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Víctima de la presión del cautiverio, Ingrid Betancourt, símbolo de los rehenes de la guerrilla colombiana de las FARC, se ha enfrentado a sus captores y mantuvo roces con otros cautivos, según una ex compañera liberada, que hace unos tres años convivió con la franco-colombiana.
"Con Ingrid estuvimos juntas cerca de un año. Ella llegó al campamento con los tres norteamericanos (estadounidenses también secuestrados) cuando nos separaron a los civiles de militares y policías", contó a la AFP Consuelo González de Perdomo, quien regresó a Bogotá esta semana tras ser liberada por la guerrilla.
González, secuestrada en septiembre de 2001, compartió un año --entre 2003 y 2004-- su cautiverio con Betancourt, con la asistente de ésta Clara Rojas -también liberada- y con la congresista Gloria Polanco, en una convivencia no exenta de problemas.
Tras su liberación, González trajo consigo pruebas de vida de ocho rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que develaron las dramáticas condiciones de vida y generaron una oleada de indignación y la convocatoria de protestas contra la guerrilla.
Sobre Betancourt, González recordó que se la "notaba muy flaca, flaquísima, y con problemas de salud pero mentalmente estaba firme", y subrayó que aún cautiva "debatía mucho, con la vehemencia que la caracteriza".
"Hubo momentos de tensión, de desespero y el mismo cautiverio nos generó conflictos" aseguró al recordar que cuando comentaban las noticias "algunos adoptaban posiciones radicales, entonces decidimos no volver a hablar de política".
Un recuerdo de Betancourt le vino a la memoria a González, al evocar uno de los traslados de campamento de los rehenes.
"Ingrid amanece muy mal. Tiene un gran dolor de estómago que le impide caminar. Algunos comentaban que era hepatitis. La trasladan bruscamente en una hamaca golpéandola contra los árboles y, sin contemplación alguna hacia su condición, la lanzan contra el suelo", añadió.
González también subrayó la solidaridad de las cuatro rehenes cuando se enteraron del embarazo de Rojas, entregada junto a ella por las FARC como un gesto al presidente venezolano Hugo Chávez y quien esta semana se reencontró con su hijo Emmnanuel, nacido en cautiverio y de quien fue separada por los rebeldes.
"Ingrid, Gloria y yo, le dimos toda clase de consejos" a Clara, recuerda, "pero dos meses antes del alumbramiento, a Clara la sacaron del campamento y la devolvieron 25 días después del parto".
González justifica los conflictos creados en el autiverio. "Éramos diez personas todas diferentes, con distintos conceptos frente a la vida y la situación dura que vivíamos".
También Rojas un día después de su liberación en Caracas admitió que durante el cautiverio tuvo disgustos con Ingrid, especialmente tras un frustrado intento de fuga.
El policía John Frank Pinchao que en mayo de 2007 logró escapar de su cautiverio, también evocó los roces entre rehenes. "Yo quiero mucho a la doctora Ingrid aunque peleamos mucho. Nos dejábamos de hablar por días por sus posiciones políticas", dijo.
La sicóloga Dary Lucía Nieto, de la fundación privada País Libre que atiende a víctimas del secuestro, aseguró que los conflictos entre rehenes son habituales.
"Una vez pasa la etapa de caos, confusión y negación frente al cautiverio, viene una etapa de aceptación, de crisis emocional que lleva a la depresión. Allí, el secuestrado se encuentra con otras de personalidades diferentes y eso genera el choques", señaló.
Sobre el drama físico que reflejan los rehenes en sus fotos divulgadas las últimas semanas, Nieto dijo que "el desgaste físico y las enfermedades que son recursos que usan los captores para aumentar el nivel de sometimiento".