Los paramilitares

La denominación de los grupos paramilitares debe partir de una primera caracterización. De acuerdo con E. Pizarro son fuerzas irregulares, estructuradas, con un mando central y con funciones explícitas. Su presencia es más frecuente en países con estados débiles como Salvador, Guatemala, Perú y Colombia, pero nuestro país -a diferencia de los mencionados- ha establecido una política de favorabilidad soterrada en la medida en que fueron legales, factor que les proporcionó mayor autonomía y menor dependencia de los mandos militares.

Su origen se halla en Puerto Boyacá hacia 1882, en las fuerzas creadas por Pablo Guarín bajo el nombre de ACDEGAM, que son consideradas como la primera expresión reciente de este fenómeno. En una primera etapa, los paramilitares se definen como “grupos de autodefensa regional financiados por terratenientes y políticos locales cansados de los excesos criminales de la guerrilla” (Pizarro: 2002, 121).

En 1994 durante la I Conferencia Nacional se conformaron como AUUC bajo la iniciativa de Carlos Castaño y en 1997 adquirieron unidad nacional bajo el nombre de Autodefensas Unidas de Colombia -AUC-. Para el año 2002 habían alcanzado presencia en 28 departamentos a través de 22 grupos armados. Se conciben a sí mismos como grupos de contrainsurgencia no delincuencial aunque también representan una tendencia populista de extrema derecha.

Con respecto a su desarrollo existen tres visiones: a) son la prolongación de los barones de la droga y recurren a métodos brutales para resolver los conflictos, b) fueron instrumento de las fuerzas armadas oficiales en la lucha contrainsurgente y c) son la herramienta creada por los terratenientes para la expansión de tierras, el debilitamiento del movimiento campesino y la restauración del orden local. Sus objetivos iniciales serían restaurar el statu quo y la acumulación de bienes, sin embargo, desde otra mirada, estos grupos habrían surgido como una respuesta militar al auge de las negociaciones de paz entre el Gobierno de Andrés Pastrana y las FARC, y la ola de democratización que ésta supondría.

En 2003, el analista Mauricio Romero utilizó la expresión “empresarios de la coerción” para explicar este fenómeno, entendido como un conjunto de individuos especializados en la administración, despliegue y uso de la violencia organizada que se ofrece a cambio de dinero u otro tipo de valores.

En esta comprensión, Romero sostiene que el paramilitarismo es una respuesta de las élites locales conservadoras debido al aumento de la competencia electoral, que se combinan con los narcotraficantes para realizar actividades ilegales con una violencia desproporcionada y que también actúan en consonancia con éstos para aumentar las propiedades de tierra cultivables bajo su propiedad, donde alrededor de cuatro millones de hectáreas habrían sido tomadas con este mecanismo.

Bajo la precisión de ser “empresarios de la coerción”, su lógica de acción tendería a conformar “mercados de violencia”, un campo de actividad caracterizado por sus objetivos económicos, cuyo distintivo son el trueque, el robo, los rescates, la economía de la protección, donde cada actor dispone de un número de opciones básicas desde el robo hasta el intercambio comercial.

Frente al Estado, su caracterización ha sido ambigua a causa de su debilidad manifiesta y el desdoblamiento de los bloques de la guerrilla.

En el proceso de diálogo con los paramilitares adelantado por el Gobierno de Uribe Vélez se han desmovilizado 32.000 hombres y 17.000 armas han sido entregadas. Según Nuevo Arco Iris, subsisten alrededor de 10.000 hombres armados mientras que los cálculos de hace un año eran tan sólo de 3.000. Por su parte, la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación habla de bandas "disidentes, rearmadas y emergentes" .

Fuentes:

Pizarro León-Gómez, Eduardo. Una democracia asediada. Ed. Norma. Colombia: marzo de 2004.

Salazar, Hernando. ¿Desaparecieron los paramilitares? Artículo publicado en www.bbcmundo.com el 19 de junio de 2008

 

 

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