|
||||||
La guerrilla de las FARC continuaba este fin de semana los combates con el Ejército en una estratégica zona montañosa del suroeste de Colombia, en su mayor demostración de fuerza en poco más de dos años y medio de gobierno del presidente Alvaro Uribe. Los enfrentamientos, que se iniciaron el 14 de abril cuando los rebeldes atacaron el municipio de Toribío (600 km al suroeste de Bogotá), prosiguieron la noche del sábado y madrugada del domingo en los alrededores de esa localidad, de población indígena.
La cúpula de las Fuerzas Militares viajó este domingo a la región, ubicada en el departamento de Cauca, a fin de mostrar que el Ejército está recuperando el territorio; aunque el avance de las tropas aún es contenido por las minas antipersonales sembradas por los rebeldes. "La situación está retornando a la normalidad. Naturalmente estos bandidos (insurgentes) han dejado campos minados y francotiradores. Por eso hay un trabajo cuidadoso. Vamos a sacarlos de aquí", dijo el comandante de las Fuerzas Militares, general Carlos Ospina, durante un recorrido por la zona.
El ministro del Interior y Justicia, Sabas Pretelt, dijo que las FARC "no tienen control de ningún territorio", pero la guerrilla asegura todo lo contrario. En un comunicado divulgado este domingo en su página de internet, las FARC dicen haber causado la muerte de 19 efectivos de la Fuerza Pública y heridas a otros 26 en los combates que estallaron hace diez días.
También afirma que derribó un helicóptero militar y averió otros siete, mientras que -añade la insurgencia- en sus filas se han registrado sólo cinco heridos.
El Ejército sostiene que las FARC han sufrido bajas, pero aún no revelan cifras. Según reportes extraoficiales, los combates, que además de Toribío se han librado en los municipios de Jambaló y Tacueyó, dejaron más de una veintena de muertos, entre rebeldes y miembros de la fuerza pública, además de un niño.
Este domingo, el Ejército señaló que cuatro guerrilleros murieron en los municipios de Caloto y Patía, en Cauca, y la policía dijo haber capturado a 17 rebeldes que se desplazaban del vecino departamento de Nariño -fronterizo con Ecuador- a esa región para apoyar a los rebeldes en combate.
Mientras tanto, miles de indígenas se refugian en albergues, donde reciben ayuda humanitaria de entidades de Naciones Unidas y la Cruz Roja Internacional, que sin embargo resulta insuficiente.
Unos 5.000 indígenas se han desplazado a sitios más seguros. Pero, aseguran, no dejarán sus territorios. "Por más fuertes que sean los combate no nos van a sacar", manifestó un dirigente aborigen.
Para el alcalde de Toribío, Arquímedes Vitonás, la zona es escenario de guerra por tres razones: es un corredor estratégico, las FARC quieren deslegitimar la política de seguridad del gobierno y los indígenas son protagonistas de un movimiento de resistencia civil. "Es un corredor estratégico que permite la comunicación entre vastas zonas selváticas del sur y el Océano Pacífico. Por esa salida al mar los guerrilleros pueden llevar drogas y regresar con armas", dijo el comandante operativo de la Policía Nacional, general Alberto Ruiz.
Igualmente, el consultor en defensa y seguridad, John Marulanda, consideró que las FARC buscan "mantener bajo su dominio y control un corredor estratégico que arranca desde la selva en las fronteras entre Ecuador, Perú y Colombia y que llega al Pacífico".
"Esta región les permite continuar exportando cocaína, cultivando la planta y, debido a la debilidad de la frontera al lado ecuatoriano, tener un colchón de amortiguamiento: Tienen ahí cómo recuperarse, protegerse y reabastecerse", agregó.
El analista León Valencia estimó que las acciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) "muestran que sus estructuras fundamentales están intactas".
A su juicio, el presidente "no debe estar tranquilo con esta situación": "El, más que nadie, sabe que estos hechos, aparentemente aislados, son un aguijonazo al corazón de su política de seguridad".