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Hoy salgo de Fusagasugá con el peso cada vez más grande de la responsabilidad que va creciendo con cada paso que me voy acercando al centro del país.
Hacia las 2:30 de la tarde inicié mi recorrido con el apoyo y la calidez que he encontrado en la gente que encuentro a mi paso, que me saluda emocionada y me hacen saber que no estoy solo en la búsqueda del Acuerdo Humanitario.
A veces me pregunto en qué momento sucedió todo esto. Pienso que he perdido mi libertad en función de la paz de todo pueblo colombiano, porque ya no dependo de mí, dependo de la gente, de cómo la sociedad me ve. Incluso no puedo transitar libremente, ya hay necesidad de un cordón de seguridad.
Todo son cositas que han hecho posible todo esto. A veces, cuando me recuesto, me pongo a reflexionar que yo ya no dependo de mí. Mis hijas ya me dicen que “hemos perdido a mi papito porque ya no es lo mismo, ya no tenemos tranquilidad ni privacidad…”.
Son cosas que en todo este tiempo han ido cambiando sustancialmente y que seguirán cambiando. Pero también recuerdo cuando desde un comienzo decidí abandonar mi trabajo, mi hogar, mi núcleo social porque estoy dispuesto hasta dar mi vida por el Acuerdo Humanitario.
Ese es mi destino…
Gustavo Moncayo