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Este es uno de los capítulos del libro del policía que se les fugó a las Farc y que la editorial Planeta lanza la semana entrante.
" La noche en que se fugó Íngrid era oscura y lluviosa y los guerrilleros prestaban su turno de guardia, como siempre. El relevante de guardia tenía la misión de pasar revista a sus compañeros, pero se quedaba hablando en los puestos de guardia con los otros guerrilleros y en ese tiempo nos colocaban la cadena en la muñeca.
A mí me encadenaban al capitán Bermeo. En ocasiones nos podíamos sacar la cadena de la mano, pero en otras nos era imposible, y esa noche era una de esas en que era imposible. Llovía torrencialmente.
Nos estaban haciendo un encierro con alambre de púas y ya habían construido un pequeño campamento con un tanque de agua que se abastecía con una motobomba y un baño con un sanitario que habían fijado a una base de madera, el cual vaciábamos con un galón de agua que recortaron en la parte superior para mayor comodidad.
(...) Antes de la instalación del sanitario íbamos a los chontos y a Íngrid le habían hecho uno aparte, cubierto con hojas de palma. El día que estaban entablando ella pidió permiso para ir al chonto y, al mismo tiempo, alias 'Mauricio' o 'Pata Grande' se dirigió hacia el monte. Ella regresó y al rato regresó el guerrillero.
Como se necesitaban tablas, 'Pata Grande' no encontró otra solución que quitárselas al cambuche de Íngrid, ella le reclamó que por qué tenían que ser esas, que siempre estaban montándosela a ella. Él se enfureció y le dijo que no se la aguantaba más, que fuera a güevoniar al gobierno. Como se exaltó tanto y fue grosero con Íngrid eso llegó a oídos del comandante alias 'Enrique' -en la selva todo se escucha a gran distancia- quien al momento se acercó y habló con Íngrid.
Después de este incidente sacaron a 'Pata' del grupo que nos cuidaba, aunque seguía perteneciendo a la compañía de guerrilleros. Con el paso del tiempo, Íngrid me contó el motivo real por el cual 'Pata' se había puesto así ese día y fue que en el momento en que ella se fue para el chonto apareció 'Pata' de entre el monte y se le abalanzó con intenciones de tocarla abusivamente, ella le lanzó una cachetada mientras lograba salir de ese lugar. 'Pata' quedó ofendido y por eso después se portó como un maldito salvaje.
(...) Al día siguiente faltaban dos pares de botas, las de Amaón y las de Arteaga, quienes preguntaron por ellas a los guerrilleros. Contestaron que no sabían nada y como los guerrilleros permanecían con las botas dañadas, se pensó que algunos de ellos las habían cogido para ir a pescar.
El sargento Marulanda tenía que entregarle el radio a Íngrid. Fue al cambuche, la llamó, pero no contestó, entonces se lo dejó al lado de la cama. Cuando llegó el desayuno, pusimos la olla para que nos sirvieran y, como siempre, ellos contaron las ollas para que no se quedara nadie sin desayuno.
Cuando dijeron que hacían falta dos, todos nos preguntamos quién podía faltar, hasta que alguien finalmente dijo: "Faltan los doctores". Fueron a llamarlos para ver si iban a desayunar y la sorpresa fue que no había nadie en ese cambuche. Alertaron a todos los guerrilleros.
Amaón fue a mirar las botas que estaban en la caleta de Íngrid y, claro, eran las de él, pues la berraca de Íngrid, como sabía que los guerrilleros revisaban las botas, cogió las de Arteaga y Amaón y las puso en su caleta para que cuando alumbraran no sospecharan.
(...) Les pedíamos a los guerrilleros que nos dijeran la verdad en cuanto a la desaparición de Íngrid -en ese tiempo se manejaba la hipótesis de que sería posiblemente liberada-, que si era que la iban a liberar y nos estaban engañando, y por eso la habían sacado en la noche sin que nos diéramos cuenta, pero decían que no, que ella se había volado.
(...) Entonces los guardias, que prestaban usualmente turnos de dos horas, fueron redoblados y prestaban turnos de seis horas.
Quedaron pocos en el campamento, pero ya nos habían encerrado en el cerco de alambre y todo había sido perfectamente diseñado para evitar que nos detectaran. Los demás guerrilleros fueron designados para buscar a Íngrid y a Luis Eladio.
(...) Eran escuadras de diez hombres que cubrían cerca de cinco o seis metros por hombre y cincuenta o sesenta metros a orillas de los caños o ríos. También escuchábamos cómo gritaban llamando a Íngrid, pero sin éxito. Veíamos regresar a los guerrilleros, extenuados, después de largas caminatas en busca de aquellos que iban tras su libertad.
(...) Alias 'el Tigre' estaba de guardia y le pareció escuchar gritos en una dirección, dio la alerta y un grupo de guerrilleros salió hacia allá, pero volvieron a la hora, todos tristes y preocupados, pues ya estaban sentenciados a muerte: se decía que si Íngrid lograba volarse matarían a los responsables de la seguridad.
Al cabo de cinco días, Castellanos dijo: "Buenos días, doctora, ¿cómo le fue en el paseo? Y como él era gracioso no le creímos, pero al girar la cabeza vimos que venían entrando Luis e Íngrid, totalmente cansados y muy delgados. Les dieron el almuerzo, pero ellos no tenían ganas de comer, después de ese descalabro apenas probaron la comida.
Llegaron los guerrilleros para encadenarlos -era la primera vez que los iban a encadenar-; primero procedieron con Lucho y luego con Íngrid, pero ella se resistía. Llegó 'Gira', una guerrillera que era la segunda al mando de la compañía que nos cuidaba y cumplía las funciones de enfermera. Íngrid le decía que no permitiera que la encadenaran, que eso era una violación, que ella era mujer y que le ayudara.
La tenían entre dos guerrilleros, uno era muy pequeño y el otro era el negro 'Efrén'; ella se resistía, pero terminaron por ponerle la cadena a la fuerza. Íngrid le decía a 'Gira' que se le grabara esa imagen porque no la olvidaría nunca, pero la guerrillera le decía "cállese que usted no tiene moral".
(...) Cuando llegaron nos contaron brevemente lo que había sucedido. El problema fue que Luis Eladio se empezó a sentir mal de salud y lo poquito que llevaron de comida se les terminó, entonces ellos contemplaron la posibilidad de pedir ayuda a algún pescador que pasara por aquel lugar y vieron unos que venían en una canoa.
Se les ocurrió pedirles ayuda, pero cuando se acercaron se llevaron la sorpresa de que eran guerrilleros. Les dijeron "súbanse, gran hp" y los llevaron al campamento de nuevo. Lucho e Íngrid durante esos días tuvieron un desgaste físico impresionante, llegaron totalmente deteriorados, delgados y demacrados".
"(...) volvieron a la hora (los guerrilleros) preocupados, pues
ya estaban sentenciados: si Íngrid lograba volarse matarían a los responsables de la seguridad".
John Frank Pinchao, policía que se les fugó a las Farc en mayo del 2007.