
Gustavo Moncayo Rincón, un profesor de historia de un colegio del suroeste de Colombia, viajó desde su pueblo a Bogotá, encadenó su cuerpo y afirmó ayer que solo abandonará esa actitud cuando su hijo, secuestrado por las Farc, sea liberado.
El hijo, Pablo Emilio Moncayo Cabrera, fue uno de los dieciocho militares secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), tras un ataque al cerro de Patascoy, en el departamento de Nariño, el 12 de diciembre de 1997.
En esa misma acción rebelde contra una base de comunicaciones del Ejercito, murieron diez militares.
Rehén “canjeable”
Dieciséis de los compañeros de Moncayo fueron liberados por esa guerrilla, mientras él y el cabo Libio Martínez, son los rehenes "canjeables" que tienen más tiempo en su poder.
Moncayo Rincón es unos de los centenares de familiares de los secuestrados por la organización guerrillera que claman al Gobierno y a las mismas Farc para que suscriban el "acuerdo humanitario" que supone la puesta en libertad de sus seres queridos.
Las Farc pretenden el canje, a través de un "intercambio humanitario", de 59 de los secuestrados por unos 500 de sus guerrilleros presos, entre ellos políticos, soldados, policías y tres estadounidenses.
El padre del soldado llegó el jueves a Bogotá, desde Sandoná, tras un viaje en autobús de más de 36 horas.
Moncayo Rincón intentó su singular protesta al lado de la Casa de Nariño, sede presidencial colombiana, pero fue desalojado por los guardias y se plantó en la Plaza Bolívar.