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Los colombianos se unieron este jueves en un masivo clamor por la libertad de los secuestrados, que no consiguió sin embargo disminuir la brecha entre quienes piden un acuerdo humanitario con la guerrilla de las FARC y el gobierno, que insiste en que sólo los rebeldes son culpables.
Al mediodía, millones de personas se lanzaron a las calles a lo largo y ancho de Colombia, muchos de ellos enfundados en camisetas que pedían "Libertad sin condiciones ya", en una escena que se repitió también entre las comunidades colombianas residentes en ciudades de Europa y América.
"El resultado de estas marchas, al menos en principio, es que sale fortalecido el presidente (Alvaro) Uribe y quedan políticamente debilitadas las FARC, pero lamentablemente al mismo tiempo se alejan las posibilidades de un intercambio humanitario vía canje", señaló el politólogo Fernando Giraldo.
Los mensajes contradictorios dejaron en claro las diferencias que el tema genera entre los colombianos. "Libertad y firmeza" decía una de las pancartas, mientras que a su lado otra señalaba "Canje, para volvernos a ver".
Otro grupo reclamaba mediante volantes que no se olvide que también los paramilitares de ultraderecha mantienen a 279 secuestrados, pese a su anunciada desmovilización que según el gobierno colombiano concluyó el año pasado, tras una polémica negociación que concedió a sus líderes una pena máxima de ocho años de cárcel.
"La sociedad esta dividida entre quienes piden un intercambio humanitario, incluso si se requiere un canje, y quienes creen que esa salida no es posible", indicó a la AFP Giraldo, décano de ciencias políticas en la universidad Javeriana.
"Mientras se siga insistiendo en ver el problema simplemente con el esquema de buenos y malos, y no busquemos entender que es lo que nos está pasando, esa solución estará más lejos", apuntó Giraldo, consultado teléfonicamente desde Cali (suroeste).
En esa ciudad, donde fueron secuestrados los 11 ex diputados cuya muerte en cautiverio fue anunciada la semana pasada por las marxistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), quedó en claro esa distancia entre los sectores sociales.
Miles de personas abuchearon a Carolina, la joven hija de uno de esos diputados, Carlos Charry, cuando tras condenar a la guerrilla por la muerte de su padre, dijo también que el gobierno era cómplice porque "fue inferior al compromiso de devolvernos a los rehenes" con vida.
Un total de 3.143 colombianos están secuestrados, según cifras de la ONG País Libre, de ellos 765 en poder de las FARC, que propone canjear a un grupo de 45 rehenes -que incluye a la colombo-francesa Ingrid Betancourt y tres estadounidenses- por rebeldes presos.
Pero el gobierno, que se dice dispuesto a ese canje, rechaza de forma enfática las peticiones de las FARC para negociar el intercambio en un territorio desmilitarizado de 800 km2 en el suroeste de Colombia, que incluye a los poblados de Florida y Pradera.
Yolanda Pulecio, madre de Ingrid Betancourt, pidió que no se politizara la manifestación de este jueves y señaló que el propósito de ella no era sólo reclamar a quienes tienen los cautivos, "sino también a todos aquellos que pueden hacer algo para liberarlos".
La marcha "no puede ser contra las FARC, sino contra quienes no quieren el acuerdo humanitario", puntualizó Pulecio a la AFP.