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“Justicia y Paz es laxa, pero es ley”

11/07/2005 - El Pais

Para el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Augusto Castro, la ley que sirve de marco jurídico para el proceso con los ‘paras’ “es laxa, pero es ley”. “A un grupo tan poderoso como las Farc, tan bien armado y que sueña con el poder, la paz no le interesa o la ve como consecuencia de tomarse el poder”, afirma.

Desde niño siempre tuvo claro que su vocación era ser misionero, “estar donde los demás no quieren estar”. Para ello se preparó.

Estudió el bachillerato en el Instituto San Bernardo de La Salle, en Bogotá, filosofía en la Universidad Javeriana y teología en Roma. Se ordenó sacerdote en 1967.

“Mi proyecto de vida estaba en África, pero me mandaron para el Caquetá”, dice monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, el nuevo Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia.

“Allí —afirma— el trabajo fue duro: sustitución de cultivos ilícitos, promoción de comunidades vulnerables, apoyo a jóvenes en riesgo, reconstrucción del tejido social, y tener que lidiar con la guerrilla. Por eso la conozco”, afirma.

Gracias a su gestión fueron liberados, en 1997, los 60 soldados secuestrados en la Base Militar de Las Delicias.

Hace siete años y medio fue nombrado Arzobispo de Tunja, y desde hace cinco años ha servido de mediador entre el Gobierno y los grupos subversivos.

“Quiero hacer las cosas bien y no meter mucho la pata”, dice el prelado, quien accedió a hablar con El Pais sobre el intercambio humanitario y los frustrados diálogos de paz con la guerrilla, entre otros temas.

¿Su elección es un giro de la Iglesia a favor de la paz?

No, en absoluto. La Iglesia siempre se ha comprometido con la paz. Es una gran calumnia decir que ahora la Iglesia va a dar un gran viraje hacia la paz.

¿Cuáles serán sus principales retos como Presidente de la Conferencia Episcopal?

El primero y más importante es la evangelización. Estamos convencidos de que con los valores del Evangelio como la paz, la reconciliación, el perdón, la misericordia y la justicia, vamos a tener una sociedad diferente.

Hablando de paz, ¿por qué dice que el intercambio humanitario ha estado en la nevera?

Estoy presionando a las Farc. Hemos tenido correspondencia, pero he querido aprovechar este momento para sacar el tema de la nevera porque estaba completamente olvidado. Estamos hablando de gente que se está pudriendo en la selva y de familiares desesperados. Entonces hay que insistir.

¿El intercambio no se ha concretado por divisiones internas en las Farc?

Dentro de las Farc hay corrientes guerreristas y pacifistas, y hay ideólogos. Esperamos que haya una revolución interna que lleve a los sectores pacifistas y de diálogo a tener el bastón de mando para facilitar el acercamiento. Lo que pasa es que en un grupo tan poderoso, tan lleno de recursos, tan bien armado, y que sueña con el poder, el tema de la paz no le interesa o lo ven como consecuencia de tomarse el poder.

¿Para facilitar el intercambio humanitario, debería bajar la intensidad del Plan Patriota?

No creo que el Plan Patriota baje de intensidad. A cambio de una zona en donde se desarrolla el Plan Patriota, la guerrilla pidió dos municipios en el Valle (Pradera y Florida). Eso sí me parece posible como zona de seguridad o de confianza por unos días. No estamos hablando de zona de despeje, pero el Gobierno no lo ha considerado.

¿Por qué no se ha podido concretar un proceso de paz con el ELN?

Esa pregunta nos la hacemos todos: qué pasa que cada vez que el ELN está listo para despegar se echa para atrás. Una hipótesis es que internamente hay división. Otra, que tal vez está condicionado por las Farc.

¿Y por qué no ha habido avances con las Farc?

Con las Farc hemos mantenido contactos directos en la medida que la guerra lo ha permitido. La Iglesia quisiera generar esos acercamientos, pero lo que vemos es una guerra cada vez más acentuada: a raíz de la frustración con el proceso anterior todo mundo pedía guerra y guerra. Todos sabemos que este problema no se resuelve con más guerra.

Se dice que las Farc están ‘arrinconadas’. ¿Cómo las ve actualmente?

Se ha dicho que la guerra debilita a las Farc. Y no parece. La guerra le hace un gran beneficio a las Farc. Habían entrado en un estado de relajación muy grande, de aburguesamiento, ‘Joaquín Gómez’ —miembro del Secretariado— me decía: “para nosotros lo más grave es tener 20.000 hombres sentados debajo de un árbol, eso es fatal”. La guerra para las Farc es vitalidad, su razón de ser. Cuando el Gobierno los ataca esos muchachos dicen “nos tocó volver a ser guerrilleros de verdad, verdad”.

O sea, ¿el Plan Patriota ha reactivado el espíritu de combate de la guerrilla?

Claro, los ha reactivado, los ha obligado a disciplinarse, a ser más cautos, más precisos, y naturalmente todo eso no se traduce en paz.

Pero el Gobierno exige primero un cese del fuego...

Ese es un gran problema. El Presidente dice: “empecemos a dialogar, pero primero que haya cese del fuego”. Eso es lo ideal. Sin embargo, veo que es muy difícil que la guerrilla lo acepte. Lo que sí se podría es que la guerrilla empiece a dialogar sobre cese del fuego concertado, no impuesto.

b>¿Si el presidente Uribe fuera reelegido, las posibilidades de diálogo quedarían sepultadas?


No creo. El presidente Uribe es una persona sensata, inteligente, que muchas veces ha cambiado cuando ha visto que realmente había que cambiar. Ojalá se rodee de consejeros no guerreristas sino más pacifistas para que acentúe la salida negociada, más que la salida puramente militar.

El Gobierno dice que en Colombia no hay conflicto armado. ¿Eso es culpa de los asesores presidenciales?

Sí, esas son ideas de ellos, pero la comunidad internacional dice lo contrario. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Si no hubiera conflicto no se hablaría de solución negociada, no habría un Alto Comisionado de Paz ni se habría creado una Ley de Justicia y Paz.

Usted dice que la Ley de Justicia y Paz es muy laxa. ¿Por qué?

La Ley es laxa, pero es ley. No es un paso grande, pero es un paso hacia la paz. Es la primera vez en Colombia que hay parámetros claros de justicia para que estos procesos de paz no terminen en impunidad, en perdón y olvido. Hay que buscar ese equilibrio: que la paz no se construya sin justicia, porque entonces cualquiera puede levantarse en armas y ser declarado héroe nacional.

Pero la comunidad internacional no está de acuerdo con la Ley...

Claro. Michael Frühling —Delegado de la ONU para los Derechos Humanos en Colombia— tiene razón en todas sus críticas. La comunidad internacional quisiera penas de 50 años para delitos atroces. Pero hay que decir que esta Ley es un paso hacia la paz por el camino de la justicia y no de la impunidad. Si no se facilita el acercamiento a la paz, nos quedamos con penas altas, pero también con la guerra.

¿Es conveniente que el Presidente defienda la Ley criticando procesos de paz anteriores?

El Presidente ha tenido varias salidas así, pero también ha reconocido que a veces se ha zafado. Eso es parte de su temperamento.

¿Le gusta la posibilidad de que el presidente Uribe sea reelegido?

No quiero entrar en ese debate. Prefiero mantenerme al margen


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