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El profesor Gustavo Moncayo, padre de un militar secuestrado por las FARC desde hace más de 10 años, propuso hoy crear dos mesas permanentes de trabajo de las que saldrían nuevas propuestas para un intercambio humanitario.
Las iniciativas de las mesas serán presentadas por Moncayo en una próxima reunión que sostendrá con el presidente colombiano Álvaro Uribe.
En la primera mesa tendrían asiento personalidades públicas que han manifestado su interés por trabajar en el intercambio humanitario, entre ellos representantes de la iglesia Católica, gobernadores y alcaldes.
"Invito a formar una mesa para el acuerdo humanitario al alcalde (de Bogotá) Luis Eduardo Garzón, a Alvaro Leyva, a monseñor Darío Echeverry, al gobernador del Valle (del Cauca) Angelino Garzón, al gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria y al alcalde (de Medellín) Sergio Fajardo", explicó Moncayo a periodistas.
En la segunda mesa estarían los familiares de los secuestrados y todos "aquellos que tengan pruebas de supervivencia de los suyos", remarcó el llamado "caminante por la paz".
Moncayo, igualmente, dijo que está a la espera que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) presenten pronto iniciativas que permitan avanzar hacia un acuerdo humanitario.
Subrayó que está dispuesto a reunirse con líderes guerrilleros, como "Rodrigo Granda", siempre y cuando las FARC autoricen al rebelde como vocero.
Agregó que la segunda fase de su gestión, que adelantará viviendo en la Plaza de Bolívar de Bogotá, consistirá en hacer presencia en universidades y otros centros de educación, asociaciones de abogados y en reunirse con personalidades de la vida civil con quienes discutirá las propuestas que surjan de la segunda mesa de diálogo.
El maestro de secundaria tiene un hijo en poder de las FARC, que lo secuestró hace más de 10 años, tras el ataque de ese grupo irregular a una base militar de telecomunicaciones en el cerro de Patascoy, Nariño.
El profesor Moncayo arribó el miércoles pasado a Bogotá tras 46 días de caminata desde su natal Sandoná, Nariño, a unos 910 kilómetros por carretera, en el extremo suroeste de Colombia, para promover un acuerdo humanitario que permita la liberación de su hijo y otros secuestrados.