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Lo que va por debajo de un secuestro

18/02/2006 - Liberation

¿Acerca del libro "Ingrid Betancourt, historia de corazón o razón de Estado ? " de Jacques Thomet. Hugo Doc.

Están los hechos. Hace casi cuatro años, del 23 de febrero del 2002, Ingrid Betancourt fue secuestrada por la guerrilla de las FARC en compañía de su cómplice en política, Clara Rojas, en el momento en que ellas intentaban llegar a la guarida de ésta por carretera a 600 kilómetros al sur de Bogotá: La senadora franco-colombiana estaba en campaña presidencial, en la que Álvaro Uribe sucedió a Andrés Pastrana. La última prueba de vida de la candidata fue un vídeo difundido por la guerrilla y que data del 31 de agosto del 2003.

Y lo que va por debajo de los hechos que Jacques Thomet, director de la agencia AFP en Bogotá de 1.999 al 2.004, quiere dar a conocer a “las gentes burladas por la propaganda y el poder de engaño de las élites que manipulan la información” en Francia. Él nos lo dirá todo de un asunto que “revienta prioritariamente intimidades con todos sus encajes, y obedece a conflictos de intereses personales en detrimento de la razón de Estado y de los dineros públicos”.

Empieza derrocando la estatua. Ingrid Betancourt no es una Juana de Arco colombiana, escribe el autor, quien le hace un retrato más bien rudo, de burguesa juerguista que se precia de política. Repite a menudo que ella “sólo es francesa por casamiento”, como si esta nacionalidad no valiera gran cosa. Por el contrario, recuerda justamente que los colombianos quedaron atónitos , luego irritados, porque el libro de Betancourt “La Rage au coeur”, se vendía tan bien en Francia cuando nadie, hasta ese momento, se había interesado en la suerte de un pueblo que vive la guerra civil día a día. Tres mil colombianos, quizás más, están secuestrados actualmente por la guerrilla y los paramilitares.

La tesis de Thomet es que París por motivos « de corazón” ha sobre reaccionado al secuestro de Ingrid a la par que tomaba iniciativas peligrosas, sin avisar de ello a Bogotá. La torpeza y la arrogancia francesa, asegura, no han hecho más que prolongar la detención de la rehén. El autor la “impericia” de los franceses por su intervención en este caso de la pareja Dominique de Villepin, entonces Ministro de Exteriores y de Daniel Parfait, ex embajador de Francia en Colombia. Le premier compartió los años mozos con Ingrid y su hermana Astrid en París, a principios de los 80, el segundo habría caído bajo el encanto de Astrid en Bogotá... Ingrid sería, por estos mismos lazos privilegiados una rehén mejor defendida que otros, particularmente la franco-colombiana Aída Duvaltier de quien acaban de confirmar su muerte (Libération 14 février). Quizá. Nos limitaremos a recordar que sin el caso Betancourt y la publicidad que se le ha dado, no se hablaría en absoluto, quizás, de los rehenes colombianos.

Su investigación es verdaderamente interesante cuando repite la rocambolesca y vana tentativa de recuperación de la rehén en la selva brasileña, en julio del 2.003 o cuando se centra en los yerros de la diplomacia francesa en Colombia.

Jacques Thomet conoce bien el país y su libro es un hervidero de informaciones. De tal perito, de tal fustigador de propaganda, uno hubiera esperado un tono más equilibrado y sobre todo un retrato menos convencional del presidente Uribe: ahora bien, en cuanto atañe “al ídolo de los colombianos” solo trata de éxitos y de pormenores que alimentan el mito de un jefe muy trabajador y consumidor de gotas homeopáticas. Ni una palabra siquiera, sin embargo, en cuanto a su dudosa indulgencia para con los paramilitares. ¿Los que empañan su imagen? .Unas ONG de “obediencia estaliniana”. Idéntico pudor en el controvertido plan de erradicación de la coca de parte de Estados Unidos, llamado Plan Colombia y evocado de paso, en un capítulo acerca de los mercados de venta de armas, perdidos por Francia debido a su posición en el caso Betancourt. Por estar escuchando tanto a los colombianos, quienes, verdad es decirlo, apoyan ampliamente la política dura de su Presidente, el periodista introduce, a veces, más pasión que oficio al cuando defiende el punto de vista de ellos.


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