En la prensa   por  www.Betancourt.info 

>Adicionar en sus favoritos

>Búscar

Herramientas de traduccion :   >Free.fr  >Google


El tema de los secuestrados

04/09/2005 - El Tiempo

Alfonso López Michelsen
REALIDAD Y RETÓRICA

No hay razón para desesperanzarseante un hecho irremediable.

Para quienes adoptan una actitud pesimista ante cada tropiezo en la posible verificación de un Acuerdo Humanitario entre el Gobierno Nacional y las Farc, o aspiran a legislar sobre la despenalización del aborto, quiero recordarles que en el país nada es fácil cuando los propósitos son serios.

Diez años tomó la aprobación del Protocolo II anexo de los Acuerdos de Ginebra de 1949. Desde 1977, cuando fue sometido al estudio del Gobierno, hasta 1987, se aplazó la aprobación del Protocolo II.

Otro tanto había ocurrido con el recurso de tutela presentado, por primera vez, ante la Comisión de Reajuste Constitucional, a raíz de la caída de la dictadura de Rojas. Posteriormente fue presentado como acto legislativo ante el Congreso y adoptado dentro del proyecto de reforma constitucional de la administración Barco. Solamente después de haber sido acogidos sus principios por la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, la ponencia del doctor Esguerra Portocarrero se elevó a la categoría de norma constitucional, con el nombre de tutela.

Algo semejante ocurrió con el aborto, el cual intentó proponer, para casos especiales, la senadora Lleras Puga, sin éxito, a consecuencia de la oposición de la Iglesia. La misma que se ha opuesto al matrimonio de los gays, cuando tenía visos de ser aprobado en la legislatura del 2003 el proyecto presentado por la senadora Piedad Córdoba. El antifeminismo fue de tan común ocurrencia, que se hizo necesaria la decisión de la dictadura a favor del voto femenino, frente a la oposición del propio doctor Alberto Lleras Camargo y del escritor Germán Arciniegas, entre otros muchos, a quienes enfrentó el verbo incandescente de Jorge Eliécer Gaitán.

No hay, pues, razón para desesperanzarse ante un hecho irremediable. Por el contrario, sucesivas concesiones del Gobierno y de la guerrilla, en diálogos que todavía son posibles, alimentan nuestra creencia en la concordia final. Ya ha sido un gran adelanto el haber reconocido en forma explícita la autonomía del Acuerdo Humanitario como un mecanismo neutral dentro del conflicto, destinado exclusivamente a humanizar el enfrentamiento y poder garantizar la libertad y la vida de todos los colombianos, como es la obligación del Gobierno, sin distingos de raza, condición social, afiliación política, ni causal del secuestro. Todos tenemos el mismo derecho a la protección del Estado.

Hace meses propusimos, en Cali, deslindar el Acuerdo Humanitario, al que no pueden añadírsele arandelas, y los acuerdos especiales, en virtud de la libertad contractual de las partes, que pueden aceptar o no la propuesta de su contrario, siempre y cuando no vulneren las disposiciones de la Carta Constitucional.

Las posibles etapas, si existiera voluntad de las partes, serían las siguiente: a) Se procedería, enseguida, a escoger un sitio en donde celebrar una primera conversación, orientada a restablecer el diálogo y a proyectar la negociación de fondo. Los facilitadores buscaríamos un acuerdo acerca de las garantías que demandan los alzados en armas, para entrar y salir del sitio en donde se celebraría la reunión preliminar, y los nombres de los garantes seleccionados entre la Cruz Roja Internacional, la Conferencia Episcopal y los representantes de los países amigos (Francia, Cuba, México, Suiza, Brasil, etc.). Como diría monseñor Castro, conseguir que se sienten a una mesa y en unos taburetes el Alto Comisionado para la Paz en representación del Gobierno y los voceros autorizados de la guerrilla. b) Del resultado de la entrevista anterior, con plazo fijo y tema concreto, si se llega a un acuerdo, se escogería el lugar del encuentro, los negociadores con plenos poderes, el plazo y la agenda. c) Si de tal agenda se llega al Acuerdo Humanitario, se pondría sobre la mesa el número y los nombres de los retenidos por la guerrilla y los encarcelados por las autoridades judiciales colombianas. Esto querría decir que se superarían de antemano los obstáculos y las condiciones que suelen presentarse en las publicaciones previas a la celebración del Acuerdo Humanitario. Esta negociación preliminar correspondería a lo que impropiamente se ha llamado el prediálogo, prólogo de la verdadera negociación, a la cual, dentro del lenguaje oficial, solo le faltaría "un empujoncito", "un articulito", "un acuerdito", para empezar a ponerle término a la "guerrita", que nos está amargando un larguísimo "cuartico" de hora.


>Regreso 


>www.Betancourt.info