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Intercambio, cautivo en un ajedrez de intereses

16/11/2004 - Terra Colombia (El Pais)

La presión de la comunidad internacional, la movilización nacional a favor de un acuerdo y un proyecto de ley que le otorgue facultades al Presidente para indultar a los guerrilleros por delitos diferentes al de rebelión, las únicas salidas a la vista.

Un área de 31.000 kilómetros cuadrados se ha convertido en el bien más preciado del Gobierno, el botín más apetecido por las Farc y el obstáculo más grande para que cerca de 60 personas recuperen su libertad.

Sobre este territorio, conformado por los municipios de San Vicente del Caguán y Cartagena del Chairá, Caquetá, se libra un intensa puja que aleja cada vez más la posibilidad de sacar adelante un acuerdo humanitario.

Y es que mientras para el Gobierno la condición de desmilitarizar una zona del país es un imposible moral que “legitima al terrorismo” y golpea la moral de las Fuerzas Militares, para las Farc es una estrategia de guerra que ante todo busca minar los alcances del Plan Patriota.

Lo más triste aún es que la suerte de las personas en cautiverio parece estar atada a un intercambio humanitario plagado de obstáculos, porque las otras poquísimas opciones o resultan más complicadas o ni siquiera se quieren considerar como tales.

De ahí que para doña Stella Cabrera, madre del soldado Pablo Emilio Moncayo (secuestrado en 1997 durante el ataque guerrillero a Patascoy), sólo queda un salida: “La esperanza de que surja un milagro”.

Repensar el acuerdo

Los analistas insisten en calificar el cruce de propuestas y comunicaciones entre las partes como un pequeño avance. Pero lo cierto es que mientras el tiempo sigue corriendo, ninguna de las cartas puestas sobre la mesa parece despejar, por lo menos a corto plazo, el camino para la liberación de los llamados ‘canjeables’.

Para el coordinador de la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz, Jaime Zuluaga, tal y como está planteada la situación, el futuro de un intercambio humanitario está en manos de la opinión pública.

“Un elemento fundamental es que haya una presión fuerte de sectores importantes de la comunidad internacional para propiciar los acercamientos”, dice.

Ese es tal vez el propósito de Melanie Delloye, hija de la ex candidata Íngrid Betancourt, quien esta semana le hizo un nuevo llamado al presidente francés, Jacques Chirac, para que haga gestiones por la liberación de su madre.

Sin embargo, según el polítologo León Valencia, para sacar del ‘tire y afloje’ el acuerdo, más que a la comunidad internacional lo importante es movilizar a los colombianos.

Para Valencia, si las encuestas siguen expresando la simpatía de los colombianos por el acuerdo humanitario, muy posiblemente el Gobierno formulará nuevas propuestas hasta llegar a puntos de coincidencia: “El Presidente se va a sostener hasta tanto en las encuestas crezca el clamor de la opinión pública a favor del intercambio”.

Más alternativas

Las otras salidas surgen desde el Congreso, en donde esta semana fue radicado un nuevo proyecto de ley que le otorgaría al Presidente de la República facultades para solicitar la libertad condicional y la suspensión condicional de las penas a los guerrilleros procesados o condenados por diferentes delitos, no solamente por rebelión.

Su aprobación le daría, sin lugar a dudas, un nuevo margen de maniobra al Gobierno para ceder en otras de las pretensiones de las Farc, en las que el Ejecutivo dice tener interés, pero impedimentos legales para actuar.

“Lo que nosotros podemos hacer, según la ley colombiana, es conceder indultos a guerrilleros que estén en las cárceles por el delito de rebelión. Eso lo podemos hacer y lo queremos hacer. La guerrilla no tiene trabas legales”, aseguró el alto comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, el jueves pasado.

Pero el trámite de esta iniciativa toma un tiempo que marcha en contra de las personas en cautiverio.

Rescate, pros y contras

Entre las pocas alternativas con las que cuentan las personas plagiadas figura una opción con escasa aceptación, pero férreos defensores.

Según algunos de los analistas consultados, ante la dificultad de que las partes cedan en las condiciones que califican de “inamovibles”, queda el recurso del rescate militar.

De acuerdo con el general (r) Harold Bedoya, tal y como está la situación no existen posibilidades de avanzar en un acuerdo humanitario, “por lo que no hay otra solución que el rescate”.

A su juicio, el Ejercito, gracias a todo el apoyo internacional, cuenta con capacidades de inteligencia excelentes, que permiten caminar hacia esa dirección con muchas probabilidades de éxito. Recuerda incluso la liberación del obispo de Zipaquirá, monseñor Jorge Enrique Jiménez, y Guillermo ‘La Chiva’ Cortez.

Sin embargo, para Zuluaga, la capacidad de las FF.MM. no es garantía de que un rescate sea la mejor fórmula. Más aún cuando ya es conocida la orden de las Farc: asesinar a los secuestrados al menor intento de rescate.

“El riesgo que se corre con el rescate ya lo experimentó el país, con el asesinato de Gilberto Echeverry y Guillermo Gaviria. Esa experiencia no puede repetirse”, indica.

Por su parte, la directora de la Fundación País Libre, Patricia Villaveces, asegura que “aunque es una opción difícil no se puede descartar la posibilidad de una liberación unilateral por parte de las Farc”.

De valorar esta alternativa, complicada de por sí, la guerrilla quizás tendría más consideraciones políticas que humanitarias para proceder a unas liberaciones, que serían selectivas, precisa Valencia.

Ese riesgo, sin embargo, es una de las armas que esgrime el ex gestor de paz del Departamento Fabio Cardozo, para formular una propuesta que tendría como único propósito librar del cautiverio a personas que llevan hasta siete años en poder de las Farc y carecen de fuero político.

Según Cardozo, “la idea es empezar con la liberación de los policías y militares. En este asunto en particular no hay tantas dificultades y tensiones como para la salida de los políticos”.

Lo único cierto es que mientras el Congreso trabaja en los aspectos legales y el Gobierno y las Farc se estancan en meros asuntos logísticos, un grupo de colombianos ve correr los años en lo más profundo de la selva sin soluciones a la vista.

Porque, como dice doña Stella: “Mi hijo se fue de 19 años y hoy ya tiene 26. Mi único anhelo es que me den la oportunidad de recuperarlo ”.


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