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Es condenable la privación de la libertad de quienes han querido, con su esfuerzo, contribuir con la paz, la equidad y la democracia de un país. Se trata de ciudadanos con derechos de participación libre, plena y activa como cualquier otra ciudadana o ciudadano en el mundo. Los involucrados en el conflicto colombiano deben entender que no es posible entablar una negociación política si sea usa a rehenes como moneda de cambio. La vida de un ser humano no tiene precio ni se puede negociar con ella. Muchas veces me he preguntado cuántas vidas han de perderse para alcanzar una paz firme y duradera en Colombia, cuánta sangre ha de correr… Por ello, insto a las partes a cesar sus acciones bélicas y a privilegiar el diálogo como la mejor herramienta para alcanzar acuerdos. Hago un llamado a la reflexión, pues el pueblo colombiano merece una vida digna y justa. Los que estamos comprometidos con la paz y la justicia queremos abrazar a quienes hace muchos tiempo están ausentes. Por ello, pido la liberación de Ingrid Betancourt y de todos aquellos que se encuentran secuestrados en Colombia. Evitemos la violencia, que el diálogo sea nuestra insignia y hagamos del consenso para alcanzar la paz nuestro objetivo.
Ciudad de Mexico, a 08 de marzo de 2004
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