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A pocos días de las elecciones legislativas del 12 de marzo, las guerrillas de extrema izquierda y las milicias paramilitares de extrema derecha dominan el debate político colombiano. El jueves 2 de marzo, los jefes del ELN anunciaron para el tiempo del escrutinio, una tregua unilateral. Por el contrario, los guerrilleros de las FARC multiplican los ataques.
Los paramilitares desmovilizados igualmente están en el banquillo. Los observadores internacionales y la prensa colombiana denuncian las presiones que estas milicias y sus jefes, muy ligados al narcotráfico, ejercen sobre la vida local.
Aparentemente se necesita más que eso para deslucir la imagen del presidente Álvaro Uribe, a quien las encuestas acreditan un 70% de opiniones favorables. El jefe de Estado inscribió oficialmente su candidatura a un segundo mandato, este miércoles. La presidencial está prevista para el 28 de mayo.
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El viernes, el gobierno aceptaba reconocer el status político de los jefes guerrilleros del ELN. La organización dispone aún de 4.000 hombres en armas y está muy debilitada militarmente.
Los guerrilleros de las FARC, los que serían unos 17.000, rechazan cualquier negociación. Cinco de los veinte departamentos del país están parcialmente paralizados, desde hace dos semanas, por sus “piquetes de huelga armada”
Los vehículos públicos y privados que infrinjan la prohibición de circular se exponen a las represalias de la guerrilla. Decenas de camiones y de automóviles han sido quemados. Dieciocho personas, entre las cuales nueve concejales municipales, han sido asesinados hace una semana. Una afrenta para un gobierno que había prometido pacificar el país.
DESAFÍO A LA DEMOCRACIA
Los paramilitares lanzan un desafío diferente a la democracia colombiana. Resultado de las negociaciones de paz realizadas por el gobierno de Uribe: oficialmente, más de 22.000 milicianos han dejado las armas.
Pero un informe de la Organización de Estados Americanos OEA, difundido esta semana, afirma que 4.000 combatientes han vuelto al monte.”La desmovilización apresurada de los narcoparamilitares ha revelado a la luz del día, lo que todo mundo ya sabía. Los comandantes desmovilizados han admitido públicamente sus lazos con ciertos militares, una parte de la clase política y las élites regionales” afirma la analista Claudia López.
Los jefes paramilitares no esconden sus ambiciones políticas. En marzo 2.002, Salvatore Mancuso, jefe “para” entonces en la clandestinidad, afirmaba controlar el 35% de los miembros del congreso. Según la Señora López, “nada permite pensar que la influencia paramilitar en el congreso vaya a disminuir”. Según el diario El Tiempo, del 2 de marzo, “Jorge 40”, un sanguinario comandante paramilitar de la costa caribe, acompaña abiertamente la campaña de los candidatos designados por él.