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Triste número símbolo. Hoy se cumplen 1.500 días de cautiverio, desde que la franco-colombiana Íngrid Betancourt y su colaboradora Clara Rojas fueron capturadas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Las dos mujeres fueron secuestradas el 23 de febrero del 2002, en plena campaña electoral por la presidencia en la que Íngrid Betancourt se presentaba en cabeza del partido ecologista, Oxígeno.
Desde eso y gracias a su popularidad internacional, ella se ha convertido en el símbolo de un país en donde la guerra civil entre las FARC y el gobierno apoyado por las milicias paramilitares, han hecho decenas de miles de muertos y secuestrados. De esta manera, ella ha favorecido un retorno del interés mediático y diplomático por la crisis.
Algunos países europeos, en primer lugar Francia, en donde Íngrid Betancourt tenía lazos de amistad con numerosos dirigentes, han intentado implicarse en la organización de negociaciones entre las FARC y el gobierno colombiano. Pero han tropezado con la intransigencia de las partes en conflicto. Las FARC que detendrían un millar de secuestrados, buscan intercambiarlos por la liberación de sus hombres encarcelados por el poder. Exigen la creación de una zona desmilitarizada para negociar. Frente a éstas, el presidente Uribe, quien se hizo elegir en el 2002 con un programa de lucha sin tregua contra la guerrilla, rechaza toda concesión. Una política que le ha asegurado su popularidad y que debería facilitarle su reelección en mayo próximo.
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