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Un país sucursal de Estados Unidos

09/03/2006 - L'Humanité, CMAQ, Ahora

El tratado firmado por Bogotá y Washington acentuará las desigualdades

« Salvo el aire, lo han privatizado todo. » Esta observación, seria e irónica de Gabriel resume la “vampirización” operada por las reformas neoliberales vigentes en Colombia. Un desastre, según este joven bogotano, quien exagera al sentimiento de desconcierto. Mientras que Colombia ostenta un potencial de desarrollo notable relacionado con su biodiversidad, sus indicadores sociales están en rojo. El libre-cambio del presidente Álvaro Uribe, consistente en atraer las inversiones extranjeras, ciertamente ha “boosté” la economía hasta el punto de mostrar un crecimiento cercano al 4% en el 2004. Pero sus consecuencias no han sido compartidas: 64% de los colombianos viven en la pobreza absoluta.

Un estudio del Banco Mundial subraya que¡ los niveles de desigualdad de hoy son similares a los de 1938!. La protección social se ha reducido a la poción congrua, casi la mitad de los colombianos no tienen acceso a las medicinas. La flexibilización del trabajo ha minado considerablemente la estabilidad del empleo, acelerando la precarización de los asalariados. La tasa de desempleo, primera preocupación de los colombianos según una encuesta reciente, alcanza el 14%. Consecuencia de la liberalización “Uribista”: las compañías extranjeras se dividen el patrimonio nacional, como por ejemplo la explotación del petróleo, pagando por ello unas ridículas regalías. <>, consideran en los medios progresistas o sindicales. Una opinión compartida que explica la impopularidad del TLC, firmado por Washington y Bogotá, el 26 de febrero último al final de veintiún meses de ásperas negociaciones.

Según varias encuestas, cerca del 70% de los colombianos se oponen a éste, algunos del unilateralismo de los acuerdos: El primer sector que sufrirá de las condiciones comerciales impuestas por los Estados Unidos: la agricultura. Un millón de hectáreas de cultivos corren el riesgo de desaparecer mientras que dos millones de toneladas de maíz provenientes de Estados Unidos (exentos de tasas de aduana) inundarán el mercado andino. Igual exposición para la industria farmacéutica. Protegiendo con un plazo mayor las patentes de sus medicinas, los trust norteamericanos retrasan de esta manera la producción de genéricos accesibles al mayor número de personas. Los mismos negociadores colombianos son escépticos, las flacas contrapartidas obtenidas para los productores de café, por ejemplo, no representan ningún peso frente a los sacrificios consentidos. Sin duda, los billones de dólares de la administración americana que financian la fumigación de las plantaciones de coca y la “caza” a la guerrilla, habrían dado al traste con las tímidas reticencias de Bogotá.

El TLC es desde ahora el escollo de las elecciones, el senador del Polo democrático y alternativo, Jorge Enrique Robledo, comparándolo con un “auténtico maremoto económico contra el empleo y los ingresos de los campesinos, de los indígenas y asalariados”. Por el lado de las centrales sindicales, la indignación es total, y por añadidura el presidente Uribe anuncia la creación de un impuesto para afinanciar a los sectores perjudicados por el TLC. El presidente de la Central Unitaria de los Trabajadores, Carlos Rodríguez, lanzó “un estado de alerta general”, rechaza que la sociedad pague las consecuencias de ese tratado, sentido por un gran número de personas como una anexión de Colombia.

Las legislativas del domingo deberían confirmar al presidente y la derecha, comprometidos en una guerra sucia contra la guerrilla e incapaces de reducir la pobreza.

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Nacimiento de un polo democrático

Las elecciones legislativas serán también las primeras desde la reforma del 2003 confirmando la desaparición de los pequeños partidos con menos de un2% de los votos, una razón que ha empujado a varios partidos a realizar alianzas con el fin de evitar la muerte en las urnas. Es el caso de los principales partidos de izquierda en Colombia (Polo Democrático y Alternativa Democrática), obligados a fusionarse en una sola formación para dar nacimiento a un Polo Democrático Alternativo (PDA), en el cual se encuentran entre otros los comunistas. Este tipo de acercamientos ha sido concluyente en el pasado, particularmente en las municipales del 2003, en el que ciudades como Bogotá y Medellín giraron a la izquierda.

A pesar de un crecimiento económico sostenido, Colombia en el período Uribe ha hecho poco para luchar contra las desigualdades. Por el contrario, las políticas neoliberales, destinadas a atraer la inversión extranjera y puesta en marcha por el Fondo Monetario Internacional no han hecho más que agravar la situación de un 64% de colombianos que viven por debajo de los límites de la pobreza. (................................)

Un país enormemente militarizado

Durante sus cuatro años de poder, Uribe ha sido beneficiado por el apoyo incondicional de Estados Unidos en su política ultra securitaria, que tiene por meta “eliminar” los movimientos guerrilleros. Bajo diferentes aspectos, que se trate del Plan Colombia, de la estrategia de defensa o de la política de seguridad democrática, nunca el país había estado tan militarizado. Esta estrategia ha tenido efecto en la disminución de la violencia. Pero atacando frontalmente a las guerrillas en una “guerra sucia” (las FARC sobretodo, el ELN se ha comprometido en un proceso de negociación con el gobierno) y reprimiendo igualmente de manera violenta a sectores de la sociedad, como los sindicatos, hostiles a su política económica y social, el gobierno de Uribe ha cerrado por mucho tiempo toda posibilidad de acuerdo político.

Hay pocas oportunidades para que finalice el conflicto con las FARC: Este movimiento tiene su parte en las exacciones, ha intensificado sus ataques, y ha rechazado cualquier intercambio de rehenes por prisioneros mientras Uribe esté en el poder. El último aspecto del mandato que se acaba, la desmovilización de los paramilitares de extrema derecha (AUC). Este proceso no es efectivo y permite por el contrario a los “paras” , favorecerse con la impunidad, mantener sus redes criminales, continuar con sus ataques a los progresistas y gangrenar la vida política colombiana hasta el seno mismo del Congreso.


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