El pasado lunes 5 de mayo, el
presidente colombiano Alvaro Uribe ha tomado la responsabilidad de
intentar una operación militar en un campo controlado por las FARC, con
el objetivo de liberar los rehenes que detienen. Esta operación no
sólo concluyó en un fracaso, pero además provocó el asesinato de 10
rehenes por parte de sus raptores.
La familia de Ingrid Betancourt
condena enérgicamente el salvajismo con el cual estos inocentes han
perdido brutalmente sus vidas. Sin embargo, recuerda que siempre ha
combatido con mucha firmeza la intervención militar destinada a
reconquistar los territorios donde se encuentran los rehenes en manos de
las FARC. En realidad, la solución armada hace correr riesgos vitales a
los secuestrados, como nos lo han recordado trágicamente los eventos de
esta semana.
Es, dicho sea de paso, la posición
que hemos mantenido desde el mes de agosto del 2002, cuando nos opusimos
formalmente a este tipo de escenario que ya había sido contemplado por
la administración del Presidente Uribe para liberar a Ingrid.
El tiempo apremia. Mucho tiempo ha
sido perdido durante los últimos meses. Cada quien sabe que en el marco
de la negociación de un acuerdo humanitario, sólo las dos partes
pueden actuar. Las condiciones de apertura de estas negociaciones son
conocidas, y esto desde hace más de tres meses. Las FARC piden que las
negociaciones se hagan en territorio colombiano, por miembros oficiales
de la administración Uribe y que la comunidad internacional participe
como testigo y garante de las condiciones de seguridad de estas
discusiones.
Francia, a través del Sr. Dominique
de Villepin, ha propuesto sus servicios en este marco, desde el mes de
noviembre del 2002, durante su visita oficial a Colombia.
El 28 de abril pasado, las FARC han
nombrado sus tres negociadores, sólo falta que el Presidente Uribe
nombre sus representantes para que puedan ser discutidas las condiciones
de la apertura de estas negociaciones.
Qué esperamos? Que los unos
envíen escuadores armados y que los otros respondan con una barbarie?
Cuántas víctimas inocentes más habrá que llorar para que un diálogo
surja?
Llegó la hora de negociar. Las
condiciones pueden reunirse rápidamente.
Hacemos un llamado a cada una de
las partes a compartir un espíritu de responsabilidad. Pedimos que
finalmente se sienten alrededor de una mesa, la vida de los rehenes
depende de ello.