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Colombia entró en una nueva fase de escalamiento de la guerra interna que aleja la posibilidad de abrir un diálogo de paz en 2007 con las insurgentes FARC, empeñadas en demostrar su capacidad ofensiva, afirmaron politólogos.
Los expertos Marco Romero y Vicente Torrijos coincidieron en que una negociación de paz en el corto plazo es improbable, por el endurecimiento de posiciones en el gobierno y en las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
"El 2007 arrancará con una lógica marcada por la guerra, que hace difícil un proceso de paz" con la principal y más antigua guerrilla colombiana, dijo Romero, politólogo de la Universidad Nacional, la principal del país andino.
Recordó que el gobierno del presidente Alvaro Uribe Vélez "ha dicho que mantendrá la ofensiva militar" contra los grupos armados ilegales, mientras las FARC "han comenzado a responder con ataques a esa estrategia, lo que llevará a escalar la guerra".
El también director de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes) consideró, sin embargo, que tarde o temprano terminará imponiéndose la negociación sobre la solución militar al conflicto y las partes deberán sentarse a la mesa.
A juicio del experto en resolución de conflictos armados, el presidente Uribe Vélez tendrá que replantear su modelo de guerra frontal contra la insurgencia y optar por el diálogo, ante la improbabilidad de derrotar a las FARC en el campo militar.
"Si Uribe no replantea su modelo, tendrá dificultades para la gobernabilidad, porque su gestión, basada en la política de "Seguridad Democrática" (guerra total contra la insurgencia), dejará de tener aceptación si no hay resultados", advirtió.
Uribe Vélez, reelegido en mayo pasado para un segundo periodo consecutivo, tiene claro que su estrategia militar debe conducir en 2007 a la captura de los máximos jefes de las FARC, lo cual no ha logrado hasta el momento.
Por este motivo, el mandatario busca nuevos recursos para financiar su guerra contrainsurgente mediante un nuevo impuesto al patrimonio, que le permitirá contar con unos tres mil 600 millones de dólares para gastos de seguridad.
Como parte de la ofensiva militar, el Ejecutivo colombiano se propone también reestructurar los órganos de inteligencia, modernizar las Fuerzas Armadas y reforzar los patrullajes en las áreas fronterizas, con fuerte presencia de los grupos irregulares.
Torrijos, por su parte, pronosticó el inicio de una nueva fase del conflicto armado interno a partir de 2007, en la cual las FARC buscarán mostrar fuerza y capacidad militar.
El especialista sostuvo que la primera señal de esa nueva etapa la dio el grupo insurgente con el reciente ataque al cuartel policial de Tierradentro, antiguo bastión paramilitar ubicado en el noroeste del país, en el cual murieron 17 uniformados.
"Sencillamente la guerrilla quiere mostrar que conserva su capacidad ofensiva y que cualquier nueva aproximación al diálogo se hará desde una posición auténtica de fuerza", subrayó el politólogo de la Universidad del Rosario de Bogotá.
Dijo que los últimos ataques rebeldes, que llevaron al Ejecutivo a suspender los acercamientos con las FARC para lograr la liberación de los secuestrados, "no sólo son una respuesta a la ofensiva oficial, sino la necesidad imperiosa de mostrar la fuerza".
En octubre pasado, Uribe Vélez canceló los contactos que adelantaba su gobierno con las FARC para canjear los secuestrados por rebeldes en prisión, y ordenó intensificar la guerra contra las redes urbanas de la insurgencia en todo el país.
La decisión del gobernante fue anunciada tras el atentado explosivo contra la Universidad Militar de Bogotá, que dejó 25 heridos, entre estudiantes y soldados, el cual fue atribuido por el mandatario a las FARC.
La organización rebelde, con unos 15 mil hombres en sus filas, acusó entonces al jefe de Estado de utilizar el atentado con coche bomba como "pretexto" para congelar el intercambio humanitario y darle un nuevo impulso a la guerra contrainsurgente.