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“Mi hija querida, pienso en ti todos los días”. El 20 de febrero a la una de la mañana, tres días antes de que se cumpliera el tercer aniversario del secuestro de Ingrid Betancourt, ex candidata a la presidencia de Colombia, a manos de las FARC, Yolanda Pulencio, su madre, le mandaba este mensaje de ánimo a su hija desde los estudios de Radio Caracol, en Colombia.
Si su mensaje fue escuchado o no, es toda una incógnita. Pero algo de esperanza habrá si el programa Las voces del secuestro, desde el que Yolanda lanzó sus palabras, lleva ya once años en antena (y sin publicidad) y ha difundido más de 100.000 mensajes. Desde allí, y cada sábado de madrugada, Herbin Hoyos, conductor del espacio y, por cierto, también ex-rehén, acerca las palabras de amigos y familiares a los 3.000 secuestrados del país, tanto por los rebeldes como por los paramilitares.
Ingrid Betancourt es una heroína en Francia. La presidenta del Partido Verde Oxígeno tiene la doble nacionalidad, pero su fama en el país galo se debe, sobre todo, a los 500.000 ejemplares que lleva vendido de su último libro La rabia en el corazón. Desde hace unas semanas su retrato cuelga en un gran cartel del Ayuntamiento de París. Se suceden los actos de apoyo en varias ciudades europeas. Sin embargo, Marelby Agattón, portavoz del Partido Verde asegura que “la familia no está más animada, cuanto más pasa el tiempo las cosas se complican, pero ellos, como nosotros, no dejamos de trabajar un solo día”.
Y es que Ingrid es una mujer sin pelos en la lengua. Durante la campaña por la presidencia, se propuso luchar para conseguir ‘limpiar’ de corruptos su país: acusó al actual presidente colombiano, Álvaro Uribe, de relaciones con el narcotráfico, abogó por un diálogo con las FARC, se propuso acabar con el neoliberalismo, y quiso reformar la justicia y el Congreso. “La corrupción la tenemos que liquidar en Colombia y la tenemos que liquidar porque está liquidando el país”, afirmó en uno de sus discursos. Sin embargo, la ‘Juana de Arco criolla’ se ha convertido en “una piedra en el zapato de Uribe”, asegura su marido Juan Carlos Lecompte.
Todo esto ha provocado una crisis entre Francia y Colombia. La familia se ha empeñado en desestimar a Uribe, acusándolo de no hacer nada por conseguir su liberación, y aseguran que únicamente la mediación del Gobierno de Chirac con las FARC sería efectiva. De hecho, ya ha habido intentos. El embajador colombiano en París, Michel Gómez, ha reconocido que “ha habido contactos con algunos jefes de la guerrilla”, más concretamente con el número dos de las FARC, Raúl Reyes. Por su parte, Álvaro Uribe denuncia la ‘doble moral’ de los países europeos que, por un lado, se niegan a negociar con los rebeldes iraquíes, pero presionan a Colombia para que negocie con los grupos terroristas del país.
Acuerdo humanitario
Pero, ¿en qué consiste esa negociación? ¿por qué es tan difícil llegar a un acuerdo entre ambas partes para la liberación de los rehenes políticos?
Según el último comunicado de las FARC, piden tres condiciones. Su premisa principal es el intercambio de sesenta rehenes a cambio de la excarcelación de 500 rebeldes presos, incluidos tres ‘figuras’ de la organización: Simón Trinidad, y la comandante Sonia, ambos extraditados a Washington, donde serán juzgados, entre otras cosas por narcotráfico; y Rodrigo Granda, al que algunos apuntan como uno de los enlaces del Gobierno de Francia con los guerrilleros, y al que el propio Uribe acusó de planear el secuestro de Cecilia Cubas, hija del ex presidente paraguayo Raúl Cubas (que por cierto, apareció muerta el pasado día 16 de febrero). También piden la desmilitarización de dos municipios del Valle del Cauca (Pradera y Florida) para poder construir y firmar el acuerdo. Y finalmente una petición política: el reconocimiento de las FARC como organización política revolucionaria, para desligarse del resto de grupos paramilitares.
Desde el Partido Verde Oxígeno ven las cosas muy complicadas. Y es que Uribe no va a ceder, es un acuerdo imposible de llevarse a cabo según la justicia colombiana. Incluso sería difícil poner en práctica una ley de amnistía, debido a que muchos de los detenidos cumplen penas por otros delitos como el narcotráfico o asesinato. Así, el Gobierno colombiano sigue con la política de ‘mano dura’. Es cierto que en diciembre Uribe propuso no extraditar a Simón Trinidad si la guerrilla liberaba a 63 rehenes. No hubo liberación.
¿Los últimos en mover pieza? Las FARC. En los tres años de secuestro de Ingrid Betancourt, sólo ha habido dos vídeos (uno en julio de 2002 y otro en agosto de 2003) con imágenes de la ex candidata, y hace sólo unos días el secretario general de la guerrilla, afirmó en un cuestionario que le mandó el diario francés Le Figaro por Internet, que la ex candidata se encontraba “en buen estado de salud”.