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Íngrid, ante todo, es una mujer, colombiana, libre. Siempre
ha hecho lo que ha querido sin pedirle permiso a nadie, tanto
en su vida política como en la privada. Es lo que más me gusta
de ella, y por eso creo que en este largo, penoso y horrible
secuestro debe estar sufriendo mucho.
Perder la libertad, para cualquier persona debe ser muy
duro, pero conociendo a Íngrid debe ser mucho peor.
Sin embargo, debe estar llevando su cautiverio con mucha
dignidad y altura, teniendo en cuenta lo que su padre Gabriel
Betancourt siempre le decía cuando estaba en peligro, y que a
ella le gustaba tanto oír porque la animaba en medio de
cualquier adversidad: “El buen acero debe resistir todas las
temperaturas y sé que estás hecha del mejor”.
Como también en uno de los pocos mensajes que le pudo
enviar días antes de su muerte: “Yo sé que en cualquier lugar
donde te encuentres estarás cumpliendo una misión”.
Y ojalá así sea. Una misión de paz, de reconciliación
nacional para el bien de toda Colombia. Esa Colombia nueva por
la cual tanto has luchado y por la que tanto te has
sacrificado, una Colombia que tanto sufre y hoy sigue en
pie.
Íngrid lleva un año de ausencia. Más de tres mil familias
en Colombia convivimos con el secuestro. El nuestro cumple hoy
un largo año, de lejos el más difícil de nuestras vidas. Otros
llevan dos, tres, hasta cinco años. Todos mantenemos la
ilusión de que estos incontables meses terminen.
Espero, como esperamos todos los colombianos, recibir muy
pronto noticias de Dios para esta sufrida y martirizada
Colombia que con mucha dignidad mantiene sus esperanzas en una
Colombia nueva, como tú, Íngrid, como tú.
Estamos todos contigo.
*Esposo de la ex candidata presidencial Íngrid
Betancourt.
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