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Tras varias contradicciones, el presidente Álvaro Uribe le afirmó el viernes a Yolanda Pulecio que, esta vez, el ofrecimiento de negociar con las Farc un acuerdo humanitario va en serio.
El martes pasado, el presidente Álvaro Uribe recibió a Yolanda Pulecio, la madre de la ex candidata a la Presidencia Íngrid Betancourt. Podría haber sido el punto de partida para normalizar las diferencias con las familias de los secuestrados sobre el acuerdo humanitario. Pero no fue así. Aunque ese mismo día hubo euforia por el anuncio oficial de dar vía libre a una negociación con las Farc, la realidad es otra. Tal y como lo señala el editorial de El Tiempo del viernes anterior, "no hay derecho a dar unas declaraciones tan ambiguas, que de alguna manera juegan con los más sensibles de los sentimientos de quienes por tantos años tienen a un ser querido secuestrado por las Farc".
¿Cuál fue el propósito del presidente Uribe de alborotar estas ilusiones? Hay quienes creen que fue por adelantarse a la respuesta del procurador Edgardo Maya a la petición que le hicieron los familiares de los secuestrados de respaldarlos para adelantar las gestiones que permitan la libertad de sus seres queridos. La propuesta de que sea Maya quien lidere el intercambio no debió haberle gustado para nada a Uribe y así lo dejó entrever a puerta cerrada en la reunión. "Presidente le traemos el derecho de petición que le hicimos llegar al Procurador para que usted lo conozca", le dijo Yolanda Pulecio. "Señoras. No quiero saber nada de eso. Es que el que manda aquí soy yo y no deseo conocer el contenido de esa petición", le respondió furioso Uribe a la madre de Ingrid Betancourt y a Patricia Perdomo, hija de la ex representante a la Cámara Consuelo de Perdomo, también en poder de las Farc desde hace más de tres años, quien trató de calmar los ánimos del primer mandatario. Mientras Uribe se retiró por un instante para bajar la tensión, el comisionado de paz, Luis Carlos Restrepo, les advirtió a las dos mujeres que era mejor que ese tema no se lo volvieran a mencionar. Y así fue.
El esfuerzo de estas madres, en nombre de todos los familiares, no se podía echar por la borda. Por fin, después de tres meses de solicitud, podían hablar cara a cara con el Presidente y saber de una vez por todas si contaban con él para lograr la libertad de los secuestrados. "Yo quiero que me perdone Presidente. Voy a ser franca y vengo a decirle de frente lo mismo que le digo a la prensa. Usted no ha tenido ningún interés por el acuerdo humanitario y me dolió mucho que el 20 de julio no tocara el tema del secuestro, que debía ser prioritario de su gobierno", le dijo Yolanda Pulecio. Ya en un tono pausado, Uribe señaló que su gobierno estaba dispuesto a iniciar las conversaciones con las Farc en cualquier sitio, en el día y la hora que la guerrilla estableciera. Con unas condiciones de seguridad que les den confianza. Con un acompañamiento nacional o internacional que consideren adecuado y de forma inmediata. "Si quiere, hágaselo saber a la prensa", dijo Uribe. "No soy yo quien debe comunicar su posición, Presidente. Por favor no más bla, bla, bla. Perdóneme, pero hay momentos en que lo he odiado tanto, que he tenido que ir a confesarme", le dijo Yolanda Pulecio. "Ay Yolanda... yo si no sé odiar", le contestó Uribe. "Yo tampoco sabía, pero usted me enseñó", le dijo ella.
Aunque sus diferencias eran cada vez más marcadas, era inevitable que tenían que estar unidos en torno al tema. Para el Presidente no haber podido sacar adelante el acuerdo humanitario ha representado un desgaste gigantesco para su gobierno y cada día siente más la presión internacional y de las madres y familiares de los secuestrados por lograr un derecho humano sagrado: el de la libertad. Por eso se veía obligado a pronunciarse. Una gran marcha por la libertad y la vida iba a recorrer las calles de Neiva al día siguiente y un gesto del Presidente a favor de un intercambio podría alimentar la esperanza de miles de familias colombianas.
