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Colombia, entre los diez países más pobres del mundo

04/11/2005 - Las voces del secuestro

Es todo un reto abordar el tema de la pobreza y las desigualdades sociales; primero, porque existe mucha información al respecto y, segundo, porque al ser un asunto tan complejo, existe el riesgo de quedarse en la teoría y la especulación. Quisimos profundizar sobre esta realidad tan dramática en nuestro país, por lo que organizamos un debate en la Plenaria de la Cámara de Representantes, con el propósito fundamental de evaluar el impacto de las políticas que el gobierno ha venido implementando para enfrentar la pobreza y la desigualdad en colombiana.

Porque la verdad es que está más que demostrado, que el crecimiento económico de Colombia es "anti-pobres", pues si bien la tasa de crecimiento del país va bien, llegando al 5%, los beneficios se están quedando en un alto grado en manos de los grandes conglomerados económicos.

El problema radica en que el actual modelo de desarrollo está montado sobre la activación y el dinamismo de la oferta para estimular la producción y los grandes capitales. Por lo que, si queremos enfrentar realmente la pobreza en el país, es necesario ajustar las políticas para que el crecimiento económico vaya de la mano de la redistribución del ingreso y la riqueza.

Además es necesario que la política social no esté supeditada a los logros de la política económica; pues tanto la política de equilibrio macroeconómico, como la política para enfrentar las desigualdades, la miseria y la pobreza deben estar en mismo nivel.

Lamentablemente el debate sobre la pobreza en nuestro país se ha restringido demasiado, rezagándolo a un problema de metodologías, cuando éstas deben ser solamente un punto de referencia. Pareciera que nos preocupara más esa discusión, que el dramatismo de la pobreza y la miseria que enfrenta más del 64% de la población colombiana.

Son aterradoras las cifras. El Informe de Desarrollo Humano de 2005, dan cuenta de cerca de 4 millones de colombianos con ingresos inferiores a 1 US diario, es decir, que se encuentran en estado de miseria (8.2% de la población), y más de 10 millones que escasamente obtienen los 2 US diarios, catalogados en situación de pobreza (22.6% de la población). Según el Informe de Naciones Unidas, Colombia es uno de los diez países más pobres del mundo.

Por eso no es comprensible que el Congreso de la República haya renunciado a la gran discusión presupuestal, limitándola a unas simples partidas regionales, que no representan ni el 1% del monto global, con lo que el país pierde una magnifica oportunidad para discutir a fondo la política social.

Y es que cada vez existe una mayor conciencia en el mundo de que la mejor herramienta para enfrentar el problema de la pobreza y la marginalidad es precisamente garantizando una normatividad presupuestal clara, que garantice una discusión amplia de todos los sectores, para que se pronuncien sobre las expectativas que tienen en estas materias.

En el debate tuvimos la oportunidad de prender las alarmas sobre el atraso que presenta Colombia en el cumplimiento de las metas que adquirió el país cuando suscribió el Acuerdo del Milenio, a través del cual 190 naciones se comprometieron en la lucha frontal contra la pobreza.

En efecto, ha transcurrido más de la mitad del tiempo que se fijó para el logro de éstas, hasta el 2015, y no hemos llegado ni siquiera al 10% de lo pactado. Lo que nos coloca como uno de los países más rezagados de América Latina, que en el promedio regional está en el 38%.

Si realmente queremos cumplir con estos compromisos del Milenio, el país tiene que asumir con responsabilidad y decisión el desarrollo de la agenda interna y el inmenso reto de conseguir y garantizar cerca de 95 mil millones de pesos en los próximos siete años.

Una política eficaz contra la reducción de la pobreza y las desigualdades, definitivamente requiere de una política de crecimiento económico que beneficie prioritariamente a los pobres, un sistema tributario proporcional y equitativo, un gasto social dirigido a atender las necesidades de los más pobres y una lucha frontal contra la corrupción.

Pero fundamentalmente se requiere de un gran acuerdo nacional, al igual que en España, con el Pacto de la Moncloa, en donde todos los sectores del país se comprometan y aporten definitivamente a la solución del problema.


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