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En Buenos Aires, las madres de la Plaza de Mayo han dejado de manifestar después de 25 años de lucha. En las plazas de Medellín, las familias víctimas del conflicto colombiano han tomado el relevo.
Una tarjeta blanca de Matthieu de Nanteuil, sociólogo y filósofo, profesor en la Universidad Católica de Lovaina (UCL) y miembro del Laboratorio interdisciplinario de sociología económica (LISE-CNRS, París). Matthieu De Nanteuil es uno de los responsables de la asociación "Ingrid Por La Paz" que reúne los comités Ingrid Betancourt en Bélgica.
Los primeros brotes se abren paso bajo la costra que envejece de un invierno ya lejano, las luces se prolongan, se alivian de un a modo de peso silencioso. Mayo. El avance tembloroso del día, la muerte cambiada en vida por intermedio de una fiesta religioso o laica, de una ramita de muguete, de un amorío en bandolera. Y luego, la calle. Esas risas de los niños que vuelven a la calle, liberadas de las garras del invierno, mezcladas al polvo de la tarde. Mayo, Su luz, sus esperanzas, sus risas y, en esta caja de resonancia entre dos épocas, todos los ecos del mundo.
Hace algunos meses, en Buenos Aires, las Madres de la Plaza de Mayo dejaban de manifestar porque después de 25 años de lucha casi cotidiana, ellas habían alcanzado su objetivo: que los responsables de las desapariciones, torturas y asesinatos de sus maridos, hijos, hermanos y amigos fueran llevados ante la justicia y que los cuerpos amados les fueran restituidos. En las plazas venteadas de Medellín o Bogotá, las familias de las víctimas del conflicto colombiano han tomado el relevo.
Ellas manifiestan su apoyo indefectible a sus parientes, exigiendo el fin de la impunidad para quienes secuestran, torturan, asesinan, y reclaman la instauración de un acuerdo humanitario entre las guerrillas –FARC, ELN principalmente – y el poder en ejercicio. Con esta orden, tan simple: "por la libertad, con dignidad". Contra la opción de hagamos la guerra de un gobierno que rechaza toda negociación, protege la acción de los paramilitares responsables de la casi totalidad de los homicidios de los defensores de los derechos humanos, deja la injusticia social hacer el lecho de la violencia ordinaria, dentro de la cual las guerrillas sacan la energía de su empecinamiento y fanatismo.
Las voces por la paz, a las que hacen eco 1.607 ciudades o municipios del mundo, las cuales en este mes de mayo ya han elegido a Ingrid Betancourt como ciudadana de honor, para expresar su apoyo a cada secuestrado colombiano, mantener la presión internacional a favor del acuerdo humanitario y recordar que en un mundo saturado de técnica y de desigualdades, la política auténtica empieza con el valor de algunos seres, cuyas vidas amordazadas son el precio de un compromiso sin fallas por el derecho y la democracia
Mayo, mezcla de caos y resistencias. Y de repente, esta noticia a contra corriente de la Historia, oficializada hace unas semanas, poco antes de la elección presidencial que tendrá lugar este fin de mes: Clara Rojas, directora de la campaña de Ingrid Betancourt, habría tenido un hijo en cautiverio hace más de un año, "un hijo deseado", precisa Jorge Botero, periodista colombiano que publicó la información en un libro reciente. La noticia molesta, escandaliza.
En el 2.005, la Oficina de la Comisión por los Derechos del Hombre de la ONU "ha seguido registrando denuncias por desapariciones forzosas". Estas actuaciones, "confirmadas por el descubrimiento de fosas clandestinas, individuales o colectivas", son fruto de " la omisión por parte del aparato del Estado o de nexos observados en ciertas regiones, entre funcionarios y paramilitares. Antes de ser ejecutados, las víctimas han sido desmembradas para que ocupen menos espacio". Por otra parte, "las agresiones contra la población civil y los atentados ciegos atribuidos a las FARC dejan duras consecuencias para los civiles. En ciertos casos muy graves, niños han sido afectados porque sus escuelas servían de base de operaciones o se encontraban cerca del objetivo señalado". ¿Estamos seguros de qué es lo escandaloso?
Más allá de la realidad misma – no verificable en las actuales condiciones de la guerra – hay en esta noticia la memoria del acto ejemplar de Clara, la cual decidió seguir a Ingrid hasta su bajada al infierno por fidelidad a un ideal. Tenemos sobretodo esta llamada de atención, simple y fulminante, que la rutina nos hace olvidar a menudo: Los vivos aprisionados son eso, vivos, no cosas, únicos e irremplazables. Rincones hundidos en la lógica de la cifra que nos ata a la nada.
En un magnífico libro, Nancy Huston hacía decir a uno de sus personajes, judeohúngaro salvado de los campos de la muerte, testigo impotente de las exacciones cometidas en Argelia: "Y en Argelia, cuántos hermanos ajusticiados, desmembrados, masacrados, muertos, muchos. András conoce las cifras, como las de su propio pueblo, las cifras inauditas, inimaginables. Se trata de imaginarlas una por una, de no deslizarse en la pereza del pensamiento y hablar en millares, pero recordar: cada hombre un niño, cada mujer una viuda o una madre de luto, cada cabeza estallada un mundo apagado. Con que venid ahora, hay que manifestar".
Mayo. La plaza del mismo nombre, pisoteada por las lágrimas y las luchas, tendrá mañana otras formas, otros nombres.
Como esta pequeña plaza de un pueblo de la Drôme de donde salen las cartas de aquellos que con algunas palabras quieren significar su apoyo a todos los secuestrados de Colombia (ndlr. ver http://www.Aeropostale-3000.org/Esp). Mayo colocado entre dos épocas para expresar la dicha de una vida más fuerte que todos los encierros y la vergüenza de nuestro consentimiento a lo irreparable. A menos que escuchemos el llamado de Nancy Huston: "Con que venid ahora, hay que manifestar".