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La confesión de los crímenes de del más importante jefe de los desmovilizados escuadrones paramilitares de Colombia causó el martes indignación entre los familiares de sus víctimas, que lo acusaron de justificar asesinatos en la lucha contra la guerrilla izquierdista.
Salvatore Mancuso, el primer ex comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) que se presenta ante la justicia para cumplir los acuerdos de una negociación de paz con el gobierno, que contempla la confesión de sus crímenes y la reparación de las víctimas, fue calificado de "cínico."
De acuerdo con testigos que presenciaron el lunes y el martes la confesión a través de un circuito cerrado de televisión, en la sede de la Fiscalía de Medellín, Mancuso reconoció su participación en 87 hechos criminales, que incluyen masacres, secuestros y tráfico de armas.
"El dice las cosas como deportivamente (con frialdad), riéndose," dijo Leila Durango, quien busca a un hijo, padre de cinco niños, desaparecido por orden de Mancuso y que al parecer fue asesinado.
La cadena radial Caracol reveló que el ex jefe paramilitar admitió ser el autor intelectual de 336 asesinatos de personas con nombre propio y de centenares más que no identificó.
"Es una falta de respeto, porque él todo lo justificó como operaciones militares y casi 10 años después sigue afectando la dignidad de las víctimas, dice que fueron guerrilleros dados de baja," afirmó una mujer que sostiene que uno de sus hijos fue muerto por paramilitares que cumplían ordenes de Mancuso.
"Mas que una confesión fue un parte de victoria," aseguró Ana María Fallal, quien también acusó al ex jefe paramilitar de la desaparición y asesinato de su hijo.
Mancuso también reconoció la colaboración para una masacre de un fallecido general, comandante de una brigada del ejército, y aseguró que mensualmente entregaban 450.000 dólares para que los repartieran entre efectivos de las fuerzas armadas en el noreste del país, cerca DE la frontera con Venezuela.
SOBORNO A POLICIA
El dirigente paramilitar confesó haber ordenado el asesinato de un alcalde de un pueblo del norte de Colombia, y aseguró que estaba implicado en corrupción, versión que negaron los familiares de la víctima.
Mancuso reveló que en una ocasión fue detenido por la policía en el departamento de la Guajira, junto con otros jefes paramilitares, pero que recuperó la libertad con la mediación de un oficial de la policía que recibió dinero y posteriormente fue asesinato en una aparente pugna entre narcotraficantes.
El director de la Organización No Gubernamental Redepaz, Carlos Iván Lopera, relató que el ex líder paramilitar ha presentado todos los asesinatos y masacres como "operaciones conjuntas antisubversivas" y ha mencionado directa o indirectamente el apoyo de las fuerzas armadas.
La confesión de Mancuso, un ganadero de origen italiano de 42 años, ha sido ampliamente esperada por las delaciones que puede hacer sobre el apoyo que políticos, empresarios y efectivos de las Fuerzas Armadas dieron a esos escuadrones conformados en los años de 1980 para combatir a la guerrilla.
En medio de la negociación que iniciaron esos escuadrones a mediados del 2003 con el gobierno y que permitió que más de 31.000 combatientes entregaran las armas, el Congreso aprobó una ley que establece entre cinco y ocho años de cárcel para los paramilitares y los obliga a confesar sus delitos.
En la eventualidad de que los antiguos dirigentes de esos escuadrones omitan confesar sus crímenes perderán los beneficios jurídicos.
Colombia afronta un conflicto en el que las fuerzas armadas combaten a la guerrilla izquierdista que se financia del narcotráfico y que cobra miles de víctimas al año.