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Algunos lo han llamado el “juicio del siglo”. Aunque ese honor, según expertos, se lo lleva de lejos el de Saddam Hussein en Irak.
“Simón Trinidad” es el primer miembro de las Farc que enfrentará a la Justicia estadounidense por cargos de terrorismo.
Nayibe Rojas, alias “Sonia”, y otros guerrilleros también tienen procesos pendientes en ese país, pero por otros delitos como el de narcotráfico.
Las acusaciones
A “Simón Trinidad” se le acusa en una corte federal del Distrito de Columbia de participar y conspirar en el secuestro de tres estadounidenses, en febrero de 2003, quienes fueron capturados por las Farc cuando la avioneta en la que viajaban fue derribada cerca a Florencia, departamento de Caquetá.
Así mismo, es culpado de ser miembro de la organización terrorista que ejecutó tal crimen y del homicidio de un cuarto estadounidense, al parecer asesinado en el lugar de los hechos.
Aunque en los Estados Unidos tales crímenes conllevan a la pena de muerte, Ricardo Palmera enfrenta una sentencia de 30 a 40 años de cárcel, dados los acuerdos bilaterales.
La semana pasada el juez Tom Hogan, quien presidirá el proceso, supervisó la selección del grupo de jurados que se encargará de determinar su culpabilidad o inocencia.
Como en la mayoría de los procesos en EE.UU., son doce ciudadanos escogidos al azar quienes se reunirán durante unas seis semanas a escuchar argumentos de fiscales y defensores.
Los fiscales, dirigidos por el abogado del Departamento de Justicia Kenneth Kohl, tratarán de demostrar que “Simón Trinidad” es co-responsable del secuestro, así no exista evidencia de su participación directa en los hechos.
Primero tratarán de establecer que el guerrillero hace parte del grupo armado al margen de la ley, que ocupa un lugar en su jefatura y, por lo tanto, debe responder por sus acciones.
Y es que poseen una serie de videos y documentos, especialmente uno del año 2000 en el que aparece el jefe subversivo con el uniforme de las Farc y es identificado como miembro del estado mayor conjunto de esa organización.
Pero la prueba más fuerte en su contra son unas declaraciones que dio al momento de su captura en Quito, Ecuador, en las que admite que se encuentra en el país como parte de una comisión que está negociando con el Gobierno colombiano un intercambio humanitario entre retenidos de las Farc (entre ellos los estadounidenses) y guerrilleros presos.
“Esa es la prueba reina que el hacía parte de esta conspiración”, aseguró uno de los fiscales encargados del juicio.
El caso, entre otras cosas, es muy coyuntural, pues las Farc y el Gobierno han reabierto las negociaciones de cara a un intercambio y la guerrilla ha insistido en que “Simón Trinidad” y “Sonia” hagan parte del acuerdo.
El juicio en EE.UU., sin duda, empañará estos acercamientos o al menos complicaría la suerte de los estadounidenses que ya completaron tres años y medio en cautiverio.
La defensa
Para la defensa, a cargo del defensor público Bob Tucker, el caso contra el jefe guerrillero es frágil.
Alegan que Ricardo Palmera hace parte de un grupo insurgente que está en guerra con el Estado colombiano y, por lo tanto, merece inmunidad de acuerdo a la Convención de Ginebra, que rige los conflictos internos.
Aseguran que los estadounidenses se encontraban espiando a las Farc, lo que los hacia blancos legítimos.
Pero en lo que más harán énfasis es en que “Simón Trinidad” no participó ni directa ni indirectamente del crimen.
De hecho, como miembro del Bloque Caribe, se encontraba del otro lado del país y no hay conversación interceptada en la que se le vincule con el secuestro.
La defensa tratará, según los abogados, de contrarrestar el testimonio que dio a las autoridades ecuatorianas, alegando que fue bajo presión. Pero en caso de no lograrlo, describirán su rol en las negociaciones del acuerdo humanitario “que es avalado, como lo demuestran los recientes acercamientos, por el Gobierno colombiano”.
En todo caso, según expertos, hay muy pocas posibilidades de que “Simón Trinidad” sea absuelto.
Entre el jurado hay muy poca simpatía por un grupo terrorista que se dedica al narcotráfico, que secuestra y que considera a los estadounidenses como un blanco legítimo.
“Con que demuestren que es parte del grupo, que es un dirigente y que se desempeñaba como negociador para el intercambio, sería suficiente”, dijo David Shnider, un investigador militar.