“Acuerdo humanitario es un deber constitucional"
17/11/2005 - Diario Occidente
El Gobierno Nacional tiene la responsabilidad constitucional de aplicar el acuerdo humanitario y las Farc la obligación de regresar con vida a los secuestrados.
Así lo reclamaron los literatos reunidos en el IV Encuentro Nacional de Escritores por la Paz de Colombia realizado en Caicedonia este fin de semana, en un manifiesto en el que enfatizaron que “el acuerdo humanitario es una obligación constitucional del Estado y debiera ser un imperativo ético para las Farc”.
En el documento, que denominaron: El Acuerdo Huma-nitario: Imperativo ético y constitucional, expresan que “el gobierno tiene la responsabilidad constitucional de aplicar el Derecho Internacional Humanitario, para preservar y regresar con vida a los secuestrados”.
Agregan además que “las Farc deben responder por la vida de los secuestrados ya que vivos se los llevaron, vivos deben regresarlos. También de la selva debe salir un gesto humanitario.
Los escritores afirman que “el Acuerdo Humanitario que no sólo es una expresión jurídica sino sobre todo un gesto de humanidad en defensa de la vida, se ha ido diluyendo por razones de quienes hacen la guerra y no han querido, por el frío cálculo político, hacer un alto en el conflicto para devolver a los secuestrados a sus ámbitos familiares”.
Agegan que “para infortunio de los secuestrados, la sociedad colombiana en su mayoría es insensible frente al dolor, toda vez que no expresa su repudio porque si lo hiciera masivamente otra sería la suerte de las víctimas. La sociedad colombiana también está padeciendo una desconcertante crisis humanitaria: la vida ha perdido su valor”.
Los pensadores recuerdan en el documento que “en todas las guerras, aun en las más crueles, se decretan treguas para la entrega de prisioneros, de enfermos y de civiles indefensos. Entonces, por qué no hacerlo hoy en Colombia, como ya se hizo, por ejemplo, en el secuestro y canje del hermano del entonces Presidente César Gaviria; en el acuerdo de Remolinos del Caguán con la entrega de 60 soldados y 10 infantes de marina; en el acuerdo, durante el gobierno de Andrés Pastrana, cuando se intercambiaron soldados y guerrilleros enfermos; o en los acuerdos de Pastrana y el ELN, cuando recuperaron su libertad los civiles secuestrados de La María, el avión de Avianca y el Kilómetro 18; y en el acuerdo de La Macarena por el cual las Farc entregaron 250 soldados y policías”.
Hacen un llamado a los que consideran como Señores de la guerra: ¿Si se ha aplicado el Acuerdo Humanitario en estas y muchas otras oportunidades, por qué no hacerlo ahora? Es la respuesta que con ansiedad esperamos los colombianos.
Son muchas las personas que por razones del plagio con fines económicos, por el secuestro político o por su condición de rehenes militares, han permanecido por muchos años privados de su libertad, viviendo en condiciones infrahumanas en cárceles perdidas en la profundidad de la selva.
El secuestro hace parte de la guerra que los colombianos hemos padecido durante más de 50 años, la cual ha traído nuevas formas de dolor: no sólo es el duelo por la muerte, ni el terrible trasegar de tres millones de colombianos desplazados de sus territorios, ni la desaparición forzada de cientos de personas, sino el fenómeno dramático del cautiverio de ciudadanos como estrategia de guerra.
Esa cruenta realidad que expresa el conflicto interno, es desconocida por la política de Seguridad Democrática, al negarla está ignorando al otro, es decir, al enemigo. Las Farc, por su parte, en sus lógicas de guerra, utilizan el secuestro de población civil como mecanismo de presión política o de financiación económica.
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