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Un encuentro con las FARC

18/01/2008 - Le Courrier International - La Prensa, Canoé

En julio pasado, Un periodista pudo visitar un campamento guerrillero instalado en la tupida selva del Darién, cerca de la frontera entre Colombia y Panamá. Reportaje del diario panameño La Prensa.

“Pues que, ¿usted nos ve comer raíces?” Una sonrisa sarcástica ilumina el rostro del comandante Becerro. Hace alusión al enemigo numero uno de las FARC, el presidente colombiano, Álvaro Uribe, el cual declaró en varias oportunidades que su política militar tenía con el agua al cuello, a la más antigua guerrilla del continente y había reducido a sus miembros a comer raíces como los salvajes.

Cuando les pregunta a los guerrilleros si sus vidas son tan duras como parecen, ellos minimizan los problemas. “Comemos bien, tenemos un techo en invierno y mantas para el frío. Tenemos mucha experiencia”, precisa el jefe del Frente 57 (las FARC están organizadas en “bloques”, “frentes” y “columnas”). Los guerrilleros explican que cultivan maíz, bananos y arroz y crían gallinas, vacas y cerdos. “Y ¿cómo hacen ustedes para el resto? – Siempre hay gente que nos ayuda. Lo que no producimos lo compramos”. Para informarse y distraerse tienen radio y televisión. Y para comunicar, teléfonos móviles y satelitales.

El Secretariado de las FARC me dio autorización para realizar esta entrevista por Navidad del 2006, pero fue preciso esperar varios meses a que se reunieran las condiciones de seguridad necesarias y que los guerrilleros hicieran una pausa en su permanente desplazamiento. Para encontrarnos cerca de la frontera, tuvimos que pasar de Panamá a Colombia, navegando más de veinte horas por cuatro ríos diferentes y, pasar aún mucho más tiempo esperando que la confianza y la seguridad sean parte de la cita. “Nos movemos todo el tiempo”, me explicó Becerro. Este nomadismo y un conocimiento excelente de la región parecen ser, efectivamente, sus mejores armas contra el ejército.

Becerro es un hombre alto, cortés, que lleva en las montañas de Colombia, catorce años de “lucha revolucionaria” en su activo. La reunión –también está presente el comandante Pablo –se celebra bajo el precario techo de una escuelita de un poblado indígena, en donde sobreviven difícilmente 80 Indios Emberas quienes miran ir y venir a los guerrilleros con una mezcla de desinterés y costumbre.

Los jefes del Frente 57 dicen que se ha tornado una guerrilla muy móvil por dos razones importantes. La primera es la creciente capacidad operacional del ejército colombiano, gracias a la financiación y al entrenamiento recibidos de Washington. La segunda razón es una decisión estratégica para no “hacer más víctimas civiles”. Es lo que explica Pablo, comandante del frente responsable, del mayor número de civiles muertos en esta guerra: En efecto, el 2 de mayo de 2002, en las calles de Bojayá (departamento del Chocó), tuvo lugar un enfrentamiento entre varios frentes de las FARC y centenares de paramilitares de las AUC. Los guerrilleros lanzaron una bombona de gas contra los paramilitares, pero fallaron el blanco y esto provocó la muerte de 119 civiles que estaban refugiados en una iglesia. “Este accidente no hizo reflexionar, prosiguió Pablo, y, nos hace reafirmar que no hay que meterse con la población civil.”

En la guerra de la información, el peor enemigo de las FARC es uno de sus propios inventos: los secuestros contra pago de rescate. Según Becerro “El problema es que el gobierno los ha puesto todos en el mismo saco”. Los guerrilleros consideran a los policías y militares como “prisioneros de guerra” y no como “secuestrados”. Las personalidades políticas entre sus manos son “prisioneros que poseen un valor político, secuestrados entre comillas”. Los demás, esos que ellos reconocen como secuestrados, son el “el más desagradable medio de financiación”. Pablo afirma que el número de estos secuestros ha disminuido mucho y que el objetivo es el que “no haya más civiles así”. Justamente como civil, no puede uno impedirse pensar – aunque esté provisto de una autorización del secretariado de las FARC – en todos esos raptos, sobre todo cuando se ha esperado, durante largas horas, escrutando el restringido horizonte que ofrece la selva, buscando signos de su llegada….

(…………….)


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