La desconfianza y el intercambio humanitario
24/08/2005 - Terra Colombia, El Colombiano
Es cierto, hay importantes acercamientos entre las partes en torno al intercambio humanitario, pero subsiste un gran escollo: la desconfianza. El esfuerzo, entonces, se debe concentrar ahora en encontrar los mecanismos para superar este obstáculo.La verdad es que ni las Farc, ni el gobierno querían al principio sentarse a dialogar. Ni para cosas mayores como un acuerdo de paz, ni para aliviar los dolores de la confrontación que es el significado de los convenios humanitarios. Tenían el propósito de desatar durante un tiempo un pulso puramente militar. Por eso cada una de las partes ponía grandes condiciones para iniciar conversaciones.
Las Farc hablaban de despejar dos departamentos y empezar con una agenda abierta. El presidente Uribe decía que se debía empezar por un cese unilateral de hostilidades por parte de la guerrilla. Al tiempo se ponían en marcha acciones militares de gran alcance. El mismo acto de posesión del Presidente fue atacado con cargas explosivas que enviaron una escandalosa señal de guerra al mundo. Y el presidente Uribe desde la campaña electoral anunció una batalla continuada para derrotar a la insurgencia y ha realizado ingentes esfuerzos para conquistar este objetivo.
El tiempo ha pasado. Son tres años de este pulso militar y no existen resultados definitivos. La guerrilla ha perdido espacios e iniciativa, pero no ha sido derrotada.
El Presidente ha sido premiado con una alta popularidad por su persistencia en el propósito de conquistar la seguridad del país mediante la presión armada, pero ha comprendido que la victoria no es segura o al menos no está cercana.
La opinión a favor del intercambio humanitario ha crecido. En algunas encuestas ha llegado hasta el sesenta y tres por ciento. En Europa hay muchas voces que piden atender el clamor de las familias de los secuestrados, también en Estados Unidos algunos congresistas y líderes de opinión han empezado a presionar al gobierno colombiano y a la guerrilla para que encuentren un camino humanitario. Es esto lo que ha ido ablandando las posiciones de las partes.
El gobierno no exige ahora un cese de hostilidades y la guerrilla ha cedido en la pretensión de una gran zona de despeje. No hay especiales condiciones de lado y lado para sentarse a conversar. Se mantiene, eso sí, una discusión pública sobre el sitio y las condiciones de seguridad. En ese debate lo que se siente es la gran desconfianza que tienen las partes. La propuesta de un lado siempre es rechazada por el otro.
La desconfianza en todo caso no es gratuita. El gobierno trae siempre a cuento la utilización que hizo la guerrilla de la zona del Caguán, señala que las Farc aprovecha cualquier concesión territorial para engañar, apropiarse de territorios y extender su dominio. Las Farc, por su parte, señalan que cada vez que se hace un contacto con delegados extranjeros o nacionales sobre el canje, el gobierno está pendiente para identificar el lugar y para tratar de golpearlos militarmente.
A eso atribuyen el ataque al campamento de Urrao que terminó en la tragedia de la muerte de Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri, a eso atribuyen un ataque reciente en el Putumayo después de una conversación con un delegado del gobierno francés. Ambos lados creen que la contraparte los va a engañar irremediablemente.
Pero las víctimas de esta paranoia son los secuestrados, los prisioneros y todas sus familias. Por eso es necesario encontrar una fórmula que permita obviar la desconfianza.
La Iglesia y algunos generadores de opinión, han empezado a proponer que un tercero facilitador, de plena confianza de las partes, se encargue de tramitar, en absoluto secreto, un acuerdo de sitio y condiciones de seguridad y sólo cuando ese convenio se haya establecido en todos sus detalle se podría hacer público.
Esa sería la primera tarea que se debería realizar en el tiempo del "prediálogo" que ha propuesto monseñor Luis Augusto Castro y que ha aceptado el presidente Uribe.
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