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Íngrid, tres años después  Por Mauricio Vargas

06/03/2005 - El Cambio

Muchos farcólogos aseguran que para Tirofijo y sus amigos, el tiempo pasa muy despacio. Aseguran esos conocedores del grupo guerrillero, que para sus comandantes un año no es nada, y una década, apenas un poquito. "Tienen una noción campesina del paso del tiempo", me dijo un día un viejo ex comunista que los trató de cerca. Esa noción ha sido aplicada con una crueldad sin nombre a Íngrid Betancourt y a Clara Rojas –secuestradas hace tres años–, así como a cientos de soldados, policías y colombianos de diferente origen, de cuyas vidas estos hampones resolvieron apropiarse.

¿Por qué se ha prolongado tanto el drama? Primero que todo, por una decisión de las Farc que se sustenta, de modo criminal, en esa visión del tiempo ya referida. Y en segundo lugar –como lo he dicho en anteriores ocasiones– por un error de cálculo que, de buena fe, han cometido algunos familiares de los secuestrados y en el que han contado con la compañía de mucha ONG entre ingenua y malintencionada, y mucho gobierno europeo entre torpe y oportunista.

El error es muy sencillo: como la prolongación infinita del secuestro de Íngrid se convirtió en una piedra en el zapato para Álvaro Uribe, las Farc no tienen la menor intención de liberarla. Saben estos asesinos que, mientras la tengan en su poder, sus familiares, esas ONG y algunos diplomáticos europeos seguirán cuestionando, no a las Farc, como sería lógico, sino al mandatario colombiano. Conclusión: no la sueltan por nada del mundo.

No es la primera vez que me pregunto en esta columna ¿qué habría pasado si toda esa presión de los familiares y de quienes los acompañan hubiese sido ejercida sobre las Farc y no sobre el Presidente? No sé, pero si sé que mientras Uribe sea el arrinconado, las Farc nada harán por liberar a Íngrid, pues les conviene tener al Presidente en esa posición.

Hace rato que los familiares de Íngrid decidieron golpear la puerta equivocada.

La última noticia es que el "canciller" de las Farc, Rodrigo Granda, capturado en diciembre con gran alboroto diplomático, estaba de intermediario para la liberación. Lo cuentan los familiares y el abogado de Granda. Y la acusación se deja leer entre líneas: al capturarlo, el gobierno colombiano se tiró una gestión que iba muy avanzada. Uribe respondió el miércoles con claridad que la captura de un criminal nunca puede ser leída como perjudicial. Y tiene razón.

Yo no sé si sea verdad que Granda andaba en ésas. Eso indicaría que es un hombre importante y no un ‘buchipluma’ como algunos críticos del Gobierno nos han dado a entender. Mi impresión es que Granda sí era importante, pero que, en materia de secuestros, andaba más ocupado en retenciones que en liberaciones. CAMBIO, Semana y El Tiempo publicaron en recientes ediciones claros indicios sobre el papel que jugó este hombre en la asesoría a los terroristas paraguayos que secuestraron y asesinaron a Cecilia Cubas, la hija del ex presidente Raúl Cubas. ¿Será que, además de ayudar a secuestrarla, Granda se disponía ahora a enseñarles a estos noveles terroristas cómo negociar su liberación y cómo aprovechar a sus familiares para atacar al gobierno de Asunción?

Qué lástima la ausencia de Íngrid, una mujer valiente y decidida que, en un acto de voluntarismo típico de su personalidad, creyó que podía aportar un grano de arena en momentos críticos del fallido proceso de paz con las Farc, y se convirtió en la rehén estrella de estos terroristas. Y qué lástima que las esperanzas de su liberación se diluyan cada vez más, por cuenta de la utilidad política antiuribista que Tirofijo y sus cómplices encuentran en mantenerla retenida, entre otras cosas porque quienes más presionan esa liberación decidieron hace rato golpear la puerta equivocada.


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