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Hace ya cuatro años ...

23/02/2006 - L'Express... y toda la prensa

Hace ya cuatro años que Ingrid Betancourt está detenida por las FARC. La movilización no ceja y debe continuar: la libertad de una sola persona, es la libertad de todos

Hace ya 1.460 días y 1.460 noches que Ingrid Betancourt está detenida, con su amiga Clara Rojas, por los guerrilleros de las FARC en Colombia. ¿Estas cifras tienen aún algún sentido? ¿Pueden decir la inaguantable espera, la angustia de su familia, quien no tiene “pruebas de supervivencia” desde hace meses y que va de la esperanza a la decepción, de la decepción a la esperanza, sin bajar jamás los brazos, intentando cada día una nueva pista para movilizar un ministro, un diputado, un periodista?

En Colombia no reina la ley. En ese país desgarrado por la guerra civil, minado por el narcotráfico jalado de un lado por un gobierno intransigente y por el otro por revolucionarios de pacotilla reconvertidos en el comercio de hombres, mujeres y niños, sin lugar a la compasión. Desde hace cuatro años, la familia Betancourt reclama un acuerdo humanitario, un intercambio de prisioneros entre las dos partes. Sin éxito. Las autoridades francesas, los artistas, y ahora los diputados, intentan también hacer presión sobre el gobierno colombiano, antes de las próximas elecciones presidenciales. Hasta el momento en vano. En Francia, miles de personas reunidas en comités de apoyo se han movilizado también. Desfilan, manifiestan, lanzan balones, en fin hacen lo que pueden para recordar que esta joven mujer sigue prisionera, allá, en esta Colombia que ni siquiera conocen. Sería equivocación el juzgar esta solidaridad como ingenua, insignificante, inútil. Y esto por tres razones.

Primero porque sostener más y más a Ingrid Betancourt, aunque no sea más que recordar su nombre, escribirlo, repetirlo, es cultivar la esperanza. El olvido es peor que la detención. Florence Aubenas lo contó: saber que allá fuera, lejos de la oscuridad mortífera en la que la habían encerrado, gentes hablaban de ella, se preocupaban por ella, luchaban por ella, le fue esencial, vital. Mantener a toda costa ese cordón invisible que enlaza al rehén al mundo de los humanos, es contribuir a su supervivencia.

Además, porque Ingrid Betancourt posee la nacionalidad francesa, y que uno de los primeros deberes de nuestra democracia es la de no dejar jamás sin protección, sin asistencia, sin socorro a uno solo de sus ciudadanos. Y no podemos olvidar que Ingrid Betancourt precisamente estaba luchando por esos mismos valores, intentando valerosamente de aportar un poco de justicia y equidad a su otro país.

Finalmente, porque movilizarse por los rehenes colombianos, es rechazar el ver tratar a los hombres como mercancías u objetos de transacción. Es afirmar que en nuestro mundo civilizado, cada individuo cuenta, cada vida es preciosa, cada ser humano es la humanidad. Es en suma reconocer esta idea bien simple: la libertad de una sola persona, es la libertad de todos.


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