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La militarización de Los Andes

09/05/2006 - L'Orient Le Jour

L'Orient Le Jour publica un análisis de Juan G Tokatlian quien dirige el departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad San Andrés de Buenos Aires, en Argentina.

Mientras el mundo entero tiene la mirada puesta en Irak, el Plan Colombia concebido por los Estados Unidos para luchar contra el narcotráfico y las guerrillas de izquierda en Colombia, es una estrategia que podría ser puesta en marcha en todos los países de los Andes, incluso en toda América latina. Sólo se habla de Colombia en este momento de la posible reelección este mes del presidente Álvaro Uribe. En este contexto, la propagación del Plan Colombia, pese a sus resultados poco concluyentes, pasa desapercibido

Cuando se presentó en el año 2000, el Plan Colombia tenía dos razones de existir: atacarse a la producción y a la exportación de estupefacientes y reforzar la campaña de lucha contra las FARC. A la sazón, los Estados Unidos consideraban que estas dos amenazas cada vez más ligadas, sin una reacción militar apropiada, llevarían a la ruina al Estado colombiano.

De hecho, Colombia había recibido entre 1989 y 1999,1.4 millardo de dólares de los Estados Unidos para luchar contra el narcotráfico y aún no había resuelto el problema. Peor aún, las FARC no hacían más que reforzar su influencia económica, territorial y militar. Entre 1995 y 1998, el ejército colombiano tuvo su período más terrible – víctimas, capturas y emboscadas – en cuatro décadas de guerrilla.

Como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre del 2001 y la reacción del gobierno de Bush, la <> golpeó a Colombia. Después de tres años sin éxito, los intentos de diálogo entre el gobierno de Andrés Pastrana, predecesor de Uribe, y las FARC terminaron en febrero del 2002, con una clara internacionalización del conflicto por el hecho de la intervención indirecta y masiva de los Estados Unidos.

Entre el 2000 y el 2005, Washington ha dado unos 4 millardos de dólares a Colombia, de los cuales alrededor de un 75% para el ejército y la policía y ha aumentado su presencia en el terreno con 800 soldados y 600 agentes de seguridad privada. Desde ahora Colombia ocupa el quinto lugar (ndlr- según otras fuentes, el tercer lugar) en el rango internacional de los países que reciben ayuda de los Estados Unidos.

La política americana estaba (y lo está aún) dirigida a una <>, que debe ser librada antes que nada por los mismos colombianos: Pero es también a los colombianos a quienes corresponde llevar adelante la <> en América Latina. Los Estados Unidos se contentan con apoyar al Estado colombiano para evitar el hacer víctimas americanas en un nuevo frente e incrementar demasiado los compromisos de su ejército.

En tanto que estrategia de lucha contra el narcotráfico, el Plan Colombia resulta un fracaso manifiesto. A pesar de la erradicación química realizada por el gobierno colombiano de 523.000 hectáreas de coca entre el 2.000 y el 2.004, aún se cultivaron unas 114.000 hectáreas el año pasado. Y pese a la extradición, del 2004 al 2005, por el gobierno de Uribe, de 304 colombianos y 11 extranjeros (la mayor parte hacia los Estados Unidos), el crimen organizado relacionado con el narcotráfico sigue prosperando en Colombia.

Por cierto, los grandes carteles ya no existen. El narcotráfico se ha democratizado con la multiplicación de los “cartelitos”. Uno puede conseguir hoy drogas (naturales o sintéticas) más baratas y más puras que 15 años atrás cuando la edad de oro de los capos de Medellín.

Los resultados de la operación antiterrorista del Plan Colombia también son moderados. Verdad es que el ejército colombiano ha sido reforzado considerablemente en el transcurso de los cinco años pasados, en cuanto al plan de sus capacidades, su despliegue y su credibilidad ante el público. Hasta 2002 se habían señalado aproximadamente 3000 secuestros. En el 2005, gracias a los esfuerzos del gobierno sólo hubo menos de un millar. Entre el 2000 y el 2004, se debilitó al ELN y las FARC se retiraron en una zona de menor importancia, reduciendo claramente su potencial.

Sin embargo si el ELN resultó vencido en el plano estratégico, no es el caso de las FARC. Bien al contrario desde el 2005 ellos multiplican sus ataques. Además, Colombia no ha vuelto a recobrar verdaderamente su soberanía territorial en las zonas controladas por grupos armados derechistas tales como AUC. La inmunidad de las persecuciones, atribuida implícitamente a los paramilitares a cambio de su desmovilización no ha obtenido los efectos esperados.

En cinco años, el Plan Colombia que se inscribe en una lucha simultánea contra dos azotes – la droga y el terrorismo-, sólo ha arrojado resultados insuficientes y dudosos. Los responsables no por ello han cuestionado su táctica. Al contrario los Estados Unidos y el gobierno de Uribe consideran la experiencia colombiana como un “modelo” que reproducir por doquier en los Andes para impedir el fracaso del Estado en otros países vecinos.

Los Estados Unidos ya han empezado a exportar dicho “modelo”. En Ecuador se han implantado militarmente con el pretexto de la renovación de la base aérea y naval de Manta. En Perú continúan ejerciendo presiones al gobierno para derribar aviones sospechosos de vínculos con el narcotráfico. En Bolivia, intentan convencer al nuevo gobierno de Evo Morales de que continúe una ofensiva contra la droga condenada al fracaso. Sin embargo, igual que en Colombia la militarización de la guerra contra la droga y de la guerra contra el terrorismo, no parece que pueda acarrear más que problemas suplementarios.


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