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Un conflicto con orígenes sociales y políticas

30/06/2006 - L'Humanité

El abismo que separa a una poderosa élite de una aplastante mayoría de colombianos confinados a la pobreza es una de las explicaciones de la situación colombiana.

Por Cathy Ceïbe enviados especiales de l'Humanité" a Colombia

Del fondo de humedad de la selva colombiana, Gladys, Arley, Daisy y Manuel sueñan “con una nueva Colombia”. Ellos han unido su destino al integrar las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del pueblo (FARC-EP). Salidos de familias modestas, es decir pobres, la iniquidad, la violencia y la arbitrariedad motivaron su alistamiento “Me acuerdo del ejército desembarcando en mi pueblo, cuenta Daisy con una voz inexpresiva . Violaban a las mujeres, robaban a las gentes y luego los desplazaban”. Y acordarse de la incapacidad para actuar frente a esta situación. “La mayoría de los campesinos no tenían tierra ni casa mientras que una minoría se compartían las riquezas. Todas las invasiones de tierras fueron sistemáticamente reprimidas.”

Es este abismo, siempre abierto, entre una élite poderosa y una aplastante mayoría de colombianos confinados a la pobreza lo que denuncia Manuel: “Vivimos en un país cuyo patrimonio está entre las manos de una oligarquía y de gringos. Este gobierno invierte en la derecha mientras que los derechos están más roídos cada vez”.

Según ellos, no tenían otra opción que la de tomar el camino del monte, la acción legal dentro del paisaje democrático estaba excluido por causa de la ferocidad de la represión. En el origen el conflicto colombiano fue un conflicto rural, la inmensa mayoría de los campesinos estaban privados de la tierra. Tanto las bases sociales como el jefe histórico de las FARC-EP Manuel Marulanda, el guerrillero más viejo del mundo, son de origen campesino. “La exclusión social y política así como la ausencia de una real democracia es una explicación pero no una justificación, explica Jorge Rojas, expresidente de la Consulta para los derechos humanos y el desplazamiento. Esta precariedad democrática se refleja en un modelo económico exangüe, desigual en donde priman la desigualdad, la concentración de las riquezas entre fuegos de paja y dependencia de los intereses económicos de Estados Unidos”.

Todavía es preciso agregar el brazo armado de los paramilitares, el poder del narcotráfico, el banditismo y las exacciones del ejército. Jorge Rojas estima que Colombia “oscila en una acción pendular entre guerra y paz. Una guerra que no puede ganarse militarmente sino políticamente por la vía del diálogo. Es nuestro dilema principal.”

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