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El subintendente John Frank Pinchao reveló que los guerrilleros son irrespetuosos con Íngrid Betancourt y que la castigaban y que los tres estadounidenses no han sido encadenados.
Pinchao se les escapó a las Farc tras nueve años de cautiverio.
Aseguró que los tres estadounidenses secuestrados reciben un trato diferente en la selva, pues mientras a los políticos y uniformados colombianos los encadenaban en parejas para domir, con ellos no lo hacían.
"No los mantienen encadenados porque ellos dicen que no han hecho intento de fuga, ni nada. Hasta cuando me vine no los mantenían encadenados", comentó sobre el trato que tenían los guerrilleros con los contratistas extranjeros Keit Stansell, Tom Howes y Marc Gonsalves, quien sufre de hepatitis.
Y volvió a decir que de las cadenas no se salvaban el senador Luis Eladio Pérez, que está enfermo, ni Íngrid Betancourt, que se ha intentado escapar cinco veces.
Pinchao entregó estas declaraciones en la única entrevista que ha dado (el miércoles dio una corta rueda de prensa en Palacio) a la Secretaría de Prensa de la Presidencia, hecha por José Obdulio Gaviria, asesor de Uribe, y por César Mauricio Velásquez, secretario de prensa de Palacio, que fue presentada por el canal institucional el viernes por la noche.
La oficina de prensa informó que decidieron hacerla pues han recibido más de 45 solicitudes de entrevistas que el subintendente no puede atender por su estado de salud.
No había acuerdo sobre rescate
En sus declaraciones, Pinchao reveló que sin querer, tras la toma de Mitú, delataron a los oficiales ante la guerrilla, pues los llamaban por sus rangos: 'Mi coronel', 'Mi capitán'. Y luego dijo que de todos modos las Farc ya había hecho inteligencia en el pueblo para detectarlos.
En los primeros meses de secuestro, pensó que no se iban a demorar mucho, como los soldados secuestrados en la toma a Las Delicias (Caquetá), pero comenzaron a pasar las semanas, los meses, los años y se dieron cuenta que iba para largo.
"Entendíamos que la guerrilla con este gobierno no negociaría. Me imaginaba yo, algo personal, así despejen lo que pidan despejar, aún así, no hay acuerdo humanitario".
Sobre la posibilidad de un rescate había muchas posiciones entre los 13 secuestrados con los que estaba. "Un día uno pensaba que un rescate era bueno, pero después que era malo, no había estabilidad en cuanto al criterio (...) Sabíamos que un operativo de rescate significaba la muerte de los secuestrados (...) Yo decía, si hay un rescate y tengo suerte, salgo vivo; pero si la suerte mía es morir, por lo menos la familia va a tener la certeza de un cadáver que la incertidumbre de un secuestro indefinido".
'Son irrespetuosos con Íngrid'
Una de las estrategias que tenía la guerrilla para que no se escaparan era quitarles las botas. "Nos la quitaban en el perímetro donde estábamos (...) Tengo hongos desde hace nueve años y hoy en día no me los he podido quitar, voy a ver si en estos días logro quitármelos".
También, los encadenaban todo el día como castigo. "Íngrid también ha sido objeto (del castigo), porque los guerrilleros son irrespetuosos con ella y ella tiene coraje y se hace respetar y entonces toman represalias y la han matenido encandenada durante 24 horas".
Y recordó que se enteró de la muerte del mayor Guevara, que estaba en otro grupo, por radio. "Lo dejaron morir".
Pinchao leyó en cautiverio unos cien libros y la Biblia de principio a fin. " Últimamente nos habían conseguido diez libritos y nos leíamos de a tres por días".
De la convivencia con sus compañeros de secuestro, el uniformado dijo que uno de los 'gringos' le enseñaba cómo funcionaba un avión y otro, inglés. "Son personas agradables, han aprendido a hablar español, les enseñamos a regatear los precios en Bogotá para que pidan rebaja".
'Sentí un animal fuerte'
El uniformado narró que siempre pensó en buscar la libertad por sus propios medios y por eso se fugó.
Sobre sus 17 días huyendo por la selva, relató nuevos detalles.
Dijo que se guiaba por la sombra del sol y descansaba a mediodía para no perderse; que pensó que se iba a morir de hambre cuando se le mojó el arroz que llevaba guardado en bolsas y que hasta estuvo cerca de un animal feroz .
"Una noche sentí un animal fuerte chapaleando, me imaginé que era el tigre y me subí a un palo, y después sentí que el animal comenzó a pelear con otro animal, su presa, y lo aporreaba contra los palos y se lo llevó. Dije, si ya se va a comer a ese, pues ya no me come a mí".
El subintendete comentó que aunque había perdido la fe en Dios, hace cuatro años, en la fuga la recuperó. "Yo le dije métase en mi cuerpo y usted ande para donde usted crea conveniente. Él me indicaba por aquí es y me metía por ahí. Sentía esa presencia de Dios".
Dijo que no sabía que los policías con los que se encontró el miércoles lo estuvieran buscando. "Yo no sé qué hacía ahí la policía, creo que estaban en fumigaciones de coca o algo así".
Piensa que la guerrila no es fuerte pero si, grande. "Es como una burbuja que con pincharla se desinfla".
Ahora, espera poder rehacer su vida con su hijo, sus padres y hermanos.
"Lo que no compartí ya está perdido, hay que vivir lo que queda de aquí para arriba porque lo que se perdió ya está perdido".
Los días agitados del Subintendente Pinchao en la libertad
El policía volvió a abrazar el miércoles a su familia, de la que no sabía nada desde hace más de cuatro años, cuando se suspendieron las cartas y las pruebas de supervivencia.
Esa noche, en una rueda de prensa en el Palacio de Nariño, explicó cómo la guerilla los mantenían encadenados durante su cautiverio. Los ataban de noche y en algunas ocasiones todo el día.
El policía ha sido sometido a diferentes exámenes médicos. Le han detectado problemas de desnutrición. El subintendente dijo que la comida era, regularmente, arroz, pastas, fríjoles, lentejas.