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"Acepté en mi piel y espíritu la condición de rehén"

11/06/2007 - El Diario de Hoy

Fernando Araujo PerdomoFernando Araujo permaneció secuestrado por guerrilleros de las FARC durante seis años en una zona selvática de Colombia. En diciembre del año pasado logró escapar de sus captores. El presidente Uribe lo nombró Canciller ...

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Estuvo secuestrado por las FARC desde diciembre de 2001 hasta diciembre de 2006. ¿Cómo impactó en su vida ese drama?

Ser rehén me permitió mirar mi vida desde el interior. Sufrí enormemente. A través de ese dolor aprendí a entender mucho más a los demás. Me he vuelto más solidario con mi prójimo.

¿Qué significa estar en manos de secuestradores?

Estar secuestrado es algo terrible. Para empezar, uno ya no está más con las personas que quiere. Luego, la falta de libertad impide que uno se proyecte en el porvenir, imaginar su vida, construir un proyecto. Pero más allá de las privaciones cotidianas están las humillaciones a la persona.

Ahora bien, uno debe transformar ese drama en una oportunidad. Uno debe volver a los momentos más importantes de su vida, meditar y alejarse espiritualmente de las cosas que, en el fondo, no son indispensables.

Considero que lo más importante en la vida no son las circunstancias en las cuales uno se encuentra, sino más bien la actitud que uno adopta frente a las circunstancias extremadamente adversas.

¿Cómo fueron los primeros días en cautiverio?

Fueron los momentos más difíciles que he vivido. Mi angustia era terrible y no desapareció sino hasta el día en el cual asumí en mi piel y espíritu mi condición de rehén. Lo hice un mes después de que un grupo de las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC) me secuestró.

Esa aceptación me dio la fortaleza de asumir que estaba a expensas de los guerrilleros.

A partir de entonces, empecé a construir una razón para luchar por sobrevivir.

¿Qué hizo para no perder la calma?

Me propuse alcanzar varios objetivos. El primero fue el de vivir cada día con intensidad. El segundo, sacar provecho de la situación trágica. Tercero, me armé de paciencia y de esperanza.

En lugar de sumirme en la nostalgia, sentimiento inevitable para cualquier rehén, hice una lista de los buenos momentos que había vivido y encontré muchas razones para mantenerme con vida.

En lugar de quejarme de todas las privaciones a las cuales estaba sometido, guardé un sentimiento de gratitud por las buenas cosas que me rodeaban.

¿Tenía noticias sobre sus familiares y amigos?

Sí. Mi esposa, mis padres, hermanos y mis amigos me enviaban mensajes a través de la radio. Por eso intentaba calmar mis inquietudes y concentrarme en un objetivo principal: cuidarme, velar por mi salud.

El amor y los mensajes de solidaridad que me transmitían a través de la radio me daban tranquilidad y mucha fuerza. Soñaba con el día en que volvería a ver a mi familia y abrazarlos.

Al final de mi cautiverio, esa dura experiencia nos ayudó a crecer espiritualmente.

¿Cómo era la rutina diaria?

Dependía de las circunstancias. En las zonas selváticas, el modo de vida cambia debido al clima. No se vive de la misma manera en verano o durante el invierno.

Les parecerá extraño, pero el clima provoca cambios en los ruidos, la vegetación y hasta en la piel. Influye sobre el sueño. A pesar de todo una rutina se instala.

¿Descríbanos un día?

Me levantaba temprano, alrededor de las cuatro de la mañana. Encendía la radio y hacía un poco de deporte. Leía un periódico o hablaba con un guerrillero. Realizaba también algún trabajo manual.

¿Qué programas de radio escuchaba?

Oía Radio Francia Internacional (RFI) y por eso empecé a entender las noticias en francés. Estaba bien informado de la realidad mundial. También escuchaba la Deutchvelle, de Alemania.

A eso de las cuatro de la tarde, sintonizaba la BBC de Londres, para mejorar mi inglés. Luego, venía la cena alrededor de las cinco. Después instalaba una hamaca y me dormía.

¿Que comía?

Teníamos un régimen a base de cereales. Porque donde me tenían los guerrilleros no hay energía eléctrica para conservar los alimentos. Comíamos frijoles y arroz. Algunas veces carne o sopa de huesos de res. En otras ocasiones pasta. Comíamos pocas frutas de la región.

¿Cómo fue la relación con sus captores?

Siempre tuvimos una relación de respeto. Nunca hubo intento de influir en mis ideales. Hacían un esfuerzo voluntario para tener una relación amable. Sabían que el secuestro iba a durar un tiempo largo y que esa situación me podía causar problemas físicos y sicológicos. He tenido suerte en no volver enfermo de los seis años que estuve cautivo.

¿Cómo viven los guerrilleros en las zonas selváticas?

Fui testigo de un cambio. Cuando me secuestraron en el 2001, los guerrilleros vivían en condiciones confortables: hacían fiestas, ponían bloqueos sobre las calles, robaban, tenían un buen equipo bélico y vehículos todoterreno.

Me llevaban agua embotellada, pero seis años después la situación cambió de forma radical:

Se acabaron las fiestas y las borracheras, tuvieron limitaciones para movilizarse.

El agua que bebíamos después provenía de fuentes sucias y la comida empezó a ser muy limitada y cada vez morían y desertaban más guerrilleros.

¿Tuvo contactos con otros rehenes?

No, nunca. Siempre estuve solo con los guerrilleros.

¿Tuvo contactos con los cabecillas de las FARC?

Sí. En los últimos años, con el jefe del llamado Frente 37 de las FARC, conocido por el alias de Martín Caballero.

¿Supo algo de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, que aún está secuestrada?

Sólo lo que escuche en la radio. La región donde me tenían era una zona selvática del norte de Colombia, está alejada de la zona donde creemos que tienen a Ingrid.

¿Si pudiese mandar un mensaje a las FARC, qué les diría?

El mensaje es muy claro: liberen a los rehenes. La captura de gente es un delito atroz contra la humanidad. Creo que la comunidad internacional nos debe acompañar para presionar por la libertad. Particularmente, Francia que debería entender que no se debe poner en un mismo rango al gobierno colombiano del presidente Álvaro Uribe y a las FARC.

¿Qué mensaje le envía a Ingrid Betancourt?

Estoy seguro que es una señora muy valiente y que asume su situación de rehén con una mente positiva.

Le digo que debe guardar la esperanza y mantener sus convicciones. El mensaje va para todos los secuestrados: intenten sacar ventaja de su difícil situación.

¿Es posible liberar a Ingrid Betancourt por la vía militar?

Preferiría obtener la liberación después de un intercambio humanitario. Pero no excluyo una liberación por otros medios.

¿Será posible ganar la guerra en Colombia sin negociaciones?

Si, lo creo. Conocí operaciones militares contra el grupo que me tenía secuestrado que si hubiese continuado los habrían desmantelado.

Gracias a las acciones del Ejército colombiano las FARC tuvieron que retirarse de zonas que tenían bajo su control.


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