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El presidente de Colombia, Alvaro Uribe, terminó el viernes una gira de cabildeo en Washington con una amplia popularidad en casa, pero sin obtener el apoyo formal de líderes demócratas a su gobierno, golpeado por el peor escándalo político de la historia reciente del país.
Pese a la amplia popularidad de Uribe en Colombia, que llegó al 75 por ciento según una encuesta divulgada el viernes, los demócratas que controlan el Congreso estadounidense se mostraron preocupados por el escándalo que vinculó al gobierno de Uribe con paramilitares de ultraderecha.
Ellos condicionaron la ayuda de aproximadamente 600 millones de dólares que Estados Unidos da a Colombia al año para combatir el narcotráfico y la guerrilla a la resolución del conflicto político.
Los demócratas, ignorando pedidos del presidente George W. Bush, congelaron la aprobación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) considerado vital para atraer inversiones de largo plazo al país andino, tras aducir que quieren más protección a sindicalistas y a normas laborales.
Uribe, un cercano aliado de Estados Unidos en América Latina, arguyó frente a los legisladores que su gobierno investiga las acusaciones que culminaron con la prisión de ocho congresistas aliados y que ha logrado disminuir la violencia en el país castigado por décadas de un conflicto civil.
"Para nosotros, el tratado es un camino eficaz para mejorar los derechos de los trabajadores en Colombia," dijo Uribe a periodistas, tras haberse reunido con aproximadamente 100 congresistas en los últimos tres días.
Pese a las críticas, Uribe dijo que Colombia seguirá siendo un "aliado leal" de Estados Unidos, pero alertó sobre la importancia de apoyar a su país dado el clima político en América Latina, donde Washington ve con disgusto la creciente influencia del izquierdista presidente venezolano, Hugo Chávez.
Un editorial del influyente periódico The Wall Street Journal también criticó el viernes la postura demócrata. "Si los demócratas quieren hacer más enemigos en Latinoamérica, esta es la forma de hacerlo," dijo el WSJ.
Además de Colombia, Estados Unidos tiene pendiente la aprobación de tratados comerciales con Perú y Panamá.
Los demócratas frenaron la ratificación de los acuerdos para negociar la inclusión de cláusulas que garanticen el respeto a normas laborales básicas, como el derecho de organización y negociación colectiva y la prohibición del trabajo infantil.
"Perú, Panamá y Colombia están diciendo que quieren ser socios políticos y económicos de Estado Unidos ¿Quieren los demócratas del Congreso conducirlos a los brazos del Sr. Chávez?," preguntó el periódico.
Pero la situación es particularmente difícil para Colombia, que tiene el más alto récord de asesinato de dirigentes laborales en el mundo, con 72 muertes el año pasado, según la poderosa federación de sindicatos estadounidense AFL-CIO, tradicionalmente vinculada con los demócratas.
Uribe respondió que Colombia está dejando la impunidad atrás al desmontar el paramilitarismo e investigar la muerte de sindicalistas, que culminó con la condena de 61 personas en los últimos cuatro meses.
Michael Shifter, analista del centro de investigación Diálogo Interamericano, cree que los demócratas seguirán financiando el Plan Colombia, pero pedirán cambios para reforzar la Justicia, la protección a víctimas de la violencia y el desarrollo social.
"Uribe, sin duda, entendió que el clima político cambió en Washington y su aliado próximo y amigo George W. Bush está debilitado y sin capital político, lo que hace los retos de Uribe mucho más difíciles," señaló.
Uribe dijo que viajará a Washington "cuantas veces sean necesario" para aprobar el TLC y obtener ayuda financiera para el Plan Colombia. Según la embajadora colombiana Carolina Barco, su próxima visita debe ocurrir en junio.