo que el presidente
Pastrana hizo por la paz. A veces no hay peor ciego que el que
no quiere ver. Los logros de la estrategia de paz se van a
reconocer más temprano que tarde. Lo grave sería que el país
echara a la caneca esta experiencia y desconociera el camino
recorrido. Pero hoy, pese a lo que parezca, el fin del
conflicto puede estar más cerca.
P.¿Más cerca? Lo que se prevé es un confrontación de
mayores dimensiones...
R.Como se dice popularmente, la noche es más oscura
momentos antes del amanecer. No podemos seguir viendo sólo la
coyuntura, hay que ver más allá. Incluso, el mismo presidente
Álvaro Uribe nunca le ha cerrado del todo las puertas a la
negociación.
P.¿Se refiere a las posibilidades de mediación de la
ONU?
R.Siempre he creído que la participación internacional es
fundamental para la solución del conflicto. Pero la
responsabilidad política de la búsqueda de la paz no puede
quedar en cabeza de un tercero. Se debe asumir y liderar. Sé
que es más arriesgada la apuesta por la paz que por la guerra
y que el desgaste es inmenso, pero hay que tener coraje para
hacerlo. El país también debe apoyar en eso al Presidente.
P.¿Cree que es posible un acuerdo humanitario para liberar
a los secuestrados?
R.Cuando logramos la liberación de cerca de 450 hombres que
tenían el Eln y las Farc, nadie creía que eso fuera posible, y
se logró. Hoy el Estado cuenta con los instrumentos jurídicos
y políticos para hacerlo.
P.A propósito, ¿qué cree que pasó dentro de las Farc
después del rompimiento?
R.Debe estar dándose un fuerte debate sobre las
posibilidades que desperdiciaron por cuenta de quienes en su
interior prefirieron el terrorismo sobre la salida política.
Yo hoy me pregunto si quienes dentro de las Farc, en 30 años,
no han podido ver ningún resultado concreto de su lucha,
creerán realmente que con acciones terroristas lo van a
conseguir.
P.¿Y Marulanda? Usted que lo conoció, que lo escuchó, ¿qué
puede estar pensando ahora?
R.Para él, el tiempo no importa. Se debe estar imaginando
que otra vez la historia se repite y que por lo tanto sólo
será cuestión de esperar para volver a tomar posiciones. Pero
tendrá que aceptar el cambio que se dio en el mundo desde el
11 de septiembre, en el que el terrorismo no es tolerable.
También que su paso a la historia quedará registrado no
como el de un viejo guerrillero que consiguió cambios para el
pueblo de su país, sino como el del jefe de una organización
que terminó ligada al terrorismo y al narcotráfico.
P.¿Qué siente al saber que los mismos hombres que
estuvieron con usted en la mesa son los autores de las bombas
a El Nogal y Neiva?
R.Además del dolor general, en mi caso debo decir que está
también el sentimiento de impotencia que produce saber que
buena parte de ese dolor se podría haber evitado si el proceso
hubiera tenido éxito. Siempre fue muy difícil sentarse cara a
cara con quienes habían atentado contra civiles o secuestrado,
incluso a amigos. Pero ese era mi deber y había que cumplirlo
dejando de lado lo que sentía. Quizá la mayor lección de todo
esto a nivel personal es que la paz se hace con los enemigos.
Así son las cosas.
P.En este escenario, ¿dónde ubica la negociación planteada
por el Gobierno con las Auc?
R.Aún hay puntos nebulosos. Por ejemplo, habrá que esperar
a ver cómo se resuelve el gran problema que supone la
solicitud de extradición de los principales jefes, pues hay un
alto riesgo de que éste se convierta en el único punto de la
agenda real de negociación.
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