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Otra Navidad sin Ingrid

25/12/2005 - El Universal (Mexico), San Jose Mercury News, La Opinion Digital, Terra

Yolanda Pulecio, madre de Ingrid Betancourt, hace tres años que no celebra la Navidad en su apartamento de Bogotá, y éste no va a ser una excepción. La casa ya no se llena de hijas, nietos y yernos, y ya nadie adorna, pero Ingrid está presente en cada rincón. En la entrada, una imagen con su actual marido preside la mesa de fotos familiares; en la librería, delante de tomos de política y novelas de actualidad, los profundos ojos oscuros de Ingrid miran desde cada estantería.

"¿A mí qué ilusión me va a dar si esta casa era llena todas las Navidades? Papá Noel, el pesebre, el árbol de Navidad", dice Yolanda pausadamente, en un tono triste pero con la fortaleza que le ha caracterizado durante los mil 390 días que lleva secuestrada su hija.

La Navidad tiene para esta familia doble significado, pues Ingrid cumple 44 años el próximo 25 de diciembre; por eso su madre y su actual marido, Juan Carlos Lecompte, se van a París a pasar la Navidad con el resto de la familia que vive allá, incluidos los hijos del primer matrimonio de Ingrid: Melanie y Lorenzo.

Para ambos el viaje a Europa es un pequeño oasis en la cruzada que emprendieron el 23 de febrero de 2002, cuando Ingrid fue secuestrada por las FARC en la carretera que conduce a San Vicente del Caguán, donde se llevaron a cabo las conversaciones de paz. Apenas dos días antes se había roto la negociación entre el grupo guerrillero y el presidente Andrés Pastrana, e Ingrid decidió viajar allá, pues las elecciones a la alcaldía las había ganado un miembro de su partido.

En aquel momento la madre y el marido de Ingrid no sospechaban que este iba a ser uno de los secuestros más largos de la historia de Colombia, ni sabían que la ex candidata se iba a convertir en "canjeable", siniestro término que denomina a los 60 políticos y miembros de las fuerzas del orden secuestrados por las FARC y a los que pretenden intercambiar por guerrilleros presos.

Desde entonces Yolanda y Juan Carlos han dado la batalla, como muchos otros colombianos, para que el presidente Álvaro Uribe concrete un acuerdo humanitario: durante tres años se han escuchado propuestas de lado y lado sin que ninguna haya logrado realmente avanzar; sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde.

"Se ha abierto una puerta que espero que no nos vaya a defraudar. El presidente está como menos duro y quiere hacer una estrategia para buscar el encuentro rápido con la guerrilla", asegura Yolanda, con la esperanza de que el 2006 sea el año que le traiga a su hija de vuelta.

Desde que Uribe subió al poder, Juan Carlos Lecompte advirtió que no iba a ver a Ingrid mientras durara el mandato; nunca pensó que probablemente éste se extendería por cuatro años más. Sin embargo, él tiene una estrategia: "Mi misión en el 2006 es colocar el intercambio humanitario como el punto más trascendente de esta campaña". Juan Carlos se refiere a las elecciones presidenciales de mayo de 2006 y que dan a Uribe como ganador seguro.

"Tenemos una única oportunidad, y es que la opinión pública le mande el mensaje a Uribe de que para reelegirlo tiene que hacer el intercambio; si no lo hace ahora, yo no lo veo haciéndolo una vez reelegido".

Uribe ha cedido en la última de las condiciones que las FARC impusieron para el intercambio: hará el despeje militar en la zona de negociación, que la guerrilla exige.

Hasta el momento sólo ha habido dos pruebas de vida: dos videos divulgados cinco y 18 meses después del secuestro; desde entonces, nada. En el último, Ingrid hacía uno de los discursos más audaces que se le conocen a secuestrado alguno, pidiendo al gobierno que asumiera su responsabilidad, especialmente con los miembros de las Fuerzas Armadas en cautiverio. Además le mandaba un mensaje a su madre: que rezara el rosario todos los sábados a las 12. Yolanda nunca ha faltado a la cita: "Es una comunicación permanente que tengo con Ingrid".

Tanto Yolanda como Juan Carlos agradecen enormemente la presión internacional que ha convertido a Ingrid en la cara de todos los secuestrados colombianos y tienen la convicción de que volverá sana y salva y, tal vez, más fuerte que nunca. "Cuando Ingrid salga va a hacer partido y medio", asegura su madre.

Su marido, por su parte, tiene además otras preocupaciones: "Cuando nos volvamos a encontrar, seremos dos personas cambiadas y ojalá que lo podamos superar y que sigamos juntos. Yo la estoy esperando".


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