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La saga de una fuga que estremeció a Colombia

14/01/2007 - El Nuevo Herald, The Guardian

Fernandu AraujoEn los seis años que pasó como prisionero de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Fernando Araújo mantuvo la cordura gracias a una rutina diaria y alargando al máximo cada cosa que hacía, hasta beber un vaso de agua.

El ex ministro de Desarrollo, de 51 años, se escapó de sus captores en la víspera de Año Nuevo, durante un ataque militar al campamento en el que se encontraba cautivo y deambuló durante cinco días a través de territorios hostiles en una historia que tiene fascinados a los colombianos.

Quizás lo más conmovedor es saber cómo Araújo, quien fue secuestrado por guerrilleros urbanos cuando trotaba por las calles de esta ciudad caribeña el 4 de diciembre del 2000, hizo para no darse por vencido durante los largos y aburridos días en el monte resguardado por jóvenes rebeldes.

''Cualquier tarea diaria que hiciera, desde bañarme, comer o lavar la vajilla, las convertía en actividades importantes'', dijo Araújo en una entrevista con AP.

Los colombianos han devorado cada detalle de esta extraordinaria y traumática experiencia.

''Al principio fue muy estresante, el súbito cambio entre vivir tu vida a repentinamente encontrarse secuestrado y comenzar a vivir mi nueva vida como rehén'', expresó.

Madrugaba cada día y luego escuchaba las noticias. Cuando caía en sus manos algo para leer, lo devoraba, como una vez hizo con un texto de química.

Araújo también aprovechó la oportunidad para tratar de entender la mentalidad de las FARC y lograr así una mejor comprensión del conflicto de cinco décadas que azota su país. Ahí los rebeldes secuestran personalidades políticas para intentar canjearlas por militantes presos o cobrar rescates.

''Estos son muchachos del campo, la mayoría analfabetos, que no tienen muchos conocimientos'', comentó. ``Reciben un adoctrinamiento permanente que les dice que el resto de la sociedad es mala o ignorante y que sólo los rebeldes son buenos''.

Los comandantes guerrilleros tenían el cuidado de cambiar a sus guardias para que Araújo no estableciera vínculos. De ahí que la mayoría de las conversaciones giraran en torno al fútbol y, por eso, este rehén miembro de la pequeña elite colombiana no formó amistades.

''Las relaciones siempre fueron cordiales, pero nunca una amistad'', expresó.

Mientras vivía con sus captores en una sucesión de campamentos en una región donde la temperatura podía exceder fácilmente los 37 grados a la sombra, Araújo tuvo que lidiar con la separación de sus cuatro hijos y la decisión de su esposa de divorciarse tras dos años.

''Me di cuenta de que ella había decidido tomar otro camino después de dos años de que sus mensajes pararon y no escuché de ella más en las noticias luchando por mi liberación'', dijo Araújo, un ingeniero civil.

En Colombia, hay radios que dedican programas para que familiares de los secuestrados les transmitan mensajes en la madrugada.

Un pensamiento permanente en su mente fue el de escapar, ''pero nunca vi cómo porque la vigilancia era continua'', dijo.

Dieciséis guerrilleros lo cuidaban en turnos de seis que cambiaban cada dos horas. La más grande compañía que tuvo alrededor constaba de 50 combatientes.

''Supe que lo primero que necesitaría era estar en buena condición física para cualquier escape, así que me ejercitaba cada día'', expuso.

La oportunidad llegó el 31 de diciembre, cuando apenas tuvo un segundo para jugársela. Escuchaba la radio cuando notó que helicópteros volaban cerca, algo a lo cual prestó poca importancia porque era común, pero cuando descendieron y abrieron fuego supo que era un intento de rescate.

Aprovechando la momentánea confusión de sus captores, se lanzó al suelo y se arrastró afuera del campamento tan rápido como pudo.

''Sabía que me matarían para detener el rescate; o escapaba o me mataban, así que fue cuestión de ahora o nunca'', recordó.

Corrió 24 horas sin descanso, deseando haberse distanciado lo suficiente de sus captores. Temía ser traicionado por colaboradores de la guerrilla y evitó las primeras casas que vio.

En un punto se topó con una montaña imposible de cruzar, así que debió retroceder y caminar en dirección al campo guerrillero.

Al quinto día encontró a un campesino que le dio un vaso de leche e instrucciones para llegar al pueblo más cercano.

Luciendo como un ''loco'' llegó tambaleante al pueblo, hambriento, sediento y exhausto, y finalmente encontró algunos soldados que lo abrazaron.

Luego de atender decenas de entrevistas, Araújo piensa ahora en su futuro.

''Regresar es un proceso, no es un instante'', dijo.

Aún se pellizca para asegurarse de que su libertad no es un sueño y tristemente no descarta abandonar Colombia porque le asusta que ''por haber escapado, la guerrilla quiera'' matarlo.


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