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Apenas
unas horas después de que el presidente Álvaro Uribe
desautorizara la mediación del presidente Hugo Chávez y de la
senadora Piedad Córdoba para buscar la liberación de algunos
secuestrados en Colombia, ya se estaba organizando una protesta
en París para pedirle al Gobierno colombiano reconsiderar su
decisión. Nuevamente por la Ciudad Luz volvieron a desfilar la
bandera tricolor, la fotografía de Íngrid Betancourt y se
escucharon proclamas por su libertad.
Los protagonistas de esta movilización fueron ciudadanos
europeos, franceses en su mayoría, que se han solidarizado con
el drama de los secuestrados colombianos, pero que no conocen a
las víctimas ni mucho menos al país que sirve de escenario a
un conflicto que no entienden, pero que apoyan desde la
distancia.
Muchos de estos europeos se habían movilizado hace una semana,
para alentar el encuentro entre el presidente de Venezuela, Hugo
Chávez, y su homólogo de Francia, Nicolás Sarkozy. Cerca de
1.500 personas se agolparon en el famoso Teatro Zenith, el
domingo 18 de noviembre, para presenciar un concierto en el que
más de 30 artistas entonaron sus canciones para pedir un
acuerdo humanitario.
El concierto fue el epílogo de una marcha que contó con algo más
de cien personas entre las que estaban el alcalde de París,
Bertrand Delanoe; el presidente del Consejo Regional de
Ile-de-France, Jean-Pierre Huchon; el escritor Marek Alter y la
teniente de alcalde de París, Anne Hidalgo, además de algunos
ediles y diputados.
Pocas veces estas movilizaciones de ciudadanos europeos se
conocen en Colombia. Esta vez, la noticia llegó al país porque
se trataba de una coyuntura especial: el encuentro de Sarkozy-Chávez
y luego la desautorización de Uribe a los mediadores, pero casi
todas las semanas hay eventos en diversos lugares del mundo que
piden por Íngrid y los demás secuestrados colombianos.
Detrás de estos eventos está la Federación Internacional de
Comités Íngrid Betancourt, que reacciona en tiempo récord
para organizarlos. La historia de esta organización empezó el
Día de la Mujer de 2001. Ese 8 de marzo, Armand Burguet,
consultor en temas de educación para colegios y universidades
en Bélgica, orientó a sus alumnos para desarrollar una página
web con los perfiles de mujeres líderes en el mundo. Algún día
había leído sobre la lucha contra la corrupción que lideraba
la ex congresista colombiana y quedó tan impresionado con su
historia que alentó a los estudiantes a desarrollar su trabajo
en torno a ella.
Un año después Armand y sus alumnos recibieron una avalancha
de correos. La protagonista de su trabajo acababa de ser
secuestrada y decenas de personas reclamaban información sobre
Íngrid. “El 22 de febrero de 2002 llegaron 80 correos de
personas que preguntaban qué podían hacer por ella”,
recuerda el profesor Burguet.
Eso lo obligó a buscar datos y fuentes en Colombia. Tardó
varias semanas en lograr contactos con la familia Betancourt
Pulecio, pero pronto inició una red de apoyo vía correo electrónico.
Lo primero que hizo fue encontrarse con Melanie Delloye, la hija
de Íngrid, en el Palacio de Borbón, sede de la Asamblea
Nacional de Francia, donde ella hizo una presentación el 21 de
noviembre de 2002. De allí en adelante siguieron trabajando
juntos, hasta que un par de meses después pudo ir a Colombia.
Ese primer viaje lo hizo con varios alcaldes entre los que
estaban los de Estocolmo y Hannover. Fueron recibidos por el
vicepresidente Francisco Santos y monseñor Pedro Rubiano. Se
entrevistaron con familiares de secuestrados y desaparecidos.
Poco a poco se enteró de la situación de conflicto colombiano
y se interesó por las desigualdades sociales, por el drama de
los desplazados, por los casi 3.000 secuestrados, por las
masacres de los paramilitares, por la persecución a los
defensores de derechos humanos y sindicalistas.
