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La semana pasada los corresponsales de los medias dominantes instalados en Colombia han facilitado la propaganda de la sediciente guerra contra la droga llevada a cabo por Washington en este país suramericano. Después de que murieron 29 militares, en el último mes, matados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el presidente Álvaro Uribe estaba decidido a mostrar a los colombianos y al mundo que su gobierno está llevando la ventaja en la guerra civil y en la guerra contra la droga. Sin embargo, para que su mensaje sea difundido de manera eficaz, Uribe necesitaba la colaboración de los medios internacionales. Sin problemas, todo lo que tenía que hacer era planificar una ofensiva antinarcóticos y pedir a los militares una vuelta para la prensa (junket) para transportar a los corresponsales extranjeros desde Bogotá hasta la zona de operaciones.
De manera inevitable, los así mimados periodistas citarían a los oficiales del ejército encargados de la operación presentarían de un modo favorable un aspecto del problema. El 19 de enero, el ejército colombiano arregló un paseo especial prensa con los periodistas de Reuters y de Associated Press para cubrir la erradicación manual de las matas de coca en el Parque Nacional La Macarena, en el sureste de Colombia. Los dos periodistas informaron del lanzamiento de la operación de manera complaciente aunque aparentemente no estuvieron de acuerdo sobre el número de las tropas implicadas (eran 3.000 soldados según AP y 1.500 soldados y policías según la versión de Reuters).
Al día siguiente, más de 50 publicaciones en el mundo, entre ellos muchos diarios estadounidenses dieron cuenta de los dos despachos de estas agencias. El título imparcial de Reuters era el siguiente: <>. El título de la versión AP mas bien parecía un comunicado del gobierno colombiano o de la embajada de estadounidense:<>. En estos dos artículos, en ningún momento, los militares que organizaron la vuelta para la prensa hacen la menor citación de los propósitos expresados por los campesinos sembradores de coca. Esto podría ayudar al lector a comprender en qué medida la operación afecta a los campesinos y sus familias y lo que estos últimos piensan de la operación militar. Tampoco en ningún momento se hace mención de las FARC explicando su punto de vista sobre la operación militar, que supuestamente apuntaba las fuentes de financiación de esta organización insurgente.
Las vueltas oficiales para la prensa (junkets) , organizadas regularmente por el gobierno colombiano y por la embajada estadounidense son un medio práctico para los corresponsales basados en Bogotá para visitar las lejanas regiones rurales afectadas por el conflicto interno. El problema, sin embargo, es que los periodistas son llevados para pasar algunas horas con los oficiales que les ofrecen un artículo pre-empacado. Inevitablemente la línea oficial es la que se impone en el relato de los hechos. Por su parte, el gobierno colombiano y la embajada de los Estados Unidos están perfectamente conscientes de la situación de dependencia total de los medios de comunicación dominantes a las fuentes oficiales.
Si las vueltas para la prensa (junkets) ofrecen un acceso rápido, cómodo y seguro a una noticia, debilitan la responsabilidad periodística que es la de investigar profundamente sobre un tema y evitar el depender de una fuente única. Aunque trabajar de modo independiente puede ser algunas veces peligroso en un país como Colombia, golpeado por un conflicto, la realidad es los periodistas instalados en este país de América del Sur son corresponsales de guerra y que tienen la responsabilidad de cubrir el conflicto de manera racional. Un artículo basado casi exclusivamente sobre unas horas de presentación oficial masticada no puede ser considerado como propio del periodismo. En efecto, no es nada más que propaganda oficial