"Yo les mandé una propuesta a las Farc sobre el acuerdo humanitario. La mandamos por una fuente segura que no les puedo decir", les dijo Restrepo. Las dos mujeres se miraron sorprendidas. "Yo quiero verla -dijo Yolanda, mirando a Uribe-. Yo creo que esa fuente que usted dice que es segura, es pésima Presidente, porque jamás llegó a manos de las Farc. Démela a mí y yo se la hago llegar a la guerrilla", le propuso.
Al final llegaron a un acuerdo. Después de dos tensas horas, sorpresivamente el comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, anunció la disposición del gobierno de reunirse con las Farc. La prensa nacional y los titulares internacionales registraron la noticia como el gran giro que había dado el presidente Uribe frente al acuerdo humanitario. Pero en realidad no había nada nuevo. En los tres años de su mandato, la posición del gobierno ha sido la misma: no desmilitarizar ninguna zona del país, liberación de todos los secuestrados, la promesa de que los guerrilleros que sean dejados en libertad no vuelvan a delinquir y el acompañamiento de Naciones Unidas. También ha propuesto que las dos partes, Farc y gobierno, se reúnan en cualquier iglesia o sede diplomática, y en diciembre pasado les concedió el indulto a 23 guerrilleros en un gesto unilateral para impulsar el acuerdo humanitario, pero no tuvo ningún efecto.
La ilusión de los familiares se fue desvaneciendo a medida que pasaban las horas. El pesimismo volvió a apoderarse de las madres cansadas de rogarles al gobierno y a la guerrilla por la libertad de sus hijos. Y las críticas se fueron sintiendo en los medios de comunicación y en las reuniones políticas. "Yo no sé por qué se alimentó la esperanza de una gente injustamente. El gobierno no se ha movido un centímetro. No ha cambiado su posición. Francamente no sé qué pasó", le dijo a SEMANA el senador liberal Germán Vargas Lleras.
Por su parte, el ex procurador Jaime Bernal Cuéllar, quien en los últimos meses ha hecho causa común con los familiares de los secuestrados, fue más reflexivo. Considera que siguen las puertas abiertas para un encuentro inmediato entre el gobierno y la guerrilla, sin condicionamientos. "Hay que construir una confianza entre las partes. El procurador Maya puede impulsar ese acuerdo y ayudar a crear esa confianza para lograr que se sienten a la mesa e iniciar un prediálogo pensando sólo en la libertad de los secuestrados sin sabor político", le dijo a SEMANA.
Pero mientras los críticos del intercambio consideran que la posición del presidente Uribe obedece a una estrategia para "no quedar mal parado" en el escenario político, las ONG , la Iglesia y los gobiernos extranjeros consideran que hay que escuchar el "clamor de la sociedad civil" y "garantizar de una vez por todas este acto humanitario". Y en una reunión efectuada en Madrid, el ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y su colega suiza, Micheline Calmy-Rey, aceptaron la propuesta de Uribe y destacaron que la seguridad y la confianza podrían ser garantizadas por una presencia internacional. Francia, cuyo gobierno ha sido particularmente activo en el tema por la doble ciudadanía francesa de Íngrid Betancourt, les pidió a las Farc que acepten sentarse a la mesa de negociación.
Las últimas declaraciones de monseñor Darío Castrillón, hoy alto jerarca del Vaticano, revivieron las esperanzas de un acuerdo que conduzca a acercar a las partes y buscarle una salida a esta tragedia humanitaria. Castrillón reveló que mantuvo encuentros en Europa con guerrilleros que no descartan la posibilidad de dialogar con el gobierno del presidente Uribe. "Ellos ven en el Presidente una posibilidad de llegar a unos caminos negociados, a unos caminos más claros. Y cuando se refirió al presidente Álvaro Uribe, fue mucho más comprensivo."Uribe no hace promesas por encima de las posibilidades del país, tampoco mata esperanzas".
Y como si lo hubiera escuchado, a última hora del viernes, el comisionado Restrepo llamó a Yolanda Pulecio para informarle que iba a hacer pública una carta en la que aclaraba que "el Presidente está dispuesto a todo". Explicó que acepta como gesto humanitario de las Farc la liberación que en días pasados hizo de un soldado en Putumayo, y que su interés de hacer el acuerdo humanitario de inmediato era sincero. Falta que la guerrilla crea en sus palabras, y que los dos, gobierno y Farc, demuestren por fin con hechos que les importa más la vida de los secuestrados que sus cálculos políticos.