Al mismo tiempo, la red que creó había crecido tanto que tuvo
que crear la Federación Internacional de Comités Íngrid
Betancourt, de la que hoy hacen parte 65 organizaciones en
Francia, Bélgica, Canadá, Suiza, Australia y Noruega, entre
otros. Estos comités están compuestos por voluntarios que
donan su trabajo por una causa ajena, pidiendo la liberación de
una mujer que no conocen, en un país que muchos ni siquiera
saben dónde queda.
Así, en estos casi seis años de cautiverio de Íngrid, cientos
de personas en el mundo portan camisetas con la foto de la política
colombo francesa, pidiendo la liberación de los secuestrados en
Colombia, llevan su foto a sitios tan lejanos como los montes
Kilimanjaro y Everest, organizan festivales, caminatas,
protestas, recogen firmas.
En ese empeño por mostrar la realidad de Colombia, Burguet se
encontró con académicos y defensores de derechos humanos en
diversos sitios del planeta. Una de esas alianzas se logró con
la Universidad belga de Lovaina, una de las más prestigiosas de
Europa. Allí se unió el profesor Matthieu de Nanteuil,
licenciado en Filosofía, con doctorado en Sociología del
trabajo y de las organizaciones.
El punto de partida fue una jornada de solidaridad con Colombia
y Birmania, que movilizó a estudiantes de colegios y
universidades de Bélgica. Las caras de esta jornada que se
desarrolló el 13 de febrero de 2006 fueron Íngrid Betancourt y
Aung San Suu, premio Nobel de Paz, encarcelada por el gobierno
de Birmania.
A partir de allí, no han parado. Cada semana hay eventos en
favor de los secuestrados colombianos en algún lugar de Europa
o Canadá. Y cada aniversario del plagio de Íngrid se la
recuerda con marchas y manifestaciones, junto a los demás
colombianos en cautiverio.
En octubre del año pasado la Federación organizó una exposición
en la sede de la Comisión Europea, en Bruselas, llamada
“Colombia: ¡Libertad para todos!”, que constaba de 16
paneles con fotos y textos que presentaban un panorama global de
las víctimas del conflicto en Colombia, pero el gobierno de
Colombia se incomodó por una sección en la que se hablaba de
los crímenes de los grupos paramilitares y agentes del Estado.
Con presión diplomática sobre la Comisión, hicieron quitar
esos paneles de la muestra que se exhibía en el edificio
Charlemagne.
Aun así la exposición fue un éxito. Lograron que la Comisaria
europea de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, quien
apadrinó la exposición, se pronunciara de manera oficial en
pro de un acuerdo humanitario entre el Gobierno colombiano y las
Farc. Los comités organizaron cinco versiones de la muestra y
desde hace un año, se exhibe en diferentes alcaldías y
universidades de Europa.
Su campaña ha calado tanto, que ya son 1.900 los municipios,
localidades o regiones en diferentes partes del mundo que han
declarado a Íngrid como ciudadana de honor. Otros han ido más
lejos. En Francia, un pequeño pueblo llamado Eyglayes, renombró
su plaza principal para bautizarla Íngrid Betancourt. El
alcalde Jacques Laurent decidió crear allí una dirección
postal para que todo aquel que esté interesado en escribirle
una carta a un secuestrado colombiano pueda hacerla llegar a ese
código postal.
Los académicos belgas, Burguet y Nanteuil, han visitado
Colombia en varias oportunidades. Viven conectados con
diferentes organizaciones de derechos humanos y asociaciones de
víctimas y hace menos de un mes volvieron para lanzar una
plataforma electrónica llamada Colpaz, que pretende hacer
visibles otras problemáticas que produce el conflicto armado,
en una página de internet (www.colpaz.org).
El pasado fin de semana, durante el concierto en París, una de
las figuras centrales fue Renaud, un reconocido cantante francés,
que compuso una canción Dans la jungla para pedir la liberación
de los secuestrados. Ya fue traducida al español por el
argentino Melingo y se titula En la selva. La composición
describe a una mujer maniatada, amordazada y su coro, bastante
pegajoso, reza: Te esperamos Íngrid, pensamos en ti y no
seremos libres hasta que estés aquí… Tu nombre es un grito y
un canto de amor. Es la alternativa que le queda al acuerdo
humanitario.
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