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La Navidad de Íngrid Betancourt

24/12/2004 - El Tiempo, le Courrier International

Florence Thomas
MENSAJE PARA ELLAS Y ELLOS

En estos días de natividad y de los albores de un nuevo año, pienso con frecuencia en Íngrid Betancourt y en todas y todos los secuestrados, pero en Íngrid sobre todo, talvez porque tuve la oportunidad de entrevistarla algunas semanas antes de su secuestro; talvez porque es mujer y esto me permite hacerme preguntas relativas a su situación actual de colombiana privada de libertad; talvez porque, en este sentido, para mí, ella representa un paradigma de todas las personas secuestradas.

Es a través de ella que puedo pensar en todos y todas. Es a través de ella que puedo hacerme preguntas acerca de sus vidas y sus sueños; es a través de ella que me pregunto cómo enfrentan el invierno, el frío y esta humedad que atraviesa los huesos y el alma. Es a través de ella que me pregunto cómo ha respondido el cuerpo a las privaciones, a una dieta repetitiva y demasiado restringida, a las enfermedades que con toda seguridad se han aprovechado de estas situaciones límite; cómo sobrevive el espíritu frente a la incertidumbre de cada mañana y a los días de un calendario que no tiene ni diciembre, ni año nuevo; cómo resiste el alma cuando se siente abandonada, cuando no recibe ecos del afuera, voces de humanidad detrás del muro de silencio tanto de un gobierno sordo como de una sociedad civil que parecería bajar los brazos -aun cuando sé que no es cierto porque conozco el trabajo incansable de algunas organizaciones de mujeres en relación con un posible acuerdo humanitario-.

Y siguen las preguntas:

¿cómo es el recorrido de los fantasmas o de los sueños cuando uno es privado de la libertad?

¿Cómo late el corazón cuando ya uno no tiene la posibilidad de gritar ni de rebelarse?

¿Cómo se reprimen las ganas de abrazar los seres amados?

¿Cómo se calman estos deseos de volver a sentir el dulce peso del cuerpo del otro, de la otra, sobre el suyo propio, estos deseos de lentas caricias y de locas palabras de un amor que todo lo cura?

¿Cómo se refrenan estas ansias de un cuerpo erotizado?

¿Qué sabor tienen las lágrimas cuando la sal de la vida las abandona?

¿Qué color tiene la noche cuando crece el olvido de los días de libertad?

Íngrid, mujeres secuestradas, hombres secuestrados, resistan y fantaseen porque son las únicas armas que nadie les podrá quitar jamás porque, como lo dijo Ernesto Sábato, la resistencia es el lugar donde habita la esperanza. Las mujeres lo saben, pues la resistencia les permitió sobrevivir a 5.000 años de esclavitud. Es aquella resistencia ancestral que las mujeres hemos opuesto a la opresión que nos otorga hoy una autoridad incuestionable.

Mujeres y hombres secuestrados, no dejen de resistir y transformen la resistencia y los sueños en fuente de su respiración, en alimentos del cuerpo y del alma, y sepan que, a pesar del silencio que los rodea, muchos y muchas de nosotras estamos a su lado, tal vez más que nunca en este mes de diciembre, mes de los abrazos, de los encuentros, mes que celebra el nacimiento de una religión de amor cuyo mensaje fue distorsionado por una Iglesia de poder y de jerarquías; mes en que quisiéramos mandar el frenesí mercantil al infierno para concentrarnos en las dimensiones realmente esenciales de la vida como son los sueños y la libertad.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad


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