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Diamantes sangrientos es una película que muestra el conflicto de Sierra Leona y su financiación a través de diamantes, explotados por secuestradores, que se venden en el mercado en forma clandestina. Igualmente, y como un tema colateral, aparece el secuestro y reclutamiento de niños por parte del ejército revolucionario para convertirlos en soldados por un proceso de transformación al que son sometidos.
Se describe primero cómo aterrorizan a estos niños haciéndoles temer por su vida, de manera que aprenden a obedecer; de esta manera rápidamente comprenden que tienen que someterse, pues es la única manera de sobrevivir. Luego los obligan a participar en asesinatos que, cuando han sido cometidos, los marcan de tal manera que ya no hay regreso; no hay forma entonces de que vuelvan a su familia y poco a poco el ejército y su comandante se convierten en familia y padre respectivamente. A esta explosiva mezcla se le agrega el consumo de droga, que sirve como anestesia para cometer crímenes con brutalidad.
Este constituye, sin duda, un impresionante ejemplo de cómo la guerra afecta a los niños. En forma directa algunos son víctimas y otros se convierten en victimarios de violencia. Como víctimas se ven afectados por traumas físicos y mentales. La violación y explotación sexual son muy comunes, especialmente las de niñas que son asaltadas o son tomadas a la fuerza para servir sexualmente a los rebeldes. Igualmente las minas antipersonales han discapacitado a numerosas personas y niños y la trata y trafico de niños es parte del conflicto. Los niños son además usados como portadores, mensajeros y en labores domésticas.
En el mundo, según Naciones Unidas, cerca de 20 millones de niños viven desplazados o refugiados por 30 conflictos armados y violación de los derechos humanos en diferentes países. Más de dos millones han muerto en la última década, seis millones han resultado discapacitados y 300.000 niños son soldados.
Colombia, como es apenas obvio, no es lejana a esta situación: 11.000 niños luchan en el conflicto armado, reclutados o secuestrados por la guerrilla en más de un 80% y el resto por los paramilitares. Al menos uno de cada cuatro combatientes irregulares de la guerra civil colombiana es menor de 18 años. Según Humans Right Watch, los grupos armados de Colombia se encuentran entre los peores violadores de las normas internacionales contra el reclutamiento y el uso de niños soldados.
Los niños colombianos sufren una experiencia muy similar a la descrita en la película a la que hice referencia; las cifras sobre niños desplazados, las víctimas de minas, los secuestrados y los abusados sexualmente son poco conocidas, lo que obliga a crear mayor conciencia de esta situación en nuestro país. Si bien el Gobierno ha ratificado el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados son necesarias más políticas públicas y más acciones de prevención y atención a los niños de la guerra cuyos derechos fundamentales han sido violados y cuyas vidas en condiciones de dignidad y respeto han sido truncadas. También se hace necesaria una mayor conciencia ciudadana del problema tan grande que sin duda también vivimos en este campo de nuestra historia como nación.
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Una voz más de admiración para López: Como colombiana lamenté la muerte del presidente Alfonso López, por ser el gran pensador de este país y el que nos hacía pensar. Sus reflexiones de gran inteligencia siempre traían otra mirada que generaba nuevas inquietudes y soluciones. Fue López un gran hombre, un humanista como ninguno en Colombia que sin duda vamos a extrañar.